Colegio de las Teresianas

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Datos principales

Fecha 
1888-1894
Lugar 
Dirección 
C/ Ganduxer, 85
Localización 
Barcelona

Desarrollo

El Colegio de la Teresianas fue construido en un solar de Sant Gervasi de Cassoles, en las afueras de Barcelona. El edificio con aspecto de fortaleza, fue encargado, inicialmente en 1887, por el padre Enric d'Ossó i Cervelló (1840-1896) -fundador de la Orden Teresiana para la Enseñanza de Niñas, el 12 de octubre de 1873-, a otro arquitecto -presumiblemente Joaquim Codina i Matalà, ganador de la Medalla de Oro de la Exposición Universal de 1888-. No se sabe cómo llegó el encargo a manos de Gaudí, aunque se cree que sería por mediación de un amigo común de ambos, Joan Grau de Vallespinós, entonces obispo de Astorga, para quien el arquitecto estaba realizando el Palacio Episcopal. Cuando Gaudí se hizo cargo de las obras, el futuro colegio había alcanzado la altura del primer piso. Un tanto condicionado por las partes construidas, concibió el resto del edificio como una estructura de tres pisos más, compacta y austera por el exterior, reservando para el interior soluciones más transparentes y ligeras, como el corredor de esbeltos arcos parabólicos de la primera planta, formas derivadas de una muy personal interpretación del estilo gótico. La austeridad de la fachada se ve suavizada por la decoración obtenida con los propios materiales de construcción, sin ningún tipo de revestimiento, mampostería de piedra y ladrillo, combinados formando amplia franjas, que señalan cada una de las divisiones en altura. En la zona superior, el edificio está coronado por una línea continua de almenas, que antaño estuvieran rematadas por birretes doctorales -indicadores de la sabiduría-; y sobre los ángulos de las esquinas -donde se han incluido el anagrama de Cristo y el escudo de la comunidad de cerámica policromada-, se yerguen altos pináculos, base y soporte de cruces cerámicas de cuatro brazos y con flores de ciprés -símbolo de la fortaleza de la Santa-, que, a partir de este momento, se convertirán en un elemento habitual del lenguaje gaudiniano. Destaca entre tanta severidad ornamental, los trabajos de forja de ventanas del acceso principal, cuyos hierros se retuercen en helicoides y formas vegetales para crear un digno marco a los símbolos representativos de la Orden: el corazón de Jesús lacerado por la corona de espinas y el de Santa Teresa, atravesado por la saeta del amor, flanqueando ambos el Monte Carmelo, y semejantes a los dispuestos en las partes altas de las esquinas de la fachada. A pesar de la simplicidad de los materiales, Gaudí mantuvo discusiones con su cliente por los costos de la edificación, hasta el punto que -según cuentan- el arquitecto aconsejó al sacerdote que se dedicara a oficiar misa, que ése era su trabajo, y que le dejara tranquilo para que él pudiera hacer el suyo. Algún tiempo después, en 1908, la Congregación requirió de nuevo los servicios del arquitecto, para la construcción de la capilla. En esta ocasión no llegaron a un acuerdo porque Gaudí, buen conocedor de la liturgia -ya desde su época de alumno de las Escuelas Pías de Reus-, no compartió, en absoluto, el deseo de la Madre Superiora de emplazarla en el primer piso y no a pie de calle, como corresponde a un edificio religioso. Declinó la invitación, y el trabajo lo realizó Gabriel Borrell i Cardona -arquitecto y profesor de la Escuela de Arquitectura- conforme a la decisión de la religiosa. Actualmente, el edificio conserva su función primera como centro de formación de jóvenes.


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