Júpiter, Neptuno y Plutón

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Datos principales

Fecha 
1597
Material 
Estilo 
Dimensiones 
500 x 285 cm.
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Esquema relacional

El protector de Caravaggio, Francesco del Monte, tuvo mucho que ver con la realización de esta única pintura mural de nuestro artista. El cardenal era un gran estudioso de la alquimia, y tenía un completo laboratorio químico en su Palacio Madama. Fue probablemente el propio cardenal, junto con su hermano Guidobaldo, quien diseñó el programa iconográfico que el jovencísimo Caravaggio ejecutó en esta pintura. El artista rechazó la técnica del fresco, más apropiada para este tipo de pintura, por los experimentos al óleo sobre estuco, que había iniciado con tan poca fortuna Leonardo da Vinci en La Última Cena. Sin embargo, mientras la obra de Leonardo se deterioró inmediatamente tras ser finalizada, la pintura de Caravaggio se ha mantenido en buen estado pese al desconocimiento que pesaba sobre la existencia de la misma. En efecto, la Villa Ludovisi fue vendida por el cardenal a los Ludovisi, que la remodelaron y redecoraron con frescos del Guercino y otros pintores. De este modo, la pintura permaneció ignorada hasta 1969, año en el que un investigador italiano la descubrió y se rehabilitó. El tema de la pintura es una compleja alegoría de las teorías del alquimista Paracelso, que eran la doctrina seguida por el cardenal del Monte. Según Paracelso, el mundo se componía de tres elementos, a saber: el aire-sulfuro, el agua-mercurio y la tierra-sal. Tradicionalmente, ciertos dioses olímpicos representan estos elementos, y es por esta razón que protagonizan la obra: en solitario se cierne Júpiter con su águila y los ropajes revoloteando, significando el poder del viento. Al otro lado, Neptuno con su caballo de aletas representa el agua y al otro lado, asiendo un atizador y con el perro de tres cabezas está Plutón, el rey del Infierno y, por tanto, de la tierra. La acción tiene lugar en el orbe que manipula Júpiter y en cuyo interior se han mezclado los tres elementos para dar lugar al Sol, la Tierra y los signos zodiacales. Supuestamente, la reunión ordenada de estos elementos daría lugar a la piedra filosofal, el secreto de la vida y el objetivo de todo alquimista como el cardenal del Monte.


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