Daniel

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Daniel era uno de los jóvenes deportados a Babilonia en el año 605 a.C., residiendo en la corte de Nabucodonosor donde se reveló como un prodigioso intérprete de sueños proféticos y visones. Su profecía puede considerarse como el punto final de la intervención de Dios en toda la historia precedente, abriendo nuevos horizontes para la historia futura. Su libro puede interpretarse como una síntesis de la Teología de la historia. En la serie de la Cartuja de San Martino, Ribera ha pintado a este gran profeta en una posición tremendamente escorzada, sujetando de manera extraña el libro. Dirige su mirada al cielo con gesto de asombro, recibiendo un potente impacto lumínico que destaca su amplia anatomía, inspirada en Miguel Angel. Sin embargo podemos contemplar todas y cada una de sus arrugas y sus carnes flácidas al tratarse de un hombre de edad, característica del naturalismo que impregna toda la producción del maestro. El efecto tenebrista inspirado en Caravaggio acentúa la tensión del momento, convirtiéndose en una de las figuras más dramáticas y barrocas del conjunto.


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