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Datos principales


Tipo

Táctica

Categoría

Terrestre

Desarrollo


En 1864 el suizo Henri Dunand, horrorizado ante la visión de los sufrimientos de los heridos en la batalla de Solferino, decidió crear una organización que pudiese paliar los efectos de las guerras sobre los individuos, cuidándose de heridos, mutilados y enfermos. Su bandera, la bandera de Suiza con los colores invertidos, fue reconocida en la Primera Guerra Mundial (1914-18) como símbolo de los hospitales y el personal sanitario, siendo generalmente, como ocurrirá durante la Segunda Guerra, respetado. La organización tiene secciones en la mayoría de los países.En el mundo musulmán su símbolo es una media luna de color igualmente rojo. La mayoría de sus recursos provienen de la suscripción voluntaria de sus integrantes. Las secciones nacionales de cada país destinaron hospitales y personal médico y sanitario a todos los frentes; algunos equipos, también, se dedicaron a suministrar a los convalecientes bienes como tabaco, libros, papel para escribir cartas, etc. La acción más importante de la Cruz Roja durante la II Guerra fue la de interntar velar por la protección de los prisioneros de guerra. La Convención de Ginebra precisó algunos principios con el objetivo de garantizar la seguridad y el buen trato de los soldados capturados en combate, cuya supervisión fue llevada a cabo por miembros de la Cruz Roja, generalmente ciudadanos de la neutral Suiza. Las potencias beligerantes, excepto la URSS, debían notificar el nombre y número de registro de cada soldado apresado a la oficina central de la Cruz Roja en Suiza, información que ésta transmitía a sus países de origen.

La operación duraba con frecuencia varios meses. No sólo los soldados, sino también los civiles internado en campos fueron acogidos, si ello era posible, bajo los cuidados de la Cruz Roja. El hecho de que la URSS no reconociese a esta organización jugó un papel muy negativo en contra de sus propios soldados y ciudadanos, seis millones de los cuales murieron en manos del enemigo. En el mismo sentido, este no reconocimiento hizo que las autoridades soviéticas pudieran disponer de los prisioneros del Eje a su antojo, sin dar cuentas a nadie. Tampoco pudieron beneficiarse de los servicios de la Cruz Roja los prisioneros de los campos de concentración, considerados por los nazis como un asunto interno de Alemania. Sólo a partir de comienzos de 1945 la organización internacional pudo hacerse cargo de algunos de los supervivientes, pudiendo trasladarles a países neutrales.

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