Dinamarca

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Datos principales

Inicio 
1500DC
Fin 
1600DC
Rango 
1500DC to 1600DC
Periodo 
Expans europea XVI

Desarrollo

Junto a Polonia y a Suecia habría que destacar en el espacio báltico a Dinamarca, teniendo en cuenta fundamentalmente que a finales del siglo XV y comienzos del XVI constituía uno de los poderes sobresalientes de la zona. Desde 1397 existía la Unión de Kalmar que englobaba a los Reinos de Dinamarca, Suecia y Noruega, siendo la Monarquía danesa la cabeza dirigente de la asociación, lo que produjo el descontento de los otros miembros, mayormente de aquellos sectores que no aceptaban el dominio danés. Aunque en Noruega también se produjo esta oposición, sería en Suecia donde cobraría cuerpo una mayor resistencia a los intentos hegemónicos de Dinamarca, que se manifestarían con toda nitidez en la actuación de su rey Cristian II (1513-1523), cuñado del emperador Carlos V, deseoso de fortalecer su autoridad y de impulsar la formación de un Estado centralizado, unitario y con tendencia absolutista, es decir, de características similares al que estaba siendo levantado por las potencias occidentales. Con el pretexto de hacer cumplir la excomunión lanzada por el papa León X contra el administrador de Suecia, Stan Sture, y sus partidarios, defensores de la separación sueca, que a su vez habían depuesto de su cargo al arzobispo de Upsala, Gustavo Trolle, partidario de la Unión, el soberano danés invadió Suecia proclamándose también allí rey y llevando a cabo a continuación la matanza de sus enemigos en el llamado "Baño de Sangre de Estocolmo", que tan negativas consecuencias traería para sus aspiraciones. Casi de inmediato se produjo una sublevación general contra su persona que supuso por de pronto el rompimiento de la Unión, desligándose Suecia de los destinos de Dinamarca y Noruega. La protesta se extendió igualmente a su propio territorio, pues la nobleza danesa aprovechó la difícil situación en que se encontraba el monarca para destronarlo, nombrando a su tío Federico I (1523-1533) como sucesor. Este renunció a las pretensiones danesas sobre Suecia y fue el impulsor de la penetración del protestantismo en el país, medida que ahondaría las luchas internas estamentales, ya que si la aristocracia era partidaria de adoptar la doctrina luterana, que tan buenos beneficios económicos le iba a producir, el clero y una buena parte de los sectores populares mostraban una mayor predilección hacia el catolicismo. Así pues, la disputa religiosa vino a sumarse, superponiéndose, a las tensiones sociales y a la lucha por el poder que desde tiempo atrás se estaban dando. Todo esto pudo comprobarse claramente tras la muerte de Federico I, cuando se abrió otra de las repetidas crisis sucesorias en la que se dejaron entrever diversas motivaciones y la intervención de personajes enfrentados en función de sus distintos proyectos. Cristian II pretendió recuperar el trono utilizando su vinculación con la familia imperial y el apoyo que le ofrecieron determinados grupos burgueses conectados con el comercio internacional, pero no lograría su objetivo al salir triunfador en la disputa política uno de los hijos del monarca fallecido, Cristian, que contaba por su parte con la ayuda sueca y de la nobleza danesa. Cristian III (1537-1559) sería el que definitivamente, una vez asentado en el trono, impusiera el luteranismo en Dinamarca y secularizase los bienes eclesiásticos, provocando con ello un incremento notable de los ingresos estatales, ya de por sí bastante cuantiosos gracias a lo que se obtenía de los peajes del Sund, enriquecimiento paralelo al que experimentó la nobleza, también ampliamente beneficiada con la secularización de las tierras de la Iglesia, muchas de las cuales pasaron a engrosar sus ya extensos patrimonios señoriales. Una Monarquía rica y una aristocracia agradecida, asimismo poderosa, durante una buena parte del Quinientos constituyeron los soportes del andamiaje político danés, que se vio favorecido por lo demás con el desarrollo económico que se experimentaría por entonces. El reinado de Federico II, iniciado en 1559, transcurriría por estos cauces favorables, convirtiéndose Dinamarca en una de las potencias de la Europa septentrional.


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