Las islas azucareras

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Datos principales

Inicio 
1700DC
Fin 
1810DC
Rango 
1700DC to 1810DC
Periodo 
América borbónica

Desarrollo

Los dominios franceses en el Caribe comprendían Saint-Domingue o la parte occidental de la isla dominicana y numerosas islas antillanas, como Guadalupe, Martinica, San Martín, San Bartolomé, Dominica, Santa Lucía, San Vicente y Granada, en las cuales se había logrado desarrollar una buena economía azucarera, capaz de competir ventajosamente con la de Brasil y las otras colonias inglesas en el mercado europeo, que entonces consumía doscientas mil toneladas de azúcar. La importación masiva de esclavos, la construcción de trapiches y de fábricas azucareras cambiaron su fisonomía y las convirtieron en verdaderos emporios de riqueza, lo que despertó la ambición de los ingleses. Empezó entonces un incesante trajín de ocupación, devolución, conquista y reconquista de tales islas que duró hasta las primeras décadas del siglo XIX. Durante la guerra de los Siete Años, los ingleses conquistaron todas las islas francesas menos Saint- Domingue: en 1759 Guadalupe, en 1761 Dominica, en 1762 Martinica, Santa Lucía, San Vicente y Granada. Devueltas luego, en 1763, gozaron de un trato privilegiado por parte de París, que las autorizó a comerciar directamente con la metrópoli instalando tres gobernadores en las más importantes de ellas: Saint-Domingue, Martinica y Guadalupe. A partir de entonces, Francia vio ocupadas y recobradas sus islas en casi todos los conflictos surgidos con Inglaterra. Saint-Domingue tuvo su gran despegue poblacional y económico a lo largo del siglo. Su población creció de unos 83.000 habitantes en 1730 a 520.000 en 1789. De este total 452.000 eran esclavos, 40.000 blancos (su número disminuyó a 30.000 a fines de siglo) y 28.000 libertos. Entre 1750 y 1789, entró en ella más de un millón de africanos, repitiéndose aquí el fenómeno observado en Brasil de un escaso crecimiento vegetativo, que obligaba a mantener una enorme inmigración para sostener casi constante el número de esclavos. La separación entre blancos (7,6% de la población) y negros era absoluta y la sociedad era totalmente rural, emergiendo los poblados de las plantaciones. Los grandes propietarios vivían en París y administraban sus plantaciones mediante mayordomos. Mantenían también en la isla algunas viviendas ostentosas a las que iban esporádicamente para supervisar sus intereses. Durante el último cuarto del siglo XVIII, los blancos empezaron a preocuparse por el aumento de los negros libres. Se dieron entonces algunas medidas severas contra los esclavos huidos y discriminatorias para la población de color, impidiéndoles portar armas, casarse con blancas, etc. Desde 1771 se prohibió a los negros acceder a determinadas profesiones, usar algunas ropas y sentarse en lugares relevantes durante los actos públicos. La economía azucarera creció vertiginosamente, aprovechando el soporte dominicano español, que suministraba carne, alimentos y animales de tiro, comúnmente llegados de contrabando. Saint-Domingue extendió luego su radio de acción a la costa venezolana, Puerto Rico y otras colonias españolas, además de las norteamericanas, importando mulas, carne salada, cueros, trigo, etc. a cambio de azúcar morena (demandada en las colonias españolas) o blanca. El régimen de plantación devoraba todas las tierras existentes y los esclavos seguían fluyendo a miles. Parecía que el sistema no tocaría nunca techo. En 1789, la colonia exportó 54.644.010 libras de azúcar blanca, 107.609.296 libras de azúcar morena, 25.749 barriles de melaza y 598 barriles de ron. Otros cultivos apreciables fueron el café, el algodón y el índigo, de los que se exportaron 88.360.502, 8.405.128 y 901.958 libras respectivamente. Su enorme tráfico comercial hizo que la isla se convirtiera incluso en reexportadora de productos de otras colonias españolas o inglesas. Saint-Domingue exportaba, así, 600.000 libras de cacao, 29.606 cueros al pelo, 80.000 libras de cañafístula, 5.000 libras de conchas de carey, etc. La isla se administraba por un Gobernador, auxiliado de un Consejo en el que tenían participación algunos plantadores, y por un Intendente. Ante las tensiones existentes con la vecina Santo Domingo, se realizó un acuerdo de límites en 1776. La Revolución Francesa conmocionó a negros y plantadores y preparó el camino de la emancipación. En 1795, Saint-Domingue se anexionó el Santo Domingo español en virtud del Tratado de Basilea. No tardaría mucho en surgir la guerra de razas que arruinaría la mayor sacarocracia existente en el mundo a fines del siglo XVIII. Guadalupe comenzó el siglo con el despertar de su economía azucarera gracias a la importación de esclavos, a la creación de ingenios y a la construcción de fábricas para la elaboración de azúcar. Su gobernador Jean Baptiste Labat fue el gran impulsor de la misma. La isla fue conquistada por los ingleses en 1759, pero esto no motivó ninguna recesión. Antes al contrario, los ingleses introdujeron treinta mil esclavos en cuatro años y abrieron a los guadalupanos sus mercados. En 1761, había 318 ingenios en sus zonas oriental y occidental: dos años después se construyeron cien nuevas refinerías de azúcar. Por entonces, Guadalupe exportaba 24.400 toneladas de dicho producto. El auge guadalupano despertó los recelos de los cañicultores ingleses, que presionaron para que se devolviese a Francia la isla en la Paz de París (1763). Tampoco decayó su economía por ello, ya que Francia había reducido su potencial colonial y necesitaba importar grandes cantidades de azúcar y melazas. En 1767 Guadalupe exportaba 77.000 toneladas de azúcar. La Revolución Francesa trajo posteriormente el enfrentamiento de monárquicos y republicanos. La metrópoli convirtió la colonia en base de su guerra marítima en el Caribe y fue conquistada por los ingleses en 1810. Martinica fue una especie de capital de las pequeñas antillas francesas. Todas las flotas con destino a las Islas del Viento debían recalar a la ida o a la vuelta en su capital, Saint-Pierre. Asimismo, debían ir a ella los navíos negreros que pretendían negociar en las mismas, lo que le permitió gozar del privilegio de escoger los mejores esclavos. Martinica desarrolló una excelente economía azucarera compaginada con la cafetera, cultivo que se introdujo en 1723. La isla fue igualmente ocupada por los ingleses en 1762, que introdujeron en ella un régimen comercial privilegiado, semejante al de Guadalupe. Su prosperidad no despertó, en cambio, los recelos en los cañicultores ingleses y Londres pretendió retener la isla al sobrevenir la Paz de París, pero Francia la reclamó con insistencia y hubo que reintegrársela. Martinica fue puerto libre a partir de entonces, lo que le permitió beneficiarse del comercio con las colonias norteamericanas. En 1767 exportó 13.700 toneladas de azúcar. La Revolución Francesa amenazó gravemente la estabilidad de la isla dado el gran número de esclavos y libertos que había en ella. Los propietarios blancos agradecieron la ocupación inglesa, en 1794, que les permitió mantener su dominio y explotación. La isla fue devuelta a Francia por la Paz de Amiens y retornó a ser inglesa en 1809.


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