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Datos principales


Rango

China2

Desarrollo


Se puede establecer el estudio de la tradición y la innovación de la porcelana Ming a través del análisis de los diferentes tipos cerámicos y, dentro de ello, siguiendo pormenorizadamente la producción realizada bajo los diecisiete emperadores de la dinastía. El tipo cerámico Azul y Blanco es, sin duda, el que ha caracterizado la porcelana Ming. Continúa la tradición heredada de los Yuan, ampliando sus posibilidades técnicas y decorativas. La producción de estas piezas se realizó en los hornos de Jaozhu y Jingdezhen, iniciándose a partir del siglo XVI una clara diferenciación en cuanto a formas y decoración entre la producción imperial y aquella destinada a la exportación (kraak, swatow, ko-sornetsuke...). En sus comienzos, se continuó utilizando el azul cobalto de exportación, combinándose en ocasiones con el azul nativo, dada la dificultad de conseguir el color extranjero a causa del cierre de algunos puertos por los avatares de la guerra. A partir del reinado de Xuande (1426-1453), se utilizó únicamente el azul nativo, compuesto de óxido de manganeso y por ello más expuesto a la aparición de manchas oscuras en la cocción. Coincidiendo con el cambio de pigmento, con Xuande se definió el estilo que caracterizaría a las piezas Azul y Blanco de esta dinastía, siempre guardando cada reinado sus características. Las tonalidades del azul nativo variarían desde el azul más intenso y limpio a tonos más oscuros debidos a los procesos de cocción.

La pasta blanca sobre la que se aplicaban los pigmentos mantuvo su calidad y limpieza, donde resaltaron los motivos decorativos en azul. Es precisamente en el cambio de motivos decorativos y de formas donde se pueden analizar las modificaciones de los diferentes reinados. Se abandonaron definitivamente las formas con bordes polilobulados que tanto recordaban a la dinastía extranjera, prefiriendo sólidas formas bien definidas en todas sus partes (boca, cuello, hombros, pies...). El tamaño nunca influiría en la calidad: desde pequeños cuencos para el té, ánforas, servicios de mesa, hasta los más característicos del siglo XVII (asociados al mundo de los letrados: pinceles, cajas de escritorio...), todo estuvo realizado y pensado con el máximo cuidado de calidad técnica.

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