Retablo de San Pedro Mártir

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Datos principales

Fecha 
1428-29
Material 
Escuela 
Dimensiones 
137 x 168 cm.
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Esquema relacional

Desarrollo

El retablo de San Pedro Mártir tuvo comienzo en 1425, unos años después de que el artista ingresara en la Orden de los Dominicos Observantes de Fiesole. La estructura del retablo sigue la tradición del tardogótico a la que el fraile pintor tuvo forzosamente que acomodar su composición. Tres son los paneles que componen la obra, con sendas escenas independientes: la tabla central del tríptico queda reservada al motivo de la Madona con el Niño; en las laterales se sitúan Santo Domingo y San Juan Bautista a la izquierda, San Pedro Mártir y Tomás de Aquino a la derecha. Cada panel se remata con arcos apuntados góticos, aunque las tablas quedan unificadas por el último remate semicircular. La Virgen se presenta sentada en su trono sosteniendo al Niño, de pie y en actitud de bendecir, sobre sus rodillas; ambos están ataviados con ropajes muy ricos de colores contrastados, que les confieren cierta volumetría, a lo que ayuda la línea de contorno dorado de las figuras. Aunque Fra Angelico intenta la creación de un espacio en profundidad al colocar a María sobre una alfombra negra que avanza hacia el fondo, el efecto de perspectiva queda cercenado por el brocado profusamente decorado con formas vegetales en negro y oro. La contundencia de la anatomía de la Virgen recuerda en cierto modo a la Madona con el niño y ángeles de la iglesia de San Pedro en Cascia di Regello, obra realizada por Masaccio en 1422. La monumentalidad de María se hace más patente en comparación con los santos de las escenas laterales, independientes de la imagen principal. Tanto el fundador de la orden dominica como el Bautista y los santos del ala derecha, no sólo aparecen a escala mucho más reducida que la Virgen sino que, además, se sitúan en una estancia exterior, que sólo podemos intuir por las referencias naturalistas del suelo. Los fondos de los paneles de los santos también son de pan de oro y muy planos, con sus aureolas y orlas de santo casi a modo de esgrafiado sobre la tabla, lo que las hace apenas perceptibles. En los medallones decorativos de los arcos apuntados se sitúa una Anunciación tripartita, que da cierta continuidad a la obra. El espacio restante de arriba queda decorado con dos episodios de la vida del santo patrón al que se destina la obra: a la izquierda podemos ver un paisaje urbano con la escena del Sermón de San Pedro Mártir y, a la derecha, una escena en medio de la naturaleza con el asunto de la Muerte de San Pedro, el cual muestra los estigmas de su martirio en la tabla de la derecha, con la cabeza ensangrentada. No ha de extrañarnos que este tríptico no tenga predela con escenitas de santos y mártires: el banco se ha sustituido por las escenas de la parte superior y para dar más espacio a las figuras de los santos y la Virgen con el Niño, lo cual supone una composición de lo más atípico en la época que estamos tratando. Parece como si esta obra fuera un correlato exacto para la transición entre las formas primitivas de la tradición del último gótico y las nuevas formulaciones renacentistas; incluso en la estructura.


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