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Datos principales


Rango

Reinos Hispanos

Desarrollo


Con Fernando I, un número importante de objetos de diferentes materias -marfil y artes del metal- presentan unas formas que constituyen la ruptura con la tradición hispánica, introduciendo la manera de hacer en la Europa otoniana y románica. El Cristo de marfil, en la actualidad en el Museo Arqueológico de Madrid, es la primera imagen de bulto redondo que responde a la iconografía y plástica románicas. Como las antiguas creaciones de la tipología, sigue disponiendo en su cuerpo un espacio para relicario. Los apóstoles bajo arcadas que decoran el Arca de reliquias de San Pelayo y San Juan, son obras de marfil del mismo núcleo leonés que, aunque de distinta mano, responden al mismo sentimiento de plástica románica. De los contactos con los orfebres metalúrgicos renanos surgió el artista que fabrica el relicario con escenas del Génesis para San Isidoro, conocido desde 1065. El altorrelieve de las figuras nos recuerda los bronces de las puertas de Hildesheim. Durante el último tercio del XI, en San Millán de la Cogolla, existe un importante taller de artistas del marfil que crea un grupo de relieves para decorar dos cajas de reliquias, la de San Millán y San Felices. De manos diferentes, las figuras que componen sus escenas responden a la plástica de la escultura monumental coetánea. La obra en metal más importante del tardorrománico hispano es la posible urna funeraria de Santo Domingo de Silos.

Compuesta por dos piezas: una, seguramente la tapa, de cobre grabado, barnizado y dorado; la otra, el frente, en cobre esmaltado, con figuras de cabezas en altorrelieve. El esmalte es de una asombrosa calidad cromática: los consabidos colores planos de los esmaltes, de tonalidades frías -azul intenso, turquesas y verdes-, yuxtaponiéndose unos con otros; y la utilización escasa del rojo y el blanco. La aplicación técnica del esmalte se define como un procedimiento mixto, ya que emplea indistintamente el tabicado y el excavado. La figura de Cristo que preside el colegio apostólico adquiere, pese a no tener más que la cabeza en relieve, una sensación de imagen dotada de una grandeza monumental propia de las imágenes antiguas. Los especialistas consideran que la obra fue realizada en un taller ubicado en el mismo monasterio.

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