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Datos principales


Rango

Paleolítico Inferior

Desarrollo


En la Península Ibérica la presencia humana no parece corresponder a fechas excesivamente antiguas. Las evidencias de Venta Micena, en Orce, y de la Cueva de la Victoria no son suficientemente convincentes como para poder considerarlas como prueba de la presencia humana. La investigación del Paleolítico Inferior peninsular se basa fundamentalmente en los trabajos de M. Santonja. Para este autor, el yacimiento más antiguo podría ser El Aculadero en la provincia de Cádiz. Aunque, como el mismo autor plantea, se trata de una presencia aislada sin fechas absolutas o restos de fauna que los puedan situar en el tiempo. Las industrias con bifaces se pueden dividir en tres momentos. Las más antiguas aparecen en las terrazas medias-altas de los ríos del interior de la Meseta con ejemplos como Pinedo, en el Tajo, y quizá La Maya III, en el Tormes. Son industrias con bifaces gruesos e irregulares junto a hendedores simples sobre lasca cortical. También aparecen aún los cantos trabajados en grandes cantidades, mientras que las lascas presentan formas poco retocadas. No se detecta la presencia de técnica Levallois aunque sí la técnica centrípeta. Una fase posterior se detecta en las terrazas medias-inferiores con yacimientos como el clásico de San Isidro, descubierto en 1862 en el valle del Manzanares en Madrid, y Aridos en el Jarama, La Maya II y I en el Tormes, Monte Famaco y el Sartalejo en el Tajo y Albala o el Martinete en el Guadiana. Su industria presenta ya bifaces y hendedores de formas regulares junto a la presencia de técnica Levallois y una industria sobre lasca elaborada.

En un yacimiento en cueva de especial importancia tenemos los únicos restos físicos de los primeros grupos humanos en la Peninsula. Nos referimos a la Sima de los Huesos en el complejo kárstico de Atapuerca, en la provincia de Burgos. Este complejo presenta varios yacimientos, algunos de los cuales, como la Trinchera con materiales achelenses, eran conocidos desde principios de siglo. En 1976 y en otra zona del complejo, en la denominada Sima de los Huesos, T. Torres descubrió una serie de restos humanos que fueron estudiados por E. Aguirre y atribuidos a varios individuos de Homo sapiens arcaicos, con dataciones por Uranio-Torio de más de 300.000 años. Los restos parecen pertenecer a un número mínimo de diez individuos, de los que cuatro serian adultos, cuatro subadultos, uno juvenil y otro infantil. Esta concentración, una de las mayores de restos humanos conocida, es de gran interés y complejidad. ¿Cómo pudieron llegar a esa sima ese número de individuos? Nuestro conocimiento de los procesos tafonómicos hace siempre complicada la interpretación de un conjunto de esas características. La explicación más plausible parece indicar un proceso catastrófico, en el que una arroyada o un proceso igualmente brusco enterró y arrastró un grupo humano casi completo. La propia estructura por edades del conjunto podría indicar también un grupo familiar. Otros yacimientos, claves para conocer las formas de vida de los primeros grupos humanos en la Península, serán el soriano de Torralba y el cercano de Ambrona.

Las excavaciones, tras los trabajos pioneros del marqués de Cerralbo, se iniciaron en 1962 por un equipo interdisciplinar dirigido por C. Howell, tanto en Torralba como en Ambrona. EL conjunto Torralba/Ambrona destaca por la abundancia de fauna. Dentro de ella sobresale la presencia de Elephas antiquus, E. trogonterii, Equus caballus, Cervus elaphus, formas arcaicas de Bos primigenius, Dama (o posiblemente Predama), Dicerorhinus hemitoechus, así como Felis leo, Canis lupus, Rangifer y restos de aves, posiblemente Anatidae y Ciconidae. Dentro de la industria humana destaca la presencia de restos vegetales que han sido atribuidos a lanzas (semejantes a la encontrada en Clacton-on-Sea). También es interesante la presencia de huesos, trabajados por percusión, con morfología semejante a las piezas bifaciales en piedra. De la industria lítica destaca la ausencia de cantos trabajados, mientras que son numerosos los bifaces y los hendedores. El complejo de Torralba/Ambrona se presenta como un lugar de gran interés prehistórico. Sin embargo, las interpretaciones sobre estos yacimientos no siempre han coincidido. La presencia de los restos de elefantes ha sido, por un lado, utilizada para defender la identificación de los achelenses como grandes cazadores; por otro, dado el gran tamaño de los mismos, se ha postulado también que no eran grandes cazadores sino meros carroñeros. Es difícil distinguir entre ambos extremos, en general este problema nos lleva hasta los limites del propio método arqueológico.

Ambas posturas parten, en general, de los mismos datos y de los mismos materiales. El problema básico se centra en la posición del investigador: son los grupos humanos del Paleolítico Inferior capaces de atacar y derrotar a un animal de las dimensiones y la fuerza de un elefante o un rinoceronte, o bien el aprovechamiento de estos animales es tan sólo una acción de carroñeo. En general, el conjunto Torralba-Ambrona parece indicar un medio de tipo palustre o de un río de curso lento. De esta forma, se da una zona muy rica en nutrientes que será punto de obligado paro y lugar de agrupación, adonde las especies animales acuden a buscar agua y alimentos. También los grupos humanos tendrían esta zona como lugar de actividad. La presencia de restos animales ha sido interpretada como procedente de animales muertos por razones naturales o por el ataque de otros predadores no humanos. La comparación proviene de los estudios taxonómicos que se han realizado en las reservas africanas, donde el espectro de animales por dimensiones es semejante. En ellos se observa cómo los puntos de agua son un lugar donde se detecta la presencia constante tanto de herbívoros como de predadores. También son los puntos de agua el lugar central donde se detecta la presencia de animales muertos, tanto por causas naturales como atacados por otros animales. La última fase del Paleolítico Inferior, según M. Santonja, se detecta en los ríos de la Meseta Norte como El Basalito o Burganes III junto a los de los areneros de Madrid como Oxigeno, o Porzuna y El Sotillo en la Meseta Sur.

Ésta es una industria poco conocida por el pequeño tamaño de las industrias; sin embargo, se documentan bifaces retocados con percutor blando con formas simétricas de tipo micoquiense y filos rectos. Junto a ellos aparecen hendedores con retoque bifacial hechos sobre lasca Levallois. Cronológicamente, se podría situar también en este momento el nivel Achelense de la Cueva del Castillo en Cantabria. Éste se sitúa encima de una serie musteriense antigua que según V. Cabrera demuestra la contemporaneidad de ambos. Según M. Santonja la división del Paleolítico Inferior de la Península no se corresponde de igual a igual con la división clásica, lo que confirma su carácter teórico aun en los lugares definidos como clásicos en Francia. Como yacimiento situado ya en el Paleolítico Medio, aunque para algunos autores sea aún Achelense Superior, debemos citar la Solana del Zamborino en Granada. Su fauna permite una situación cronológica entre el final del Pleistoceno Medio y los inicios del Superior. En la industria destaca la presencia abundante de raederas y denticulados, lo que lo vincula al Musteriense. La presencia de bifaces cordiformes y hendedores podría hacer pensar también en su atribución a un Musteriense de Tradición Achelense con cronologías de finales del Pleistoceno Medio semejantes a las de otros yacimientos europeos.

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