Cristo en casa de Marta y María

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Datos principales

Fecha 
1655 h.
Material 
Dimensiones 
160 x 142 cm.
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Esquema relacional

Acostumbrados a ver las escenas intimistas pitadas por Vermeer, protagonizadas por mujeres de la época, nos resulta extraño contemplar un asunto religioso salido de los pinceles del artista, poco dado a asuntos históricos. Los pocos que conservamos se realizan en su etapa temprana, como esta escena de Cristo en casa de Marta y María. Vermeer narra un episodio recogido en el evangelio de san Lucas: Jesús acude a un mercado y es invitado por una mujer llamada Marta a su casa, ofreciéndole alimentos y cuidados. Mientras Marta prepara las viandas en la cocina, su hermana María escucha atentamente la palabra del Señor. Al interrogar Marta a Cristo por qué no exige a María que la ayude, éste contesta: "Marta, Marta, tú te preocupas y e inquietas por muchas cosas. Pero sólo una es necesaria y María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada". Vermeer nos presenta a Cristo sentado en la zona derecha de la composición, dirigiendo su mirada hacia Marta que, en la parte de atrás, trae un cesto de pan y pregunta a Jesús. María escucha, sentada en un escabel con los pies desnudos, atentamente a Cristo, relacionándose así las tres figuras gracias a las miradas y los gestos del Salvador. A esta conexión contribuye la luz, que cae sobre los tres personajes y el centro de la composición, enmarcando la mano de Cristo que señala a María gracias al mantel blanco. El maestro de Delft recurre a una composición piramidal habitual en el Renacimiento, renunciando a cualquier referencia espacial que no sean las paredes de la habitación, para concentrar de esta manera el mensaje que desea transmitir. Ese mensaje estaría relacionado con la oposición entre vida contemplativa y vida activa, oposición muy debatida entre los humanistas. Las pinceladas son largas, aplicando el color de manera pastosa como podemos observar en las arrugas de las telas, elaboradas con tosquedad. Ya en estos primeros trabajos encontramos la admiración de Vermeer por la oposición entre las tonalidades claras y oscuras: el blanco del mantel y la camisa de Marta frente al azul del manto de Cristo o el rojo bermellón de la camisa de María. También destaca su admiración hacia la luz intensa que provoca contrastes, tomada de los caravagistas de Utrecht. La composición de Vermeer es más compacta y menos retórica que los demás artistas holandeses de este momento, rechazando la anécdota al captar de un golpe de vista el gesto de Cristo, la condición de las mujeres y la grandeza del asunto.


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