Inmaculada Concepción

Datos principales


Autor

Francisco de Zurbarán

Fecha

s.f.

Estilo

Barroco Español

Material

Oleo sobre lienzo

Dimensiones

174 x 138 cm.

Museo

Museo Diocesano Sigüenza

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La virginidad de María constituye el misterio y el dogma de la Inmaculada Concepción, negado por los protestantes. Los católicos hicieron por esta razón mucho hincapié en destacar este rasgo de la Virgen, por lo que los cuadros dedicados a la Inmaculada Concepción fueron especialmente abundantes durante el Barroco inmediatamente posterior al Concilio de Trento y la Reforma Católica. Zurbarán se hizo eco de las normas que Pacheco dictaba para la correcta interpretación de la figura, que raramente llevaba túnica blanca, sino que solía ser rosa. El manto azul era otra de sus características. La Virgen debía ser una niña de doce ó trece años, con cabellos rubios sueltos sobre sus hombros, coronada con doce estrellas y en pie sobre un cuarto de luna. Sus atributos de la letanía la rodean en el cielo y se camuflan hábilmente en el paisaje que Zurbarán pretende hacer pasar por el retrato de Sevilla. Así, el barco que fondea en el puerto sevillano no sólo es una muestra de la actividad mercantil de la urbe, sino que simboliza la carabela del Socorro a los Navegantes, uno de los atributos de la Virgen. Otros muchos atributos aparecen como parte del paisaje: la fuente, el pozo, el cedro, el ciprés, la ciudad amurallada, la torre, la palmera... todos complejos símbolos que definen las virtudes de María. Al mismo tiempo, entre las nubes del cielo aparecen otros muchos: el espejo de la fe, la escala de Jacob, la puerta del cielo, la estrella... La abundancia de estos complejos signos de lectura teológica hace que la imagen tenga dos posibles visiones para el fiel: la del manifiesto doctrinal extremadamente complejo y sólo descifrable para unos pocos entendidos. Y la de la imagen devocional, que muestra una María hermosa e infantil, que despierta el fervor de los más sencillos.

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