Conde-Duque de Olivares

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Datos principales

Fecha 
1624
Material 
Estilo 
Dimensiones 
203 x 106 cm.
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Esquema relacional

Uno de los artífices de la llegada de Velázquez a la corte madrileña en 1623 fue el conde-duque de Olivares, don Gaspar de Guzmán y Pimentel, hombre de confianza de Felipe IV y jefe del gobierno. Don Gaspar había visitado en varias ocasiones la tertulia que Pacheco tenía en Sevilla donde tendría la oportunidad de conocer al pintor y recomendarle en Madrid. Posiblemente como muestra de agradecimiento Velázquez realizó este retrato que hoy se conserva en Sao Paulo, en el que aparece la enorme figura del conde-duque en pie, visto de frente, vistiendo el sempiterno traje negro que caracterizaba a la austera corte española. En su traje encontramos bordada la cruz roja de la orden de Calatrava, apreciándose las espuelas de oro de caballerizo mayor y la llave de mayordomo al cinto, indiscutibles símbolos de su poder. Apoya su mano derecha sobre una mesa cubierta con un tapete de terciopelo carmín y la izquierda sobre la empuñadura de su espada, recortándose la figura sobre un fondo neutro. La mirada dura e inteligente del hombre más poderoso de su tiempo ha sido perfectamente interpretada por el maestro, haciendo gala de su capacidad para captar el carácter y la personalidad de sus modelos. Se suele fechar esta obra antes de 1624, año en el que don Gaspar cambió de orden militar, realizándose nuevos retratos, por lo que se incluye dentro de los llamados "retratos grises".


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