Evangelización de frontera

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Datos principales

Inicio 
1600DC
Fin 
1800DC
Rango 
1600DC to 1800DC
Periodo 
América colonial
Lugar 

Desarrollo

A medida que los religiosos son desplazados de sus doctrinas de indios, convertidas en parroquias, se van ellos mismos desplazando hacia áreas más alejadas, hacia las misiones, en las fronteras de la colonización. También en esos territorios los misioneros son a la vez agentes de la hispanización y de la integración de los indios, que comenzaba por un esfuerzo de integración de los propios misioneros al aprender las lenguas indígenas. En los primeros contactos los frailes solían ir al encuentro de los indios descalzos y desarmados, y en cuanto podían hacían bautismos en masa, para la rápida salvación de las almas, y procuraban convertir a los caciques y destruir ídolos y templos. Después de los llamativos y superficiales éxitos de los primeros años, los misioneros emprenden una sistemática y dura tarea evangelizadora, que comienza por agrupar a los indios en misiones dirigidas por los religiosos. La evangelización avanza así tanto por el norte de México como por las zonas fronterizas de Chile y el Río de la Plata, y generalmente los misioneros acompañan a los soldados de los presidios o fuertes, aunque a veces la penetración es emprendida en solitario por los religiosos, limitándose luego la Corona a aprovechar esa "conquista pacífica" y asegurarla con el envío de guarniciones militares. Así ocurrió, por ejemplo, en California, incorporada a partir de finales del siglo XVII por iniciativa de los jesuitas establecidos en Sonora. En general, el modelo evangelizador puede definirse como de predicación colonizadora. Sin embargo, hay algunos casos diferentes, como las reducciones jesuíticas que, recuperando parte de la mentalidad utópica de los primeros años (ensayos de evangelización pacífica en comunidades aisladas de los españoles, de fray Pedro de Córdoba, Las Casas, Vasco de Quiroga), pretenden construir con los indígenas una sociedad completamente al margen del mundo colonial, lo que origina numerosos conflictos con las autoridades y colonos, a los que los misioneros se negaban a suministrar mano de obra. Las reducciones respondían a un mismo esquema que se repetía sistemáticamente: una amplia plaza mayor, con la iglesia, la casa de los religiosos y los edificios administrativos, y las casas de los indios dispuestas en plano de cuadrícula. Se implantó una economía agraria, de tipo colectivista, y aunque existía un cabildo y se reconocían las funciones de los caciques, eran los religiosos quienes dirigían todo, incluso en los pequeños detalles. El resultado fueron unas comunidades artificiales ("invernaderos humanos"), en las que los jesuitas educaron y protegieron a sus indios y los trataron como a eternos menores de edad. Inauguradas en 1607 con la fundación de la primera reducción en Paraguay, los jesuitas siguieron extendiendo el modelo durante todo el siglo XVII: 1614, Tarahumara, Sonora y Sinaloa (norte de Nueva España); 1659, Los Llanos y Casanare (Orinoco); 1682, Moxos (selva boliviana); 1695, California; 1700, Mainas (selva amazónica quiteña). Todas ellas permanecían al producirse la expulsión, en 1767, cuando el número de reducciones jesuíticas alcanzaba, según Barnadas, los 182 centros, que agrupaban a más de 230.000 indios, correspondiendo 130.000 a las reducciones del Paraguay (indios guaraníes), 40.000 a las de Moxos, 22.000 a California y 19.200 a Mainas (no hay datos para Casanare). Precisamente el auge de las reducciones y su autonomía, que llevaba a algunos a definirlas como el Estado jesuítico o un Estado dentro del Estado, se esgrimió también como pretexto político de la expulsión de la orden, que desde luego no era más poderosa en las colonias que en la metrópoli. Los franciscanos fueron la otra gran orden misionera en Indias. Atendieron también amplísimos territorios en toda América, desde California hasta Chiloé, con misiones en Texas, Arizona, Nuevo México, Nayarit, Zacatecas, Cuzco, Carabaya, Urubamba, Huallaga, Araucanía, etc. A partir de 1767 los franciscanos se hicieron cargo de muchas de las antiguas misiones jesuitas, como las de California (que compartieron con los dominicos), Los Llanos, Chiriguano y algunas de Paraguay (donde dominicos y mercedarios se hicieron cargo de otras). Destaca especialmente la expansión franciscana por la Alta California (San Francisco, Los Angeles), protagonizada por fray Junípero Serra.


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