La nieta de la Trini

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Datos principales

Fecha 
1929
Material 
Dimensiones 
113 x 177 cm
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Esquema relacional

Desarrollo

En el verano de 1929 Julio Romero de Torres regresa a Córdoba aprovechando las largas vacaciones docentes. En la tranquilidad de su ciudad natal espera mejorarse de su dolencia hepática. Ha perdido la apostura que le caracteriza, está demacrado, se le han inflamado las piernas y tiene continuos dolores. Pero, a pesar de su delicado estado de salud, saca fuerzas para pintar apasionadamente, ya que quiere corresponder a la invitación que le ha hecho la Casa de Córdoba en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, dedicándole una sala especial en la que exponer 28 de sus trabajos. En estos momentos saldrán de sus pinceles sus mejores cuadros, tratando todos los temas que le obsesionaron a lo largo de su carrera. Entre ellos destaca La nieta de la Trini, cuadro en el que se rinde póstumo homenaje a la famosa cantaora de malagueñas llamada La Trini. En esta teatral composición se descorre una cortina y aparece la joven desnuda, mostrando su escultural anatomía. Se trata de una modelo profesional madrileña que también posará para Ofrenda al Arte del toreo; aparece recostada en un diván tapizado por un oscuro mantón de Manila, resaltando aún más su tonalidad broncínea gracias al empleo del raso de color blanco. El brazo derecho reposa en la cadera, sosteniendo una navaja en su mano, mientras que el izquierdo sujeta la cabeza, adornada por una hermosa mata de pelo recogida en un moño acicalado con una rosa. Los pendientes y una gargantilla roja son sus únicos adornos. Detrás, en las sombras, aparece sentada al filo del diván una mujer morena que avanza hacia el desnudo, sosteniendo la guitarra. Como fondo, tras la ventana, se observa la silueta inconfundible de la ciudad de Córdoba. La Trini había protagonizado en su tiempo una sensacional historia de amor y muerte al asesinar con una navaja, por celos, a su amante. Julio Romero hizo revivir esta historia en su nieta, ofreciendo el amor con el desnudo cuerpo y la muerte con la navaja que porta en su mano derecha. Una vez aparece la dualidad amor-muerte en las obras de Romero de Torres. Podemos apreciar cómo el pintor ha oscurecido su paleta, interesándose por las tonalidades ocres y negras, empleando una iluminación más dorada con la que crea un acertado contraste entre las luces y las sombras. Tenemos que destacar el soberbio dibujo de la anatomía desnuda de la modelo, así como la espalda de la mujer que lleva la guitarra. La luz ilumina el pecho y la tela de raso blanco sobre la que se apoya la muchacha, sintiéndose atraído el maestro por los brillos del raso morado. A los pies quedan los zapatos, siguiendo una estructura compositiva ya empleada anteriormente. La composición queda organizada gracias a una línea horizontal muy evidente en el desnudo y una línea vertical en la guitarra, creando una estructura con forma de media cruz. Otro de los grandes logros del pintor es la manera de captar las expresiones, especialmente el pensativo gesto de la joven y el rostro entristecido de su acompañante. El resultado es una icono en la pintura del maestro cordobés.


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