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Datos principales


Rango

Bronce

Desarrollo


En el tiempo del primer Stonehenge monumental (período III a), los grupos humanos de la región atraviesan por la fase cultural del campaniforme tardío. Las gentes del campaniforme fueron las pioneras de la industria del bronce en Gran Bretaña, y en la mayor parte de las regiones europeas. Su dispersión en oleadas; humanas o tan sólo ideológicas, por todo el Continente es, quizás, la única concesión de la Prehistoria actual al factor del movimiento físico de los pueblos. La enseña de los campaniformes consiste en una clase muy especial de vasija en forma de campana invertida, decorada con incisiones en bandas horizontales repletas de variados motivos geométricos (espigas, triángulos rellenos de trazos oblicuos, rombos, etc.). Son arqueros y guerreros. Sus tumbas individuales contienen placas rectangulares de piedra perforadas, que sirvieron de protección de la muñeca en el uso del arco; puntas de flecha de sílex; hojas de cuchillos y dagas de metal (de cobre, fundamentalmente); hachas de piedra de batalla; y algún objeto pequeño de auténtico bronce. En Gran Bretaña, los porteadores de la cerámica campaniforme dan muestras de un refinamiento especial en la selección de los objetos del ajuar. A sus tumbas llevaron exquisitos ejemplares de sus vajillas, hachas de combate pulidas, de bordes delineados o biselados, botones cónicos de ámbar negro (el azabache), brazaletes de bronce, brazaletes de los de arquero, pero con ribetes de oro, discos (o fáleras) de oro que se coserían a las prendas, pendientes asimismo de oro, etc.

La orfebrería del campaniforme se expresa en formulismos muy sencillos: el puntillado, o el repujado practicado desde la parte trasera de la lámina; la decoración de las joyas campaniformes es igualmente sencilla: simples láminas paralelas o hileras de puntos. Los pendientes son particularmente atractivos. Muestra de esta clase de adorno, los ejemplares de Boltby Scar (Yorkshire), del Museo Británico. Se les denomina pendientes en forma de cesto, por su particular modo de doblar la lámina y sujetarse con una fina tira que pende de un lateral. A juzgar por la escogida selección de piezas de ajuar que los campaniformes más ricos llevaron a su propia tumba, se diría que entre ellos latía en ciernes ese espíritu de competencia que embarga a la sociedad de la Edad de Bronce Plena. El vaso campaniforme es, incluso, una pieza de prestigio; especialmente, si ésta no pertenece a la serie común, e imitable, sino que lleva la impronta de una mano artesana de calidad. Símbolos de poder son igualmente las hachas de metal (que hasta llegaron a imitarse en piedra). Las hachas de bronce -coinciden los prehistoriadores- no sólo sirvieron para talar árboles, u otros menesteres parecidos, sino que fueron objetos de regalo apreciadísimos. Por ello, algunas de las hachas son delicadas obras de arte; por ello también la Edad de Bronce produjo tantas hachas; y por ello, en fin, las hachas son símbolos sociales. La sociedad en los últimos campaniformes es una sociedad de cambio. Se encamina hacia un modelo en el que destaca una cúpula social que, presumiblemente, gracias a su activismo en la economía del metal, da muestras de enriquecimiento. Las obras de arte que terminan en sus tumbas así lo hacen creer. En este contexto cultural se sitúa la transformación de Stonehenge. Por encima de todo, el Stonehenge reconvertido es el más llamativo ejemplo de un poder secular, con aires de grandeza, capaz de reunir a consumados arquitectos y a una fuerza humana sin precedentes.

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