Alegoría de la Eucaristía

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Datos principales

Fecha 
1656
Material 
Estilo 
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Esquema relacional

Desarrollo

La doctrina de la Iglesia católica pedía a los artistas que acercaran los misterios de la religión a los fieles menos educados. Éste sería el caso del lienzo que Herrera el Mozo pintara en 1656 para una de las numerosas Hermandades de Sevilla. Siendo encargo de un colectivo particular y no de una congregación eclesiástica, el tono del lienzo es mucho más popular que las complejas elucubraciones teológicas de obras pintadas tan sólo unos años antes. Herrera refleja de manera alegórica la esencia de la Eucaristía, el principal rito cristiano: la hostia se presenta en un sagrario de oro como elemento de unión entre el cielo y la tierra, representada por varios santos de devoción popular. El artista presenta los rasgos más innovadores del nuevo Barroco sevillano, con una pincelada extremadamente fluida que crea masas de color ligeras, libres frente al dibujo y la forma estricta, como ocurría en la obra de Zurbarán por ejemplo. Los personajes se han desplazado del centro del cuadro, quedando casi en sombra y de espaldas. Sorprendentemente, el centro y la mayor parte de la superficie pictórica están vacíos, tan sólo ocupados por el cielo y las nubes. El tono es exaltado, alegre, triunfante, según los postulados del Barroco italiano, en especial del Idealismo tamizado por la sensualidad del color heredada de Venecia, y que tan bien supo aprovechar Murillo en sus obras.


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