El carro de piedras

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Datos principales

Fecha 
1617-18
Material 
Dimensiones 
86 x 126,5 cm.
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Esquema relacional

Desarrollo

Para la realización de los paisajes en sus grandes composiciones mitológicas o religiosas, Rubens utilizaba a algunos especialistas de su taller como Jan Wildens. Esto no quiere decir que el maestro no se interesara por esta temática sino que debido al amplio número de encargos recibidos tenía que delegar buena parte de sus funciones. Prueba de su habilidad a la hora de pintar paisajes la tenemos en esta composición, donde abandona la imaginación poética o la carga simbolista de otras composiciones para interesarse por la observación directa de la naturaleza, a pesar de realizarse en el taller. La extraordinaria textura de los árboles y las rocas o la potencia de la carreta tirada por los caballos indican que Rubens empleó estudios realizados al natural. Sin embargo, podemos observar cómo el maestro ha unificado dos paisajes, cada uno con su propia hora del día y su propio horizonte. Si en la izquierda está cayendo la noche y la luna se refleja en el agua, en la derecha el sol ilumina plenamente y alcanza hasta las montañas del horizonte. Esta disfunción horaria queda disimulada por el bloque central de rocas ante el que se recortan las figuras del carruaje y los carreteros que se disponen a bajar la pendiente. El conductor se vuelve con un aire inquieto hacia su compañero que se ha bajado para evitar el vuelco del carruaje. De esta manera, la tranquila escena se carga de dinamismo y tensión. La influencia de Adam Elsheimer en este tipo de composiciones resulta significativa.Algunos especialistas consideran esta composición como una referencia al neoestoicismo con el que Rubens se sentía identificado. El precario equilibrio en el que se sitúa la carreta simboliza la situación del mundo entero.


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