Visión de San Francisco de Asís

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Datos principales

Fecha 
1630-31
Material 
Estilo 
Dimensiones 
120 x 98 cm.
Museo 
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Esquema relacional

Durante el Gótico y el Renacimiento, san Francisco era representado con dulzura y apacibilidad pero esa visión cambió tras el Concilio de Trento. En España se configuró una iconografía, especialmente a partir de El Greco, que presenta al santo como un hombre demacrado, inmerso en la oración y la penitencia e imbuido en visiones místicas. Esta filosofía tridentina es la que continúa Ribera en esta composición donde San Francisco es sorprendido por un angelito que le muestra una ampolla de cristal contiendo agua transparente, simbolizando la pureza de la condición sacerdotal que san Francisco esperaba conseguir. De manera humilde, el santo consideró que nunca alcanzaría la perfección exigida y renunció al sacerdocio, siendo éste el mensaje que se pretendía dar a la sociedad tras el Concilio. En primer plano podemos observar la calavera que simboliza la muerte junto a la disciplina. La escena se desarrolla en un interior, recortando las figuras del ángel y el santo ante un fondo neutro, utilizando el maestro valenciano un intenso contraste lumínico heredero del tenebrismo de Caravaggio. El naturalismo con el que se ha interpretado el santo, mostrando el rostro de un hombre demacrado por la abstinencia y la penitencia, con las manos llagadas por los estigmas, contrasta con la imagen del angelito regoderte, apareciendo un pictoricismo más refinado en su factura. Resulta también sorprendente la calidad descriptiva del hábito de estameña del santo, una muestra de la facilidad de Ribera para dotar a sus obras muy difícil de superar y que tendrá su continuidad en las pinturas de Zurbarán.


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