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Datos principales


Rango

Barbarroja

Desarrollo


A comienzos de agosto la ofensiva alemana contra Stalingrado cobraría enorme vigor. Von Paulus, cincuenta y dos años, general culto y delicado, amante de la música clásica, excelente planificador de Estado Mayor y carente de la decisión y el arrojo que hubiera necesitado, estaba al frente del VI Ejército (para mayor claridad, los ejércitos alemanes se citarán en números romanos y los soviéticos en números arábigos) alemán, encargado de tomar la ciudad. Sus tropas asaltaron Kalach, puerta del recodo del bajo Don, sin conseguir cercar a los ejércitos soviéticos 62.° y 64°. Días después, el 23 de agosto, sus fuerzas acorazadas se apoderaron de Kachalinskaia y Duvovka. El 2 de septiembre, en colaboración con los blindados de Hoth, cerraban el cerco de Staligrando por el sur. Pero el mando soviético les preparaba una recepción adecuada. Desde mediados de julio más de 200.000 voluntarios (mujeres y hombres fuera de edad militar) habían construido cuatro cinturones defensivos, el último de ellos dentro del trazado urbano. Sobre estas líneas se apoyaría el 62.° Ejército soviético, al mando de un general que en esta batalla conquistaría el mariscalato de la Unión Soviética, Chuikov. Al sur de la ciudad se fortificó el 64.° Ejército de la URSS. Eran en total poco más de 200.000 hombres, que con la aportación del voluntariado apenas si alcanzarían los 300.000 defensores (algunos con precario armamento), apoyados por 360 tanques, 337 aviones y la artillería, su mejor baza, compuesta por unas 8.000 bocas de fuego. Contra ellos se lanzaron 250.000 alemanes y aliados, provistos de 740 tanques, cerca de 7.000 piezas de artillería y una cobertura aérea de 1.200 aviones. Pronto la ciudad experimentaría el peso de la furia hitleriana: el 23 de agosto, 600 bombarderos alemanes anticipaban lo que ocurriría en los meses siguientes: cerca de 2.000 toneladas de bombas produjeron unos 40.000 muertos y destruyeron parcial o totalmente 4.000 edificios. Luego la Wehrmacht se abrió penosamente paso entre el dédalo de fortificaciones soviéticas perdiendo tres semanas y gastando el filo de sus dientes antes de entrar en la ciudad.

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