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Renacimiento5

Desarrollo


Antes de analizar las grandes obras realizadas para los Gonzaga, hay que recordar la extraordinaria cultura de la corte en la que se integró Mantegna. En este aspecto siempre se cita la excursión arqueológica que realizó, en octubre de 1464, al lago de Garda, con otros miembros de la corte. Estos eran Giovanni Antenone, arquitecto, los humanistas Felice Feliciano y Samuele da Tradate y el erudito arqueólogo Marcanova, recopilador de restos epigráficos. Buscaron inscripciones romanas, recordaron a Marco Aurelio, se coronaron de flores a la manera antigua y se llamaron unos a otros en latín Imperatur consul, etc. Todo esto lo relató Feliciano, uno de los participantes, también epigrafista y arqueólogo, en una obra conocida como "Jubilatio". El humanismo arqueológico que demuestra se puso de manifiesto en la obra de Mantegna, que fue, además, coleccionista de antigüedades. Entre todas las obras que realizó para los Gonzaga hay dos especiales que, además, sólo se pueden explicar en el contexto de una corte como aquella. La primera fue la decoración de la Cámara de los Esposos, en el palacio, que parece que en principio tuvo una función de sala de música o para colecciones. Fue acabada hacia 1474 y lo que se representa en las pinturas es, en uno de los muros, el anuncio a Ludovico de que su hijo Francesco Gonzaga había sido nombrado cardenal y, en el otro, la llegada de Francesco a Mantua para tomar posesión del título.

El acontecimiento merecía ser conmemorado pues para estas grandes familias el que uno de sus miembros entrara a formar parte de la cúpula eclesiástica suponía un espaldarazo definitivo a su prestigio y su poder. Mantegna adoptó la posición del cronista para relatamos el hecho mediante un magnífico retrato colectivo de la corte en dos momentos claves de su acontecer. Ha desaparecido la tradicional composición de la pintura al fresco (aun que Mantegna también emplea el temple) a base de bandas o como cuadros a distintas alturas. Aquí una sola escena aparece en cada uno de los muros, consiguiendo eso que luego Leonardo defenderá, que es el que la escena se conciba a la medida de una única altura: la del ojo del espectador. Las arquitecturas que pintó Mantegna para escenario de sus personajes parecen prolongar la arquitectura real de la sala, incluso, en el caso de la escena del anuncio, el forzado desnivel a que obliga la chimenea de la sala se salva en la pintura con una escalera por la que suben los personajes de la corte. En el caso de la escena de la llegada del cardenal, ésta se presenta como si la estuviéramos viendo a través de una loggia, ese tipo de galerías tan caro a la arquitectura de las villas. Por detrás de los personajes, un único paisaje -en el que aparece Roma, puesto que el cardenal viene de allí- da unidad a la escena. Es como si la habitación se abriera a la naturaleza y ese convertir lo que no es real en algo que parece serlo es uno de los logros de Mantegna en esta sala.

Hay un sentido narrativo en este gran retrato de corte que se muestra por ejemplo en la naturalidad con que se representa a Ludovico volviéndose hacia el servidor que le trae la noticia, hay también una influencia flamenca y veneciana en el retrato y, por lo que se refiere a los retratos de la familia Gonzaga, es de un realismo que le lleva a no disimular ninguno de sus rasgos, lo cual se ha interpretado como si se tratara de un elemento emblemático, pues esos rasgos pueden no ser bellos, pero son los que distinguen a esa familia del resto de los hombres. Los distintos miembros de corte y, entre éstos, el propia Mantegna que se autorretrató, aparecen en los muros de la sala. Pero hay en esta sala otras imágenes que asocian el prestigio y el poder de esta familia a la idea misma de poder heredada de la Antigüedad y por lo tanto con una validez universal. Se trata de la decoración de la bóveda. En ella, además del óculo central, que finge romper la arquitectura para dejar ver el cielo, Mantegna pintó una decoración que imita bajorrelieves antiguos, como si fueran medallones con bustos de los emperadores romanos. El modelo de la Antigüedad utilizado para justificar el modelo del presente, encarnado por el principe nuovo, encuentra en esta sala un admirable ejemplo. Precisamente la admiración despertada desde el momento mismo de su conclusión explica la necesidad que estas cortes tuvieron de artistas capaces de perpetuar el poder y el prestigio del gobernante para la historia.

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