Arbol de los cuervos

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Datos principales

Fecha 
h. 1822
Material 
Dimensiones 
54 x 71 cm.
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Esquema relacional

Desarrollo

Este recuerdo de la muerte es una de las principales obras de Friedrich, quien en 1822 había alcanzado su plena madurez. Su motivo central es una vieja encina, con sus ramas muertas o rotas, recortadas frente a un colorido atardecer. Los árboles jugaron un papel destacado en la obra del artista, quien realizó numerosos estudios del natural, a veces asociados, como en este caso, a túmulos; ya fueran sauces, álamos, encinas, robles o castaños, sus figuras individualizadas pueblan sus lienzos y sepias, hasta el punto de constituir el motivo principal en obras como Paisaje con un árbol solitario o Roble en la nieve. Éste, en concreto, procede de un dibujo de 1809, realizado en Neubrandenburg con motivo del viaje que hizo a su patria poco antes de la muerte de su padre; otros dibujos aprovechados datan de 1808 y 1809. A la izquierda, en la lejanía, se distinguen los acantilados cretáceos de Arkona en la isla de Rügen. El roble se asienta sobre un túmulo, un Hünengrab, es decir, un "túmulo Huno", como se llamaban en la época - en alusión legendaria al belicoso pueblo asiático - tal y como consta en una inscripción en la parte posterior del lienzo; es símbolo pagano, de la fugacidad de la propia individualidad humana. A las ramas se aproximan algunas cornejas, aves de mal agüero, mensajeras de la muerte. La encina se abre fuera del límite del lienzo, hacia arriba y la izquierda, dejando espacio visible hacia el fondo. La encina posee un concreto significado cristiano, invertido en esta ocasión por Friedrich a su sentido negativo; según San Judas, los caídos en herejía son " árboles de otoño sin frutos, dos veces muertos, arrancados de raíz".


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