Catedral de Plasencia. Retablo Mayor

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Datos principales

Fecha 
1625-30
Material 
Tipo 
2

Esquema relacional

En noviembre de 1624 Gregorio Fernández se compromete a hacer un inmenso retablo para la catedral de Plasencia. Es el trabajo más complejo que abordó, en unos momentos cruciales, tanto que hasta un año después no fue a la localidad para medir el espacio y tener el conocimiento del tipo de retablo que necesitaba esa capilla mayor. Dos asiduos colaboradores, Cristóbal y Juan Velázquez, realizaron la arquitectura. Terminar tamaña empresa se transformó en una fuente de sufrimiento: sus enfermedades ya eran patentes y el cabildo de Plasencia, receloso de que no pudiese acabar la obra, envía emisarios con frecuencia para influir en la ya de por sí voluntariosa actitud del maestro. La realidad al fin se impuso y se paralizó el problema de las continuas dilaciones en el tiempo al cambiar el proyecto inicial e incluir en el retablo cuatro grandes lienzos. Para ello contrataron a uno de los mejores pintores del país, Francisco Rizzi. Las modificaciones se impusieron bien y el resultado es que este retablo es uno de los mejores existentes en España. La arquitectura, escultura y pintura están en consonancia maravillosa, en una armonía rara de encontrar en obras semejantes. La iconografía es una lección de la Iglesia contrarreformista que intentó resaltar el historicismo de la Iglesia como institución. En el centro, el origen de toda fe, la Virgen rodeada de sus padres, San Joaquín y Santa Ana; al lado, los patronos del obispado y a continuación los patrióticos santos: Santiago, san José y santa Teresa, todos ellos enmarcados por las potestades angelicales. Todo este programa se justifica porque debajo está el gran misterio, el de la Muerte en la Cruz. Hay una magnífica concordancia entre los temas y la solución técnica de la talla; a la Asunción se le da un papel esencial y la talla es una réplica de la que hizo en Miranda do Douro. El espacio en el que se mueven las esculturas centrales es el de movimientos más bruscos, sobrevuelan, rebasan los tableros. Es un espacio barroco tan complejo como el mensaje teológico. Si nos detenemos a comparar unas imágenes con otras, las mejores calidades artísticas están en las cabezas, parecen ser las que salieron de la gubia del maestro, mientras es lógico pensar que los cuerpos fueran obra de los ayudantes de su taller.


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