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Datos principales


Rango

Renacimiento5

Desarrollo


El primer historiador que escribió sobre pintores flamencos fue el genovés Bartolomeo Facio, que estuvo en Nápoles en la corte de Alfonso hacia 1444 y que, en su obra "De Viris Illustribus" (1456), se refería a Van Eyck como "Johannes Gallicus pictorum princeps". Citaba también a Van der Weyden, pintor que además estuvo en distintas ciudades italianas en 1450. Ambos pintores fueron muy admirados en Nápoles y, por ejemplo, el espacio más representativo de Castel Nuovo, la Sala del Triunfo, estuvo decorada por los tapices de la Pasión de Cristo, de Rogier van der Weyden. La presencia de la pintura flamenca en la corte de Nápoles tuvo lugar en gran medida a través de España, donde fue por mucho tiempo objeto precioso de coleccionismo. Es significativo, en lo que se refiere a las fluidas relaciones entre los distintos reinos de Alfonso de Aragón, el que pintor de la corte napolitana fuera por ejemplo el valenciano Jacomart, que llegó a Nápoles en 1443 y pintó una obra, hoy perdida, con el tema de la Virgen apareciéndose en sueños a Alfonso durante el asedio de Nápoles. Las relaciones de la pintura del levante español con la de Nápoles explica el que puedan aparecer azulejos valencianos en el suelo de un cuadro pintado por Colantonio. En los años sesenta hubo en la pintura de esa corte una mayor influencia de modelos florentinos. Esa influencia se dejará sentir también en la pintura valenciana a través de Nápoles.

Fue por lo tanto Nápoles etapa de un camino de ida y vuelta en cuanto a las relaciones artísticas entre España e Italia: si Berruguete probablemente hizo una parada en Nápoles antes de ir a Urbino, también el napolitano Francesco Pagano trabajó en Valencia. Antonello de Messina fue el pintor más importante y expresivo de esta mezcla de tendencias que se dieron en Nápoles. Se formó primero en Messina y luego en Nápoles con Colantonio en un sistema figurativo flamenco, hasta que en 1475 viajó a Venecia donde su obra alcanzó una monumentalidad de la que carecía antes. El retrato del Condottiero parece combinar los dos sistemas por la capacidad para captar todos los detalles -hasta la cicatriz del labio- como en la pintura flamenca y por la utilización de la luz y el color que en cambio lo ligan a la pintura veneciana. Sobre la importancia de este viaje de Antonello a Venecia para la difusión de la pintura al óleo ya hemos tratado anteriormente, pero sirve para recordar ahora la cantidad de influencias e interrelaciones a considerar cuando se estudia el arte italiano de este siglo.

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