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Datos principales


Rango

Eco-Soc XVI

Desarrollo


Los estallidos de protesta y las rebeliones populares fueron un fenómeno frecuente en el siglo XVI europeo. Las tensiones sociales latentes desembocaron en sublevaciones abiertas en los momentos en los que los factores de conflictividad alcanzaron un alto grado de condensación y se añadieron a ellos precipitantes coyunturales. El cuadro de las alteraciones populares de la época ofrece la posibilidad de distinguir entre revueltas urbanas y campesinas, aunque en la práctica ambos fenómenos aparecen frecuentemente relacionados entre sí, por lo que apenas existieron movimientos completamente puros. Sobre un fondo general de profundas diferencias sociales, las causas detonantes más frecuentes de las revueltas eran los abusos señoriales, la presión fiscal y las carestías. La dureza y arbitrariedad del régimen feudal provocó a principios del siglo la revuelta de los campesinos húngaros (1514), aplastada por el gobernador de Transilvania, Juan Zapolya. Teñida de un discurso religioso radical, estalló en Alemania, pocos años después de la ruptura de Lutero con Roma, la guerra de los campesinos (1525), cuyos más destacados líderes fueron Sebastián Lotzer y Tomás Muntzer. Esta revuelta se extendió por toda Alemania, Austria, Suiza, Borgoña y el Franco Condado. Sus dimensiones llegaron a asustar al mismo Lutero, quien la condenó enérgicamente. La propia revolución de las Comunidades de Castilla (1519), que tuvo un carácter fundamentalmente urbano y estuvo originada en el descontento nacionalista de la mesocracia ciudadana frente al imperialismo de Carlos V, tuvo también un serio componente campesino antiseñorial, ilustrando las dificultades de catalogar de forma simple los conflictos y la complejidad de los mismos.

Por su parte, la "Pilgrimage of Grace" de Lincolshire y Yorkshire (1536), que comenzó como levantamiento antifiscal, evolucionó hacia un movimiento regionalista procatólico contrario al reformismo anglicano. La mala coyuntura agraria de fines del siglo XVI provocó también revueltas campesinas, como la de Finlandia de 1596 y la inglesa de las "Midlands" del mismo año. Unos años antes, en 1593, estalló en el Limousin francés la sublevación de los "Croquants", de origen campesino, aunque luego se extendió a los trabajadores urbanos. En el origen de esta gran rebelión coincidieron el hambre, el malestar antifiscal y los efectos perniciosos de la guerra sobre la población. En las ciudades, la escasez de alimentos y la protesta contra los impuestos constituyeron los principales precipitantes de los levantamientos populares, causados también por tensiones sociales previas y mezclados en ocasiones con problemas religiosos. Como ejemplos de violencia social urbana pueden citarse la "Grande Rebeyne" de Lyon (1529), cuyo origen fue la carestía de las subsistencias, y la revuelta de Gante (1540), levantamiento antifiscal que se erigió en defensor de los privilegios tradicionales. El hambre fue también la causa de un levantamiento popular en Nápoles en 1585, al que siguió una brutal represión. Las guerras de religión en Francia provocaron una gran sublevación en París el 12 de mayo de 1588 (el día de las barricadas), que dejó a la ciudad en un estado de anarquía.

Las revueltas populares fueron a menudo atizadas por elementos de las clases medias y altas. Ello solía ocurrir cuando se instrumentalizaban contra el Estado, contemplado como elemento abstracto que irrumpía en el modo tradicional de organización socio-política actuando como agente de exacción fiscal. Por ello, con cierta frecuencia, la revuelta venía acompañada de la añoranza de un modelo idealizado de buena administración situado en épocas anteriores. Los levantamientos sociales se dotaron por lo general de una organización espontánea y actuaron por objetivos concretos a corto plazo, aunque a veces esgrimieron un discurso radical que amenazaba con la subversión del orden social. Fue precisamente el miedo a la subversión lo que obligó a las clases dominantes a cerrar filas y a hacer causa común en la represión de la protesta popular. La represión se revistió en ocasiones de un carácter violento, pero en otras muchas el perdón real, que potenciaba una imagen de la autoridad monárquica como justa y paternal, fue el camino elegido por el poder para poner el punto y final a la sublevación. Si la revuelta representó la manifestación colectiva de la tensión social, el bandidismo constituyó un conducto de escape individual para la misma. La delincuencia formó parte de la conflictividad social de los siglos modernos, y como tal debe ser analizada. El bandidaje surgió de las mismas condiciones de descontento que propiciaron otros fenómenos de violencia social.

Las áreas en que las actividades de los bandoleros fueron más frecuentes fueron lógicamente aquellas a las que los instrumentos estatales de represión llegaban con mayor dificultad, es decir, las más inaccesibles. Por ello se trató de un fenómeno típicamente rural. Los Pirineos y el Macizo Central francés fueron, por ejemplo, activos centros de bandidaje en el siglo XVI. En esta época hubo dos tipos de bandolerismo bien diferenciados. Por una parte, el bandolerismo aristocrático puede entenderse como una reacción frente al poder protagonizada por nobles mal adaptados a las nuevas condiciones políticas. En este sentido escribe Kamen que los aristócratas que acaudillaban bandas de salteadores no hacían sino volver a plantear un reto puramente feudal al Estado. Por otra parte, el bandolerismo popular era una consecuencia de la miseria y de las duras condiciones de existencia de los grupos sociales menos favorecidos. Es por ello por lo que la intensificación de los episodios de bandidaje solía coincidir con los momentos más duros de crisis económica, apareciendo en ocasiones en estrecha relación con períodos de alteraciones campesinas.

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