Casa Botines

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Datos principales


Fecha

1891 h.

Autor

Antoni Gaudí y Cornet

Lugar

León

Localización

León

Localización


Desarrollo


En un momento en que los trabajos de Astorga se encontraban en la situación de crisis que provocó la desvinculación de Gaudí de aquella obra, recibió el encargo de León que atendió con especial interés aunque confió parte de la dirección a su colaborador Claudi Alsina Bonafont. La conexión catalana viene por dos vías, por un lado debe su nombre a una degeneración del segundo apellido del también catalán Joan Homs Botinàs, fundador del negocio textil que prosiguieron Simón Fernández y Mariano Andrés, los que, a sugerencia del industrial y financiero barcelonés Eusebi Güell, de quien eran clientes, encargaron a Gaudí la construcción del edificio. Al recibir este encargo, Gaudí empezaba a ser reconocido como un arquitecto de prestigio a raíz de la construcción de la Casa Vicens, el Palacio Güell, ambas en Barcelona, y El Capricho, en Comillas. Existe una estrecha relación estilística y técnica entre el palacio episcopal y la Casa Botines posiblemente por la contemporaneidad de ambas, así como ciertos conceptos que Gaudí no pudo desarrollar en Astorga los culmina en León. La Catedral de León, San Isidoro y San Marcos fueron estudiadas por Gaudí para que la Casa Botines se integrara en el perfil de una ciudad histórica. Es muy consciente de que esta casa estará ubicada junto a una importante obra renacentista, el Palacio de los Guzmanes. Es una obra distinta en el repertorio gaudiniano construida con unos materiales y soluciones que habitualmente no utiliza como las paredes gruesas y las cubiertas de pizarra, pensadas como protección contra el frío clima de la zona.

El edificio destaca ante todo por presentar una estructura acorde con las necesidades a las que iba destinado el edificio. A la planta baja y el semisótano se le dio un uso comercial y las cuatro plantas superiores fueron dispuestas para viviendas. A su vez, divide el piso principal en dos residencias, una para cada propietario y otras cuatro con el objetivo de alquilarlas. La cimentación del edificio aplicando el método usado tradicionalmente en Cataluña y que consistía en zanjas corridas rellenas de mampostería hormigonada resulta ser revolucionaria para los técnicos leoneses de la época. Estructuralmente se diferencian claramente los muros de los pilares. Para las viviendas utiliza muros convencionales que descansan sobre jácenas de hierro sirviendo así de soporte para el edificio y de distribución de las plantas mientras que en la planta baja y en el semisótano aplicó por primera vez la planta libre, en la que substituye los habituales muros de carga por 28 columnas de hierro colado que transforman estos dos niveles en grandes deambulatorios y que le permiten conseguir tanto la máxima flexibilidad en la distribución del espacio destinado al uso comercial, como mejor luz y una constante renovación del aire. El aspecto exterior nos recuerda a los castillos franceses el valle del Loira, abandonando Gaudí inspiraciones árabes y mudéjar. Es un gran bloque pétreo pero con interesantes recursos arquitectónicos rematado con los pináculos de las torres.

Se acentúa la horizontalidad del edificio aligerando los lienzos de las fachadas a través de las cornisas en voladizo, rodeando todo el edificio, el ritmo regular en la distribución de las ventanas, la verja que recorre el foso y la cubierta de pizarra. Otros elementos importantes y que evocan a la arquitectura gótica es el remate de sus ángulos por cuatro torreones cilíndricos que se apoyan sobre unas ménsulas y se culminan con agudas caperuzas de pizarra así como el foso que rodea todo el edificio, pero el arquitecto busca en él un carácter funcional para justificar su presencia; posiblemente sea una galería de servicio al descubierto o un patio de luces que permite que penetre la luz hacia el semisótano. La cubierta es de cuatro vertientes muy inclinadas y equivalente a la altura de dos plantas del edificio. Además de actuar de cerramiento del edificio pone de manifiesto tres preocupaciones de Gaudí, el aislamiento, la luz y la ventilación. En su parte alta sostiene seis grandes lucernarios que, mediante viguetas de hierro, sujetan las claraboyas de vidrio, a través de las que penetra la luz dentro del edificio hasta alcanzar la planta principal y que, por estar elevados unos centímetros, permiten también una constante ventilación de los espacios interiores del inmueble. La techumbre es de pizarra sostenida sobre un entramado de madera. Respecto a los elementos ornamentales destaca la puerta de forja de la entrada principal. En el espectacular intradós de esta pieza excepcional se representa envuelto en motivos vegetales un león con la mandíbula abierta. Sobre la puerta principal se emplaza una imagen de san Jorge lanceando al dragón, realizada por el escultor catalán Llorenç Matamala.

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