Cupido y las ninfas

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Datos principales

Fecha 
1758
Estilo 
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Esquema relacional

Desarrollo

Es con François Boucher cuando la Francia fastuosa se transforma en la Francia galante. Su pintura expresa el gusto de una época y él encarna no solamente el pintor, sino el testigo, el representante, el modelo, como sostenían los hermanos Goncourt. Será Boucher el pintor preferido de la aristocracia y de los grandes financieros, incluso envía obras suyas a Suecia. Los hôtels parisinos se llenan de sus obras y llueven también los encargos de la Corte. Su fantástica imaginación, su composición de virtuoso se entrega a unos temas mitológicos dedicados fundamentalmente a los amores de los dioses y en especial a Venus a la que consagra no menos de cincuenta cuadros. Ello le permite, como antes había hecho Rubens, llenar sus cuadros de ninfas, sátiros y amorcillos y pintar una serie de cuerpos femeninos, desnudos, de colores nacarados, que es en realidad lo que a él le gusta. Los Goncourt apuntan que más que tratarse de mujeres desnudas son mujeres desnudadas. La luz y los colores claros y tiernos se ponen al servicio de la exuberancia decorativa a la moda. La mayoría de las obras de Boucher son de modestas dimensiones, destinadas generalmente a los hôtels parisinos o a los pequeños apartamentos reales en donde estaba ya fijado su destino. Por tanto, Boucher al ejecutarlos tenía muy en cuenta su altura. No es lo mismo pintar en una sobrepuerta que en los laterales de una ventana, los diferentes puntos de luz, el destino del aposento, las boiseries y demás elementos decorativos, así como los colores que iban a dominar en la habitación. Quien no cuente con esta premisa no podrá entender la pintura de Boucher.


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