Las Cruzadas - Introducción

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Cuando el 27 de noviembre del año 1095 el papa Urbano II predicó su sermón de cruzada, puso en marcha un movimiento que afectaría profundamente a la sociedad occidental durante medio milenio. Las cruzadas formaron parte de la constante guerra entre las potencias cristianas y musulmanas por el control del Mediterráneo, una pugna que había comenzado con el ascenso del Islam en el siglo VII, y que ha continuado hasta el presente. La clave de todo el movimiento cruzado fue el control de Jerusalén. Ciudad santa tanto para cristianos como para musulmanes, en su conquista se sucedieron expediciones y batallas durante dos largos siglos. Pero, en realidad, las Cruzadas nacieron más bien como peregrinación armada, pronto convertidas en una sucesión de expediciones militares muy pronto llevadas más allá de sus primeros objetivos. De este modo, aun cuando la Tierra Santa siguió siendo el fin último, se reorientaron hacia otras metas: tierras islámicas alejadas de Palestina, como España o Africa septentrional; regiones periférica de Europa aún pobladas por paganos, como Lituania, Prusia o Estonia; e incluso tierras cristianas en manos de cismásticos, como Bizancio. Fracasadas en lo militar, el resultado de las Cruzadas fue, a grandes rasgos, un extraordinario auge económico para las ciudades marítimas del norte de Italia y sur de Francia, así como el florecimiento de la economía monetaria y el trasvase cultural entre Oriente y Occidente.


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