Escena de "Robert le Diable"

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Datos principales

Fecha 
1876
Material 
Estilo 
Dimensiones 
76´6 x 81´3 cm.
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Esquema relacional

Desarrollo

El increíble éxito de la obra de ballet "Robert le Diable" motivó que se realizaran más de 775 representaciones en sesenta años, algo inaudito en aquel momento. A más de cinco de estas funciones acudió Degas, quien se sintió totalmente atraído por el atrevido montaje escenográfico y las técnicas de iluminación. Tal fue su atracción que decidió realizar un par de " class="manita" data-toggle="popover" data-content="La afición a la ópera llevará a Degas a crear escenas en las que los espectadores nos integramos plenamente en el espectáculo. Son imágenes de la vida moderna muy habituales en el Impresionismo.">lienzos con el tema de la obra de Giacomo Meyerbeer, encargados ambos por la cantante Elie Faure. Escoge el momento en el que unas monjas resucitadas y otras vivas bailan frenéticamente ante un monasterio ruinoso a la luz de la luna. En primer plano contemplamos a los espectadores de las primeras filas de la sala - dos amigos del pintor llamados Ludovic Lepic y Albert Hecht - junto al foso de la orquesta, que observamos tras ellos. Entre los músicos destaca el fagotista Désiré Dihau, también protagonista del cuadro Orquesta de la Ópera. En un tercer plano se divisa la actuación, con las bailarinas vestidas de monjas y la luz eléctrica brillando en los arcos del fondo. Uno de los amigos de Degas mira con sus anteojos la zona de los palcos, ajeno a la representación. Al emplear el artista este sistema compositivo intenta que los espectadores se integren en la escena, dando la impresión de estar presentes en el espectáculo. Las figuras de primer plano están menos iluminadas para no restar atención al ballet, cuyos movimientos han sido interpretados por Degas como si se tratara de una fotografía, difuminando los contornos como hacían las viejas cámaras (no tenía la suficiente velocidad en el obturador para captar nítidamente los objetos en movimiento). Los tonos negros de los trajes de los hombres provocan mayor oscuridad en esa zona, que contrasta con el blanco de los cuellos de sus camisas y con los hábitos de las monjas. La sensación de realismo creada por Degas es sorprendente en una de las imágenes más características de la vida burguesa de fines del siglo XIX.


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