El reconocimiento aliado

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Datos principales

Inicio 
1939DC
Fin 
1945DC
Rango 
1939DC to 1945DC
Periodo 
Arnhem/Ardenas

Desarrollo

Hasta 1943 el movimiento partisano estuvo prácticamente aislado del exterior. El Gobierno yugoslavo de Londres había reconocido a Mihailovic como jefe de la resistencia y lo mismo habían hecho los británicos. Hasta comienzos de 1944, los "chetniks" mantuvieron entre ellos a oficiales de enlace aliados y recibieron armas y dinero en grandes cantidades. También los rusos -que se esforzaban en mantener buenas relaciones con el Gobierno real- reconocían al coronel serbio. Durante mucho tiempo los dirigentes de la Komintern, encabezados por Dimitrov, intentaron convencer a Tito de que ampliara sus bases políticas y se sometiera a la autoridad del anticomunista Mihailovic. La respuesta a las lógicas evasivas de líder partisano fue negarle cualquier tipo de ayuda. A esta ceguera política de los aliados contribuía la torpe actuación de los alemanes, quienes, al contrario que los italianos, perseguían a los "chetniks" en los territorios que ocupaban. Desengañado de los rusos, Tito se volvió hacia los británicos en demanda de colaboración. No obtuvo resultados durante los dos primeros años, pero desde los inicios de 1943 las autoridades británicas comenzaron a recibir informes sobre el verdadero carácter del movimiento "chetnik". La Asamblea de Bihac, por el contrario, demostró la pujanza del movimiento antifascista impulsado por los comunistas. El desenlace de la guerra en África movió a Churchill a establecer contacto con el mando partisano. Durante la cuarta ofensiva, una misión militar encabezada por el capitán William Stuart logró llegar hasta Tito. Los informes recogidos sobre la colaboración de los hombres de Mihailovic con los alemanes fueron definitivos a la hora de demostrar que sólo los partisanos constituían una fuerza favorable a la causa aliada. En septiembre, el general británico Maclean se acreditó ante el Consejo Antifascista como representante del Alto Mando aliado. Con el reconocimiento, le empezó a llegar a Tito la ayuda. En la ciudad italiana de Bari se organizó un servicio anglo-norteamericano de aprovisionamiento de los guerrilleros. En diciembre de 1943, en la Conferencia de Teherán, los Tres Grandes otorgaron su reconocimiento oficial al Ejército Nacional de Liberación y a sus organismos políticos. Entrado ya el año 1944, los soviéticos se decidieron a enviar una misión militar que prometió alguna ayuda a los hombres de Tito. Mientras consolidaba su prestigio en el exterior, el mariscal Tito se afirmaba como el hombre fuerte de Yugoslavia. Una segunda Asamblea del Consejo Antifascista en Jajce le reconoció como comandante supremo del Ejército yugoslavo y líder político de la resistencia. A comienzos de 1944 disponía de unos 300.000 combatientes y por primera vez estaba en condiciones de tomar la iniciativa en todos los frentes. Pero aún tenía que arrostrar los últimos coletazos de los alemanes. En mayo de 1944 un ataque de comandos paracaidistas estuvo a punto de capturar a Tito y a sus principales colaboradores en su base de Drvar. Puesto a salvo en Italia por un avión ruso, Tito trasladó su Cuartel General a la isla adriática de Vis, bajo la protección de sus partisanos y de la cobertura aérea y naval de los británicos. A comienzos del verano, los partisanos lograron desbaratar la última gran ofensiva germana, en la Serbia meridional. En el mes de agosto, Tito volvió a Italia y se entrevistó con Churchill. Se mostraron de acuerdo en intensificar las operaciones contra los alemanes en los Balcanes, pero el primer ministro británico se negó a reconocer al Comité Nacional del AVNOJ si éste no accedía a negociar con el rey el futuro del país. Las negociaciones habían comenzado ya, aunque con mucha timidez. El jefe del Gobierno en el exilio, Ivan Subasic, un croata partidario del entendimiento con Tito, había visitado Vis en junio de 1944. Ambos políticos acordaron coordinar los trabajos del Comité Nacional titista y del Gobierno monárquico y se mostraron dispuestos a que "la solución final de la organización del Estado se decida por el pueblo después de la liberación del país". En agosto volvieron a entrevistarse en Italia. En aquella ocasión Tito afirmó que su único "objetivo importante era construir una Yugoslavia federal y democrática y no implantar el comunismo, como afirman nuestros enemigos". Mientras tanto, la guerra llegaba a su fin en los Balcanes. Rumania y Bulgaria se habían pasado a los aliados. Los soviéticos operaban en Hungría; los británicos, en Grecia. El 12 de septiembre el rey Pedro invitó a su pueblo a unirse a las fuerzas de Tito, que se disponían a lanzarse sobre Serbia. Al tiempo que los partisanos iniciaban la ofensiva definitiva, las tropas rusas del Tercer Frente Ucraniano y el Ejército Popular búlgaro penetraban en Yugoslavia y liberaban la ciudad de Nish. La reconquista de Serbia fue realizada conjuntamente por los rusos -que se comportaron como si estuvieran en un país enemigo- y por los partisanos. El 20 de octubre entraron en Belgrado, de donde había huido Nedic. Mihailovic, que aún conservaba a un grupo de partidarios, se retiró a las zonas montañosas de Bosnia, y pudo mantenerse allí varios meses antes de ser capturado. El avance por el valle del Sava fue lento y costó serias pérdidas humanas a los partisanos. Los alemanes y los "ustachis" se defendían con el valor de la desesperación. Hasta el 5 de mayo de 1945 las tropas de Tito no pudieron atravesar la línea Zvonimir, que defendía Zagreb. Al día siguiente, el Poglavnik -que acababa de realizar un último baño de sangre entre sus súbditos de origen serbio- abandonó su capital seguido por unos 400.000 partidarios. Detenidos por los británicos y neozelandeses, que habían alcanzado Eslovenia, fueron entregados a los partisanos, que a su vez terminaron ocupando el sur de Austria y la mayor parte de Istria. Más de 50.000 nacionalistas croatas y varios miles de "chetniks" fueron ejecutados como criminales de guerra. Nedic y Mihailovic pagaron con sus vidas su actuación durante la contienda.


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