La alcahueta

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Datos principales

Fecha 
1656
Material 
Dimensiones 
143 x 130 cm.
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Esquema relacional

La mayor parte de los trabajos de Vermeer entran en la clasificación de pinturas de género con las que pretende narrar una historia. En la Holanda del Barroco serán habituales las escenas de burdel -Bordeeltje- muy demandadas por la clientela, lo que es interpretado por los especialistas como una reacción del público frente a las cada día más rígidas normas morales. También podemos considerar que este tipo de representaciones esconderían algún significado moralizante, aludiendo a la facilidad con que el "usuario" era engañado por las cortesanas, al tiempo que se advertía contra el abuso del alcohol. Vermeer nos presenta a las figuras como si estuvieran en un palco o lugar elevado: una mujer joven, con las mejillas sonrosadas por efecto del vino -no en balde, sujeta una copa con su mano izquierda- extendiendo la mano para recibir una moneda del caballero con tabardo rojo y sombrero de plumas, que con su mano izquierda toca el pecho de la muchacha. Un segundo hombre, vestido de oscuro, observa la escena y dirige su mirada cómplice al espectador mientras que la alcahueta cierra la composición en el fondo, dirigiendo su interesada mirada hacia el hombre de rojo. El trabajo de encaje de bolillos, situado a la derecha, sobre el tapiz que cubre la mesa, hace suponer que nos encontramos en una casa particular, donde se podría estar produciendo una relación extramatrimonial auspiciada por la alcahueta. Como es habitual en la producción del maestro, la escena se desarrolla en un reducido espacio interior, colocando en primer plano algún objeto que separa la composición del espectador. Las figuras se arremolinan en el espacio, colocadas en diferentes planos para crear efecto de profundidad. Una potente luz ilumina la figura de la joven y resalta las tonalidades amarillas de su camisa, provocando intensos contraste de sombra que recuerdan a la obra de Caravaggio. Paulatinamente Vermeer va utilizando la característica técnica "pointillé" con la que reparte los chispeantes puntos de luz por toda la superficie del lienzo. Otro recuerdo digno de mención lo encontramos en la sensación atmosférica creada, en sintonía con la escuela veneciana que tanto admiraba Rembrandt.


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