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Datos principales


Rango

Neolítico

Desarrollo


Continuando la fase inicial, la Cultura de El Obeid cubre periodo cronológico que abarca desde el 4500 al 3700 a.C., diferenciándose geográficamente dos núcleos: el de la Baja Mesopotamia con la continuidad de los principales asentamientos de las fases anteriores y el Obeid Septentrional que tienen su centro en la zona de Asiria, con la continuidad de Tepe Gawra, y en el valle de Hamrin con los asentamientos de Tell Abada, Tell Maddur y Kheit Kassin. Constituye el periodo de máximo esplendor de esta formación cultural, que se constata por un desarrollo vigoroso de esta civilización, tanto en la propia Mesopotamia como con una expansión de sus formas materiales hacia las regiones cercanas, desde el llano de Susa a la costa mediterránea; de hecho, constituye el inicio de la pujanza de Mesopotamia en el Próximo Oriente, que va a perdurar cuatro milenios. Esta expansión coincide con el desarrollo de nuevas formas productivas relacionadas con las prácticas agrícolas, adquiriendo con la verdadera domesticación del agua la maestría de las técnicas de irrigación, sin las cuales el desarrollo de esta región no se puede comprender. Estas formas productivas se hallan en el origen de la importante concentración de la población en las aldeas, de creciente complejidad arquitectónica y urbanística, que se sitúan a lo largo de dos cursos fluviales. Los asentamientos muestran unas construcciones de tipo pluricelular de planta tripartita, construidas con adobes, y que presentan una notable homogeneidad.

La concepción de la arquitectura de la cultura Obeid se rige por el principio de simetría en el desarrollo del espacio interior, conjugado a partir de una ordenación de las habitaciones alrededor de una habitación central, la cual distribuye el sistema de circulación al resto de la construcción. Las habitaciones pueden presentar formas y dimensiones variadas, si bien la planta cruciforme con hogar sobreelevado es la más característica. La habitación central tiene siempre unas dimensiones mayores que las restantes. A los ejemplos clásicos de Tepe Gawra o de Eridu se ha unido recientemente la rica documentación del valle del Hamrin, con los yacimientos de Tell Maddur, Kheit Qasim y Tell Abada entre otros. Estos trabajos han mostrado, por otra parte, la existencia de un piso superior indicado por el espacio de acceso al mismo (hueco de la escalera) y la existencia de dos módulos en las dimensiones de las construcciones, uno al que se le atribuye una función simplemente doméstica (entre 20 y 40 m2), y el segundo, con una posición más central respecto al conjunto de la aglomeración, con el doble de superficie y, a menudo, con un tratamiento más exigente del mismo (habitaciones con revestimiento de yeso o cal pintada) cuya función es objeto de debate. En efecto, estos edificios se han considerado tradicionalmente como templos o edificios vinculados a las funciones religiosas. Recientemente, y a partir de un estudio etnoarqueológico, O. Aurenche ha propuesto una función social, atribuyéndoles una función de prestigio, representando bien la casa del jefe de la aglomeración o bien la casa colectiva de la propia comunidad.

Esta interpretación ha sido confirmada por el hallazgo de una construcción de este tipo quemada en Tell Maddur, donde el registro material y su disposición indican un uso colectivo, interpretado como casa de huéspedes o, como también se le ha llamado, una arquitectura de prestigio con vocación profana. Aparecen, pues, consolidadas las evidencias de una jerarquización del espacio, hecho que viene a confirmar la diferenciación arquitectónica observada en los yacimientos de la Baja Mesopotamia, donde a las construcciones de prestigio idénticas a las citadas se oponen unas construcciones más endebles, caracterizadas por un uso muy extenso de materiales de ribera para su construcción (juncos). Las producciones cerámicas adquieren, asimismo, un gran desarrollo, como se ha puesto en evidencia, recientemente, en el reconocimiento de áreas artesanales alfareras en Tell Abada. Las producciones siguen caracterizadas por la pasta verdosa con engobe claro en series donde dominan los cuencos, platos y pequeñas jarras, sobre las cuales se realiza una decoración geométrica oscura. La evolución de formas incide en el aumento del tamaño sobre todo para las jarras y la extrema finura de las paredes con la célebre serie de "coquille d'oeufs". Modelan también pequeñas figurillas humanas o animales cuya utilización es desconocida. Unos de las transformaciones más significativas es la aparición, por primera vez en el Próximo Oriente, de necrópolis, es decir, la existencia de espacios especializados para el depósito de las sepulturas, diferenciados y alejados del hábitat.

Las prácticas funerarias, sujetas a ligeras variantes, se muestran por el caso de Eridu, donde más de 200 sepulturas indican una inhumación individual o doble en cistas construidas con adobes y un ajuar con ofrendas de alimentos, vasos, figurillas y reproducciones de pequeñas embarcaciones que muestran la rica relación de esta cultura con el agua. Desde las fases iniciales y sobre todo para las zonas de la Baja Mesopotamia, la producción de subsistencia se caracteriza por unas estrategias perfectamente adaptadas al ambiente pantanoso de esta zona. Así, se constata un extenso consumo de peces (Eridu, Obeid, Ras Al Amiya), la caza de los animales de este mismo ambiente (aves, jabalíes) o de las zonas desérticas próximas (équidos, gacelas). Pero son, sin duda, los recursos de las nuevas formas productivas los que sustentan esta amplia población. Se constata un cultivo de la cebada y del trigo (Tell Ovelli), y una ganadería predominante de bóvidos y cerdos en menor cantidad con proporciones que, por ejemplo, en Tell Oueli llegan al 62 y 25 por 100, respectivamente. Las ovejas y cabras, mal adaptadas a este ambiente acuático, están prácticamente ausentes. La complejidad social de la cultura Obeid es indicada, al lado de los signos de jerarquización del espacio, por otros índices tales como una clara distinción entre espacio de vivos y muertos con la aparición de las necrópolis, o bien la probable existencia de grupos artesanales especializados -los mismos ceramistas, a tenor de las extensas áreas de trabajo localizadas en Tell Abada-, que indicarían una fuerte diferenciación social con un importante grado de jerarquización. Pero es, sin duda, en el marco de la producción agrícola donde de nuevo encontramos las evidencias de una organización social compleja. En efecto, la propia distribución geográfica de los asentamientos Obeid (centro y sur de Mesopotamia), así como las evidencias paleobotánicas y el registro arqueológico en general muestran una práctica generalizada de la irrigación, sistema productivo vinculado a una concertación social y potenciación de la jerarquización mucho mayores.

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