Kamikaze

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Datos principales


Tipo

Táctica

Categoría

Aéreo

País relacionado

Japón

Desarrollo


Los pilotos kamikaze fueron una de los aspectos más complejos, especialmente a ojos occidentales, de la mentalidad japonesa. Para mejor comprender este fenómeno, sigamos el relato de uno de estos pilotos: "Si tomamos en cuenta la enorme brecha que existió entre el potencial bélico de los japoneses y el de los aliados hacia el final de la guerra del Pacífico, a los japoneses se nos hacía muy evidente que, a menos que mejorase mucho la situación, nos veríamos enfrentados a una gran crisis. En estas circunstancias, parecía natural que los combatientes japoneses estuvieran determinados a sacrificar sus vidas por el emperador y la nación. Su patriotismo derivaba de la hondamente arraigada creencia de que toda la nación, la sociedad y el cosmos incluso estaban unificados por y en el único emperador, y por su causa morirían gustosos. En relación con el tema de la muerte y la vida, nosotros, los japoneses, basamos nuestra espiritualidad en la obediencia absoluta a la autoridad sublime, el emperador, aun con el sacrificio de nuestras vidas. El culto del kamikaze viene influido por el Bushido, código de conducta de los guerreros japoneses basado en el espiritualismo por influencia del budismo, que pone énfasis tanto en la bravura como en la conciencia. Además de que nuestro más ardiente deseo es poder morir de una muerte útil, en el lugar y momento adecuado, sin concitar la censura pública sobre nuestra conducta. Al analizar la actitud de esos hombres, hay que tener en cuenta que consideraban su misión de ataque simplemente como parte de su deber, sin ver en ello nada extraordinario.

Además, era tal su entusiasmo por acertarle a los barcos que tomaban por blanco que no paraban mientes en su propio destino. Consciente o inconscientemente, tenían el profundo y firme sentimiento de "vida mediante la muerte", que regía su conducta. Al decir "inconsciente", quiero decir que esos hombres ni siquiera tenían conciencia de los sentimientos que acabo de describir. Estaban demasiado profundamente implicados con la actitud y psicología nacional, consolidada a lo largo de la historia y la tradición de su pueblo. El ataque kamikaze era, en un principio, espiritual, y cualquier piloto con la cuota normal de valor debía ser capaz de llevar a cabo esta misión en la forma adecuada. No teníamos ningún tipo de entrenamiento especial, más que el de recalcarles a los pilotos ciertos factores que experiencias anteriores de "ataque especial" señalaban como importantes. Con todo, como los pilotos elegidos para estas incursiones tenían poco entrenamiento y pocas horas de vuelo, nos tomamos el trabajo de darles un entrenamiento técnico intensivo para que pudieran aprender lo más esencial del ataque kamikaze en el menor tiempo posible. Por ejemplo, un programa de entrenamiento para las acciones llevadas a cabo en Formosa pasaba por las siguientes fases: los entrenamientos para los nuevos pilotos kamikaze duraban siete días; los dos primeros se dedicaban a prácticas de despegue. Esto abarcaba todo el tiempo que va desde la orden de salida hasta que el avión se encontraba en el aire.

Durante los dos días siguientes, las lecciones se centraban en el vuelo en formación, alternando con continuos despegues. Los últimos tres días se dedicaban fundamentalmente al estudio y práctica de aproximación y ataque al blanco, además de despegue y vuelo en formación. Al llevar a cabo una misión kamikaze era tan importante el impacto en el blanco como despegar, pilotar y volar bien en formación durante los ataques enemigos, por más intensos que fueran. Por eso recibían los pilotos kamikazes un entrenamiento tan riguroso para despegar, volar en formación y picar sobre los blancos. En el caso de los despegues de bombarderos cargados con gran peso, era importante que el piloto evitara que la nariz de su aparato se levantara demasiado pronto, que manipulara con calma los controles y se mantuviera a una altura de 150 pies hasta haber entrado el tren de aterrizaje. Otro factor importante en el despegue era unirse y mantenerse en la formación con un mínimo de distancia posible, evitando así describir grandes círculos. Contra los portaaviones, el mejor punto de blanco era la santabárbara. Contra otros tipos de barcos grandes, el blanco mejor era la base del puente. Y contra destructores y demás naves de menor tamaño y transporte, el blanco podía ser cualquier punto entre el puente y el centro de la nave, sitio que garantizaba la fatalidad. Si no hubiéramos tenido escasez de aviones, lo ideal hubiera sido enviar cuatro aviones kamikaze contra un avión grande: dos para darle en la santabárbara y uno en la parte inmediatamente anterior y posterior. En teoría, el ideal era dos o tres atacantes por cada portaaviones de escolta. Pero en la práctica había demasiados portaaviones enemigos y nosotros teníamos pocos aviones para todos nuestros objetivos. Por eso, para asegurarnos un blanco efectivo, sólo se enviaba un avión contra cada portaaviones: un avión, un barco de guerra".

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