Arcaico

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Datos principales

Estilo 

Desarrollo

La pintura griega se inicia como complemento decorativo de la arquitectura. El largo transcurso del tiempo y el hecho de estar expuesta a la intemperie ha hecho que apenas se conserven ejemplos, salvo en circunstancias excepcionales, como las tumbas excavadas en la roca. Las pinturas arcaicas más antiguas que se conocen son unas placas de terracota decoradas que adornaban el templo de Thermon, y que hoy se encuentran en el Museo Nacional de Atenas. Son aproximadamente del 630 a.C. Posteriores a estas placas se conocen varios conjuntos de pintura mural, todos ellos de tumbas subterráneas o hipogeos, excavados en la roca viva. Hacia el 530-525 a.C. se pintaron los frescos mitológicos de la tumba Ifkivel en Jonia. Son muy similares a los que de la misma época se pueden encontrar en Etruria. Los dioses comienzan a identificarse mediante atributos, como el casco para Atenea o las alas en los pies para Mercurio. Además, se inaugura una iconografía particular funeraria, consistente en figuras apotropaikos, que significa "protectoras": son monstruos y animales mágicos que protegen el alma del difunto y su ajuar de la tumba frente a posibles profanadores. Los animales apotropaikos más frecuentes son la Gorgona o Medusa, con su cabeza llena de serpientes y su mirada petrificadora; la Sirena, diferente a la que hoy conocemos: no es una mujer con cola de pez sino de ave; y la Esfinge, animal de raíz oriental y egipcia, muy presente por el contacto comercial con los fenicios. Además de estos ejemplos, la pintura sobre tabla, de casi milagrosa conservación, se aplicaba para estelas funerarias, de colores planos y figuras sencillas, como un guerrero o una dama. O las tablas de Pitsá, un santuario en Corinto, que se cree eran exvotos para el altar. Durante el Arcaico, sin embargo, lo más conocido fue la cerámica. Moldeada sobre una pasta rojiza, amarillenta u ocre, según la región, se pintaba con barnices negros, lo cual hace que se la conozca como cerámica de figuras negras. Se origina en el siglo VII en Corinto, como el productor de mayor calidad, sobre una base amarillenta. Sin embargo, circunstancias políticas bloquearon el istmo tutelado por Corinto, en beneficio de la economía ateniense. Comienza, pues, una producción ática en cerámica rojiza, al tiempo que la corintia decae en calidad, llegando incluso a barnizar sus piezas de rojo para imitar las áticas. La importancia de la cerámica radica en una reunión cultural que se celebraba con cierta regularidad entre los griegos: el symposio. Consistía éste en un banquete que duraba toda la noche, abundantemente regado con vino. Sólo podían asistir hombres en calidad de invitados, y mujeres en calidad de diversión: hetairas y bailarinas. El symposio se convirtió en una reunión en la cual se intercambiaba información y conocimiento. Los recipientes para servir, escanciar, acumular, distribuir, etc. proliferaron tanto como la imaginación. Las Hydras se dedicaban al agua, las Anforas al vino, las Cráteras a la mezcla de ambos líquidos (se mezclaba el vino con agua para prolongar la reunión y la consciencia de los asistentes hasta el amanecer), ... Cuando en el siglo VI Atenas toma el relevo de la producción corintia, en principio no se orienta a abastecer la tradición del symposio. El barrio de los alfareros estaba al lado del barrio funerario, y sus vasijas eran mayoritariamente Canopos y Lekytos para contener los ungüentos, ofrendas y restos del difunto. Sin embargo, la demanda provocó un florecimiento espectacular de la cerámica. El mismo nombre de "cerámica" proviene de este barrio ateniense, llamado "Zherámiko", puesto que en él se levantaba un templo al héroe Zhéramos. El estilo de los pintores de vasijas se puede agrupar por generaciones. La primera es la de los Maestros Miniaturistas, del 580 al 550 a.C., que trazaban en todo el cuerpo del recipiente frisos de figurillas esquemáticas, meramente decorativas, sin organizarse en escenas. De los miniaturistas destacan sobre todo Sófcilos y Clitias. Tras ellos, del 550 al 530 a.C., vienen los Maestros Monumentales, que trazan menos figuras, de mayor tamaño y configurando escenas, en las cuales se introduce un ligero dramatismo como en la vasija de Ulises y Polifemo. Aparecen temas mitológicos, de batallas y sobre todo, dionisíacos: Dionisos es el dios del vino, patrón por tanto del symposio. Los pintores más conocidos de esta generación son Nearco y Lidos, así como Exequias, dedicado a la cerámica funeraria. Del 530 al 515 surgen los Maestros Bilingües: comienza a trabajarse la cerámica engobada en negro y pintada en rojo, con lo cual pueden hacerse vasijas de figuras negras o de figuras rojas. De los bilingües destacan el Pintor de Andécides, Psiax y Epicteto. Hacia el 510-500 surge la denominada generación de los Pioneros, que ya sólo trabajan la cerámica de figuras rojas sobre fondo negro. Las figuras ya son armónicas, proporcionadas, y se observa un naturalismo que les lleva a detallar musculaturas, vestidos y otros detalles. La forma de organizar los espacios pictóricos remite a la de los escenarios teatrales, un espectáculo universal en la Antigua Grecia. Hubo dos grandes pintores enfrentados entre sí: Eufronio y Eutímides, ambos de indudable calidad. La rivalidad llevó a Eutímides a firmar una de sus ánforas de la siguiente manera: "Esto no lo hizo nunca Eufronio", considerando innecesario tras esa demostración poner su propio nombre. Tras esta generación, la del 500 al 480 a.C. se limita a perfeccionar el espacio y las anatomías. Destacan el Pintor de Cleofrades, el Pintor de Brygos y Douris. Los avances ya han de buscarse en el siguiente período, el de la Grecia Clásica


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