Curación del paralítico en la piscina

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Datos principales

Fecha 
1668
Material 
Estilo 
Dimensiones 
237 x 261 cm.
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Esquema relacional

Desarrollo

La aportación de don Miguel de Mañara a la construcción y decoración de la iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla será fundamental. Él es el promotor del programa iconográfico dedicado a exaltar la práctica de las obras de misericordia, resaltando que la dedicación a los pobres era el único camino de salvación. Para realizar los trabajos en la iglesia contó con los mejores artistas sevillanos del momento, encargando a Valdés Leal las impactantes escenas con las que se inicia el ciclo -In Ictu Oculi y Finis Gloriae Mundi- mientras que Murillo sería el autor de las seis alegorías de las obras de misericordia, completadas con la séptima que estaba realizada en escultura y situada en el retablo mayor, siendo esculpida por Pedro Roldán.La curación del paralítico representa la obra de misericordia de visitar y atender a los enfermos. Recoge un pasaje del Evangelio de San Juan (Cap. 5, 2) donde narra el momento en que durante la segunda estancia de Jesús en Jerusalén cura a un paralítico que no podía sumergirse en la piscina de Bezata.Las figuras principales se sitúan en la zona izquierda de la composición. Jesús aparece en el centro, dirigiendo su brazo al paralítico que aparece en el suelo, en una postura claramente escorzada. San Pedro, san Juan y otro apóstol no identificado acompañan a Cristo y dirigen su atenta mirada hacia el enfermo al que su maestro cura. Otros personajes dispuestos alrededor de la piscina completan la escena, apreciándose en primer plano un perro. En el cielo nuboso que cierra el conjunto podemos observar un ligero rompimiento de Gloria con un ángel rodeado de una aureola de luz dorada. Según el evangelio, ese ángel "descendía de tiempo en tiempo a la piscina; se agitaba el agua, y el primero que descendía después de agitarse el agua, era curado de cualquier enfermedad que tuviese". Una vez más, el maestro sevillano recoge a la perfección los gestos y actitudes de los personajes, dotando de naturalismo y espiritualidad al episodio.Murillo presenta la escena ante una admirable construcción arquitectónica de inspiración clásica, recogiendo la idea de la piscina con cinco pórticos a la que hace referencia el texto bíblico. La sensación de perspectiva que se consigue con esta arquitectura queda reforzada al emplear planos alternos de luz y sombra que también ayudan a crear un formidable efecto atmosférico, como había hecho Velázquez en Las Meninas. Como toda la serie -entre los que se encuentra [El regreso del hijo pródigo#CUADROS#10694 -, este cuadro fue robado en 1810 por el mariscal francés Soult, figurando dos años después en la colección particular del militar.


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