La mujer gitana

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Datos principales

Autor 
Fecha 
1628-30
Material 
Dimensiones 
58 x 52 cm.
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Esquema relacional

Frente a lo que podría ser un cuadro de género sórdido o de intenciones moralistas, este retrato de gitana, cuyo explícito gesto nos dice que es una prostituta, Hals ha realizado una obra naturalista y sensual, inmediata en el tratamiento pictórico y en la recepción visual, aunque bien podríamos encontrarnos con una referencia moralizante habitual en estas fechas en la pintura holandesa. Los retratos de género eran poco frecuentes hasta el Barroco, pero a partir del siglo XVII comienza el interés de los pintores por los personajes de la vida cotidiana, pobres o marginados que con frecuencia les acompañan en su trabajo. También Caravaggio utilizó personajes del hampa romana para pintar sus santos, aunque siempre disfrazados bajo la historia sagrada. Hals, por el contrario, no ha embellecido la sustancia básica sino que se complace en la propia figura, sonriente, próxima, lejos de juicios morales y mucho más próxima a un planteamiento completamente amoral para su época. Una vez más, el maestro Hals ha sabido interpretar la personalidad de sus modelos, centrando la atención en el gesto y la mirada de la joven prostituta, que de reojo parece invitar al espectador a disfrutar de sus encantos, algunos de ellos a la vista como el pronunciado escote resaltado por la potente iluminación empleada. Las pinceladas son rápidas y certeras, sin interesarse por detalles superfluos, concentrando su atención en el rostro de la provocadora joven.


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