Port Alguer

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Datos principales

Fecha 
1924
Material 
Dimensiones 
100 x 100 cm.
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Esquema relacional

Desarrollo

Esta obra nos muestra la encrucijada daliniana en la que se encuentra en los primeros años 20; por un lado, la visión de un esquema geométrico que partía no sólo de su conocimiento del movimiento cubista sino también del nuevo "retorno al orden" que imperaba en Europa y, por otro, su continuo apego a la cultura catalana, en concreto, al estilo noucentista. Ese doble juego, que el escritor Rafael Benet denominaba como "la carta tradicional" y "la carta de la audacia", procedía en gran parte de la información recibida desde muy joven. La audacia, lo moderno, la vanguardia, provenían de su tío Anselm Domènech, quien le había conseguido las revistas de [Valori Plastici#ESTILOS#89] y "L'Esprit nouveau", que contenían imágenes de ese cambio en la pintura, ese "retorno al orden"; de su amigo el pintor Pepito Pichot, quien le había traído de París el catálogo futurista de 1914 de Umberto Boccioni, "Pintura, escultura futurista. Dinamismo Plástico", y de artistas como Rafael Barradas o Juan Gris. Lo tradicional que más bien intentaba ser lo moderno. Puesto que desde sus inicios el noucentisme había buscado su modernidad en el cubismo (de Picasso y Braque), incluso ahora iba más allá cuando su clasicismo y su mediterraneísmo podían acercarse al "retorno al orden" por muchas de las características que promulgaba el movimiento. En esta composición Dalí hace referencia al purismo de los pintores franceses Ozenfant y Jeanneret en la relación de líneas y planos que se conjugan con las influencias de plasticistas italianos como Carrá y Morandi. Su noucentisme se advierte, sobre todo, en la imagen de esas mujeres con cántaros de agua que ya las composiciones de Joaquín Sunyer se habían consagrado como alegoría de la mujer catalana.


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