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¿Cómo sabemos los relatos de la historia azteca? La pregunta puede ser contestada diciendo que las fuentes que informan conviene clasificarlas en dos grandes grupos: las indígenas y las españolas. En cada una de ellas hay que hacer los necesarios distingos. Las indígenas pueden ser prehispánicas o confeccionadas en tiempo de la dominación española, ya con caracteres latinos, pero en lengua náhuatl. Las primeras son las que llamamos códices. Son pictografías con rudimentos de escritura, ya que muchas veces unas imágenes no persiguen ilustrar, sino que pueden ser leídas diciendo las palabras de las figuras. Así una montaña (para lo cual tenían un signo establecido), que en azteca es tepetl, con un águila sobre ella (Quauhtli), será el modo de indicar que se trata del lugar de Quauhtepec. Adiestrados en las escuelas españolas -especialmente por los franciscanos- muchos indios escribieron correctamente en caracteres latinos, usando el sistema establecido por los misioneros de la correspondencia de los sonidos de la lengua azteca con los signos del alfabeto. Aparecen en pleitos -como en el caso de D. Fernando de Alva Ixtlilxochitl, descendiente de los reyes de Texcoco- o para narrar la propia historia de un pueblo (tribu) o de una localidad, como el caso de la llamada Historia Tolteca-chichimeca, de Quauhtinchan, escrita con caracteres latinos y en la que las pictografías son ilustrativas. Las fuentes españolas aún presentan también dos clases: aquéllas que -en menor número- buscan informantes de un modo activo, se hacen escribir los viejos himnos y procuran captar la totalidad de la herencia india, llegando incluso a escribirse en lengua azteca. El ejemplo más característico es el del franciscano Bernardino de Sahagún, con su Historia de las cosas de la Nueva España. E1 segundo tipo es el que tomando informes de los naturales o poniendo en castellano sus antiguas crónicas -sabidas de memoria por los ancianos y antiguos sacerdotes- escribieron historias, como el franciscano fray Toribio de Benavente o Motolinia y el dominico fray Diego Durán. Como vemos, entre las fuentes indígenas y las españolas existe siempre el puente o punto de contacto de las indo-hispanas y las hispano-indias.

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