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Datos principales


Rango

Edad Moderna

Desarrollo


Hasta ahora se ha venido tratando de las honras por una reina y las lamentaciones por su pérdida, ejemplificadas en el poema de Calderón y Villoslada, pero llegados a este punto cabe plantearse cuál fuel el papel de las mujeres en este tipo de celebraciones. La participación de las féminas en las honras celebradas en Burgos quedaba restringida a su asistencia a los oficios litúrgicos, oficio de vísperas, misa de honras y sermón, ya que el silencio documental parece excluir su presencia formando parte de los cortejos en las procesiones cívico-religiosas que tenían lugar durante las honras fúnebres reales. Signo propio de una sociedad estamental era el lugar reservado a las "damas principales" en el templo catedralicio, acorde a su rango y condición. Pero a pesar de sus vínculos con los miembros de los grupos dominantes de la ciudad -política, social y económicamente- tenían reservado un papel secundario en estas manifestaciones de exaltación de la monarquía, aunque desde un puesto más destacado que el resto de la sociedad presente en el homenaje y despedida de sus soberanos. No estaban representadas como grupo dentro del esquema del tejido social urbano que conformaba el cortejo de honras, aunque se viesen identificadas con alguno de ellos, como mujer, hermana, madre, etc, de los participantes destacados. Gráfico Se ha podido constatar que la participación de la mujer en las honras reales presenta notables diferencias de unas ciudades a otras.

En Salamanca, como en Burgos, debían asistir a los actos litúrgicos, algo que para algunos hombres, caso del autor de la relación de las honras salmantinas de la reina Isabel de Borbón, Luis Félix de Lancina y Ulloa (46) no era conveniente. Recurría a la antigüedad clásica para fundamentar su argumentación, a la tradición romana que prohibía tajantemente la asistencia de sus nobles matronas a las celebraciones fúnebres. Además, la observación le había hecho caer en la cuenta de que los "sobradamente embarazosos trajes de algunas damas", eran poco recomendables para asistir a estos actos junto a la multitud apiñada en el templo, por el riesgo que corrían los tejidos y las damas que los llevaban, sometidas a empujones y apreturas poco convenientes a su condición, "a la reverencia de su ser". En Barcelona sí debían participar en el acompañamiento y disponían de una gradería para las damas y señoras, de la que se les privó en las honras de la reina Mariana de Austria al suprimir dicho acompañamiento (47). En las honras de la ciudad de Lima (48) por Felipe III, para evitar que el espacio catedralicio fuese invadido por el "común", el arzobispo amenazó con pena de excomunión mayor, especialmente dirigida a las mujeres que estaban totalmente excluidas de la celebración. En cambio desde mediados del siglo XVII las esposas y otras mujeres de sus familias acompañaban a las primeras autoridades en el momento de recibir el pésame de las instituciones civiles, religiosas y militares (49) . Dependiendo de la condición social de la mujer, del grupo al que perteneciese, podía tener un papel participativo mayor dentro del mundo femenino, pero en líneas generales parece que estuvo relegada a un segundo plano en este tipo de celebraciones.

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