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Datos principales


Rango

Almohades

Desarrollo


El movimiento almohade fue fundado por el bereber Muhammad ibn Tumart, nacido en el anti-Atlas magrebí hacia 1080, quien probablemente en 1117 empezó a reaccionar contra lo que él consideraba relajación religiosa de los almorávides. Perseguido por éstos, se hizo fuerte, desde 1123, en Tinmmal, al sur de Marrakech, con sus seguidores, titulándose Mahdi, y consolidó antes de su muerte, en 1130, su característica doctrina rigurosa en el unitarismo divino y tan sobria inicialmente como eran sus costumbres bereberes no-urbanas, doctrina que adquirió plena dimensión política al lograr sus seguidores conquistar territorios y llegar a sustituir a la dinastía almorávide en el Magreb y al-Andalus en 1145-1146.Los califas almohades de al-Andalus fueron nueve e impusieron su poder sobre el Sur peninsular durante 84 años, de 1145-6 a 1232, cuando acabaron sustituidos por las terceras taifas, reunificadas por el sultanato de los Nazaríes de Granada, el último al-Andalus (1232-1492). En el Norte de África, los almohades fueron sustituidos por tres sultanatos: el de los Hafsíes en Túnez, el de los Zayyaníes en Tremecén y el de los Benimerines en el Magreb Occidental; los Benimerines tomaron la capital almohade de Marrakech en 1268 y, al año siguiente, aniquilaron su último reducto de Tinmal.Desde 1120 a 1268 en el Magreb, y desde 1145 a 1232 en al-Andalus, tres etapas distintas marcan diferencias en casi todas las manifestaciones del período almohade: primero, la fundación y consolidación de su doctrina y su Imperio, hasta la muerte del primer califa Abd al-Mumin (1163); segundo, su apogeo, durante los califatos de Abu Yaqub y Abu Yusuf (1163-1199), algo prolongado hasta 1212; y luego, la decadencia.

En general, la férrea organización doctrinal y administrativa de esta dinastía, que, al extenderse en sus mejores tiempos desde la Tripolitania hasta el centro de la Península Ibérica, comunicó además amplias zonas y recursos, propició una brillantez cultural y una grandiosidad artística, en cuanto la cultura almohade dejó atrás el marco bereber estricto, y se enriqueció con los elementos de la alta cultura urbana andalusí.El califato almohade, junto con el califato omeya, representan las cimas de la titulación político-religiosa en al-Andalus, y en este sentido, acierta D. Urvoy al expresar que "fue el poder bereber quien, permitiendo remontar la crisis moral y social, procuró las condiciones para el completo desarrollo del pensamiento". Un pensamiento filosófico que es símbolo del esplendor cultural andalusí-almohade, acompañado por el orden gubernativo, el esfuerzo militar que logra la última gran victoria musulmana en la Península (Alarcos, 1190), aunque caiga en picado tras la derrota de Las Navas de Tolosa (1212). Y, también, buen engranaje en el comercio mediterráneo, como manifiestan diversos tratados con potencias italianas, hasta que en el siglo XIII se produzca un cambio de la situación anterior que hizo perder protagonismo a la iniciativa comercial andalusí y magrebí, en la cual hay que buscar una de las causas del declive musulmán al iniciarse la Baja Edad Media.

Otra de las razones del declive y del retroceso territorial, que se vuelve imparable en al-Andalus tras la grave derrota de Las Navas de Tolosa, reside en una de las características que fue, en sus mejores tiempos, timbre de gloria de los almohades: su condición de socorredores militares de al-Andalus. Precisamente, el hecho de que no se reclutaran ejércitos suficientemente numerosos formados por andalusíes, sino que se recurriera a traer combatientes del Norte de África, acabó produciendo ese carácter poco militarizado evidente en la sociedad de al-Andalus que, cuando sin apoyos del Magreb (todavía en ayuda de los Nazaríes de Granada vendrán los Benimerines) le dejarán a merced de las treguas costosas con los reinos cristianos, o a merced de sus conquistas progresivas.En ambos aspectos: protagonismo andalusí en el comercio mediterráneo y protagonismo combatiente en la Península Ibérica, los almohades representan la última gran baza de los musulmanes del Occidente islámico, antes de que el peso de sus relaciones con la Cristiandad se incline definitivamente en su contra.

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