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Datos principales


Rango

Renacimiento Español

Desarrollo


La obra de la sillería de la catedral de Toledo absorbe la última actividad de Felipe Bigarny, muerto en 1542, en tanto que la del sepulcro de Tavera consume la de Berruguete, que muere en esta ciudad el año 1561. También Siloe se aparta de los tradicionales centros castellanos y sólo de forma esporádica trabaja fuera de Granada, donde muere el año 1563. Puede decirse que hacia los años medios del siglo XVI el Renacimiento español se ha definido en todas sus regiones merced a la labor dispersa de estos grandes maestros, y a partir de entonces van perfilándose centros diversos de la actividad escultórica castellana con peculiaridades propias, destacando el de Valladolid por la obra de Juni. La obra de Siloe y Berruguete influye en la escuela palentina, de uno de cuyos maestros, Juan de Valmaseda, se ha destacado su intervención en el retablo mayor de su catedral, su Calvario, de figuras secas como sarmientos, en la línea del expresionismo goticista. En esta escuela desarrolla su primera actividad Francisco Giralte, su maestro más representativo. Criado de Berruguete, con el que colabora en la sillería de la catedral toledana, reside en Palencia unos años hasta su traslado a Madrid. Su retablo de la capilla del doctor Corral, en la iglesia de la Magdalena de Valladolid, muestra su sabiduría en el arte de la retablística y de la composición, con figuras de potentes anatomías en actitudes muy manieristas.

Su enfrentamiento con Juni a causa del retablo de la Antigua quizás decidió su marcha a Madrid, que ya se presentaba como mercado atractivo para los artistas. En el retablo de la capilla del Obispo de Madrid las masas corpóreas apagan el fuego berruguetesco en actitudes más serenas. La magnífica Piedad muestra su interés por el desnudo. La serie de sepulcros del fundador de la capilla y de sus padres es obra cumbre del arte funerario español, donde los bellos niños cantores que aparecen a los lados del arco que cobija al obispo orante atestiguan su conocimiento de lo italiano y su perfecta técnica del tratamiento de materiales duros, como el mármol. Otras escuelas como la de Toledo, siempre activa, se reaviva con la llegada de Berruguete y Bigarny. De rico patrimonio gótico como Burgos, pronto asimila la lección de estos maestros y así Gregorio Bigarny, el mejor colaborador de su padre. Casado con la hija de Alonso de Covarrubias interviene en diversas obras para la catedral toledana de las que destaca su bello medallón con la Imposición de la Casulla a San Ildefonso, en la silla Arzobispal del coro, ocupándose en Madrid del enterramiento del Obispo de Calahorra, don Alonso de Castilla, y otras obras para el desaparecido Santo Domingo el Real de Madrid cuyo orante y Virgen de la sacristía se conservan en el Arqueológico de esta ciudad. Juan Bautista Vázquez el Viejo, procedente de Avila, aparece trabajando al servicio de la catedral toledana desde el año de 1552.

Unido a Nicolás de Vergara el Viejo en trato de compañía que a veces se amplía a otros artistas como Alonso de Covarrubias, deja bellas muestras de su quehacer, que definió Gómez Moreno como el desdoblamiento femenino de Berruguete, en toda la diócesis de Toledo, que incluye las tierras alcarreñas. Su bella Virgen con el Niño del retablo de Almonacid de Zorita, hoy en Torrelaguna, es composición de perfecto equilibrio entre fondo y forma que habla de su probable estancia en Italia en contacto con núcleos manieristas. En su quehacer se diluye el de Nicolás de Vergara el Viejo hasta que Vázquez marcha a Sevilla el año de 1561. Su famosa obra de los atriles en bronce dorado de la catedral toledana, tasados por el propio Pompeo Leoni el año de 1572, es obra cumbre de la escultura española. Ayudado por su hijo Nicolás de Vergara el Joven y un equipo conocedor de la difícil técnica del bronce, muestra en sus bellas escenas bíblicas alusivas a la música un marierismo más atormentado que Vázquez, en sus figuras de poderosas anatomías cubiertas con paños de pliegues sinuosos que se pegan al cuerpo de actitudes clasicistas. Otros centros menores como Avila, con el sedimento de la bella labor de Vasco de la Zarza, recibe también la influencia de Berruguete a través del delicado arte de Isidro de Villoldo, que trabaja en alabastro el retablo de San Segundo y el de la Flagelación, en su catedral y que es uno de los primeros castellanos que inicia el éxodo a Sevilla el año de 1553. Los centros de Sigüenza o Cuenca, bajo la influencia toledana, también atraen a artistas de valía como el inquieto Esteban Jamete, que cubre de bella labor a la italiana el arco de la catedral de Cuenca, o Madrid, adonde se desplazan Gregorio Bigarny y Giralte.

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