Holandeses: guerra de la Sal y contrabando

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Datos principales

Inicio 
1550DC
Fin 
1700DC
Rango 
1550DC to 1700DC
Periodo 
América 1550-1700

Desarrollo

La presencia holandesa en América cubrió todo el Continente y dejó dos claves colonizadoras importantes en Nueva Holanda y Brasil, como hemos estudiado. Sus corsarios azotaron la costa del Pacífico, donde intentaron varias veces realizar fundaciones de factorías-fortalezas en Chile. Su acción más perdurable fue, sin embargo, la realizada en el Caribe, adonde llegaron atraídos por el triple motivo de explotar las salinas, asaltar las flotas y los puertos españoles, y organizar una buena red de contrabando. De la batalla de la sal quedaron secuelas importantes, como la ocupación de numerosas islas. Holanda contaba con una poderosa industria de salazones de pescado (su flota arenquera aumentó de 150 embarcaciones en 1550 a 4.000 cien años después) y de carne, y consumía además mucha sal en la elaboración de manteca y queso. Carecía del producto básico, la sal, que obtenía en Setúbal (Portugal) y en Cabo Verde. En 1598, Felipe II prohibió el acceso de los holandeses a los territorios portugueses, obligándoles a buscar la sal americana. La primera flota salinera zarpó hacia el Caribe en 1599, encontrando un buen depósito en Araya (Venezuela). Al año siguiente partieron hacia allí unos 100 cargueros. La sal de Araya era mejor que la peninsular, pues era sal gema y ofrecía, además, el encanto de poder cargarla gratuitamente, sin pagar derechos, y de aprovechar el viaje para hacer algún contrabando en la región de Cumaná y en la isla Margarita. Los españoles desalojaron a los holandeses y fortificaron Araya (castillo de Santiago del Arroyo). La salina se convirtió en frente de guerra hasta 1623, cuando los holandeses la abandonaron y se dedicaron a localizar otras. Hallaron algunas en Brasil, pero de una calidad inferior, y otras mejores en la Tortuga (una isla de la costa venezolana), San Martín y el río Unare (Venezuela). La explotación de la salina de la Tortuga duró hasta 1638, cuando el gobernador de Cumaná destruyó las instalaciones holandesas y anegó la salina. En San Martín se halló sal de buena calidad, pero los españoles conquistaron la isla. La abandonaron luego en 1644 y volvieron los neerlandeses. Otras salinas importantes fueron las de Curazao, Aruba y Bonaire. El Heerem o Consejo de la Compañía holandesa de las Indias Occidentales dispuso su asalto en 1634. La operación se confió a Joannes van Walbeeck y a Pierre Le Grand. Desembarcaron y tomaron Curaçao el 28 de julio de 1634, venciendo fácilmente la resistencia de la tropa mandada por el gobernador Lope López de Morla. En 1638 tomaron San Eustaquío y Saba. Los españoles renunciaron a Curaçao desde 1648. La Paz de Wesfalia, firmada aquel año, reconoció, además, para Holanda la mitad de San Martín. Los asaltos a los buques y plazas españolas y el contrabando en el Caribe fue objetivo primordial de la Compañía de las Indias Occidentales. Durante las primeras décadas del siglo XVII, sus corsarios Cornelis Corneliszoon Jol, alias Pata de Palo, Johann Adrian Hauspater, Boudewjn Hendriks y otros fueron el terror de las plazas ibéricas en el Caribe. Piet Hey logró apoderarse de la flota de la plata en 1628, frente a la bahía de Matanzas. El corso produjo excelentes dividendos. Baste decir que la Compañía holandesa obtuvo las dos terceras partes de sus beneficios del corso, y sólo una tercera parte del comercio, contrabando y transporte de sal. Entre 1622 y 1636, sus 800 barcos de guerra y 67.000 marinos capturaron 547 embarcaciones enemigas, cuyo costo se evalúa en 6.710.000 florines. Los cargamentos apresados a tales naves fueron vendidos en Holanda por unos 30.000.000 florines. Esto demostró a la Compañía que las colonias (Nueva Holanda y Brasil) daban menos beneficios que la piratería y el contrabando, ya que la colonización obligaba a invertir en gastos defensivos y a detraer potencial de ataque. Para organizar el contrabando, se establecieron grandes almacenes de distribución de mercancías en la Tortuga y San Cristóbal (St. Kitts) y en otras islas, Curaçao principalmente. La Compañía empezó a declinar después que Portugal se independizara de España. En 1646, Holanda reglamentó su corso y, en 1647, se autorizó a la Compañía a entrar en el negocio negrero, lo que la salvó de perecer. La Guerra de los Treinta Años terminó con la paz de Westfalia (1648) y los tratados de Münster y Osnabrück. Los holandeses pasaron a ser aliados de los españoles y enfrentados a la competencia inglesa y francesa. En 1674, quebró la Compañía de las Indias Occidentales, después de haber caído en manos de sus enemigos varias factorías de África. El contrabando holandés en el Caribe subsistió y se incrementó en la centuria siguiente. Los holandeses se establecieron, en 1624, en la desembocadura del río Essequibo, mientras los ingleses lo hicieron en Surinam y los franceses en Cayena. Por la paz de Breda de 1667, se estableció el paso a Holanda de la fundación inglesa en Surinam, que formó parte de la gran Guayana holandesa.


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