Escultura y lapidaria

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Datos principales

Inicio 
1AC
Fin 
1AC
Rango 
1AC to 1AC
Periodo 
teotihucano

Desarrollo

Los teotihuacanos, en claro contraste con la tradición olmeca, prestaron poca atención a la escultura monumental en piedra, aunque pudieron existir grandes tallas adosadas a los tableros que hoy se han perdido. La poca que hay repite las rígidas concepciones del mensaje arquitectónico lanzado por la élite. Por eso las piezas son geométricas y pesadas. Hasta ahora, la pieza más importante, una cariátide, está asociada a la Pirámide de la Luna y fue utilizada como elemento arquitectónico, viendo algunos autores en ella un posible antecedente de la diosa azteca del agua, Chalchiuhtlicue. De singular importancia es el Marcador de La Ventilla, única evidencia hasta el momento, junto con una breve escena del mural de Tepantitla, del juego de pelota en la ciudad. Su decoración de volutas manifiesta la influencia de la Costa del Golfo, la cual también está reflejada en glifos y otras manifestaciones presentes en el arte mural. Sí hubo, sin embargo, una gran dedicación a la lapidaria, mediante excelentes trabajos de máscaras hechas en piedras duras (serpentinas, diorita y ónice) que fueron complementadas con mosaicos de turquesa y coral, y por el empleo de concha nácar y obsidiana para configurar los ojos. Aunque ninguna de ellas ha sido encontrada en contexto, por lo general se admite su función funeraria. Presentan la misma rigidez de la escultura, y algunas muestran rasgos personalizados. En otro orden de cosas, los artesanos de la metrópoli realizaron miles de figurillas de cerámica que, a partir de la quinta centuria, coincidiendo con procesos de secularización, expansionismo y militarismo, fueron realizadas con moldes para abastecer la creciente demanda. Mantienen un canon de rostro triangular, una concepción horizontal expresada en los ojos y la boca, y una pequeña depresión en la parte alta de la cabeza que se puede ver asimismo en los murales y, aunque manifestando cierta continuidad con la tradición formativa, denotan el paso a una religión más rígida y estructurada. Continúa su relación con la fertilidad de la tierra, pero poco a poco se van representando divinidades y sacerdotes con sus atavíos de culto. En otras, se representan hombres desnudos en actitud de movimiento o individuos sentados con las piernas cruzadas que guardan una simetría bilateral. Al final de la etapa, prevalecerán las imágenes de guerreros, en clara consonancia con los diseños de los murales y, tal vez, como consecuencia de la preeminencia de los militares en la organización de la ciudad y de las dificultades que originaron su decadencia.


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