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Desde la mitad del siglo XV empieza a manifestarse la tendencia a la especialización del suelo, ha señalado, con indudable acierto, R Fossier. La idea nos parece valida pare el conjunto de Europa, por más que haya que tener en cuenta, una vez más, las numerosas variantes regionales. La creciente especialización de los cultivos era una forma inteligente de hacer frente a los nuevos retos. Pero al mismo tiempo dicha práctica permitía obtener beneficios más sustantivos del cultivo de la tierra. Los cereales en modo alguno podían proporcionar ganancias tan sustantivas como las que ofrecían otros productos. Es posible, no obstante, excluir de ese postulado general a la cebada, cultivo que progresó en algunos países, caso de Inglaterra, debido a su uso como ingrediente esencial en la fabricación de la cerveza, al fin y al cabo un producto con una demanda muy elástica. Pero el final de la Edad Media no fue, al menos en Europa occidental y central, una época dorada para los cereales, y mucho menos para el trigo. ¿No se ha probado, por ejemplo, que una parcela de viñedo en tierras de Borgoña exigía, hacia el año 1450, 20 libras de gasto, pero proporcionaba a cambio 45 de beneficio? Así se explica que la vid fuera uno de los cultivos que más progresó en la decimoquinta centuria, aunque eso sí, en aquellas zonas en donde las condiciones para su cultivo eran adecuadas. En general se ha hablado de la ofensiva de los "vinos fuertes". Entre las principales zonas que conocieron un avance del viñedo se encuentran Provenza, Borgoña, Alsacia, el valle del Loira, Lombardía, Nápoles o la Andalucía Bética, en donde hacen su aparición por aquel tiempo los vinos de Jerez.

Hay datos concretos de la ciudad de Nantes que resultan muy ilustrativos. El total de la producción regional de vino que llegaba a esa urbe para ser exportado alcanzaba en 1350 unas 1.000-1.500 toneladas por año. A mediados del siglo XV Nantes sólo recibía, para idénticos fines de exportación, unas 300 toneladas. Era el resultado de las catástrofes de todo tipo que había padecido la comarca. Pero en la segunda mitad de la decimoquinta centuria se observa un crecimiento espectacular de la exportación de vino a través de Nantes, sobrepasándose las 10.000 toneladas en las primeras décadas del siglo XVI. Tales eran las perspectivas que ofrecía el cultivo de la vid al filo del año 1500 que los grandes propietarios de Sajonia, por mencionar un ejemplo conocido, intentaban aclimatarlo a toda costa en sus tierras, a pesar de las grandes dificultades que encontraban para ello, tanto por los tipos de suelos como por las condiciones climáticas de la región. Hay que señalar, no obstante, que el avance del viñedo no fue general, pues en algunas regiones europeas retrocedió a fines de la Edad Media, como sucedió en el Bordelais, una zona vitivinícola tradicional. Asimismo, la especialización de los cultivos alcanzó altas cotas en el norte y centro de Italia. Algunas comarcas se especializaron en cultivos tintóreos, como el pastel de Alejandría. Simultáneamente experimentaba un gran impulso la "coltura promiscua", mezcla de viña y olivar, o de viña y nogales o de hortalizas y nogales.

Quizá fuera la Toscana la región europea que se hallaba a la vanguardia de dicha forma de cultivo. Por lo que respecta a las tierras germánicas el lúpulo conoció un notable avance, sin duda por la importancia que tenía la cerveza en la bebida de aquellas gentes. Por lo demás, también hubo en Alemania una destacada especialización en plantas textiles, como el lino, cuyo cultivo alcanzó un gran desarrollo en el valle del Mosela, o tintóreas, como el pastel, desarrollado ante todo en la zona de Erfurt. En Franconia y en Turingia adquirieron una notable expansión asimismo las materias colorantes. Es preciso señalar, por otra parte, el auge logrado por el pastel en algunas regiones francesas, particularmente el Languedoc. La especialización de los cultivos hay que explicarla, en ultima instancia, en el marco de las relaciones comerciales establecidas en el conjunto de Europa a fines del Medievo. Las posibilidades crecientes de abastecerse de cereales en los países ribereños del Báltico o en las regiones orientales del Viejo Continente, permitían fomentar en el occidente de Europa cultivos más especulativos, que en buena medida actuaron como moneda de cambio de los alimentos importados, caso, por ejemplo, de los vinos franceses o de la lana castellana.

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