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Datos principales


Rango

Expans europea XVI

Desarrollo


A partir de 1580 el Reino de Portugal pasó a formar parte de la Monarquía hispana. Extinguida la dinastía de Avis, Felipe II hizo valer sus derechos hereditarios al trono portugués como nieto que era de don Manuel el Afortunado, frente a los otros aspirantes: don Antonio, prior de Crato, y la duquesa de Braganza. No obstante, aunque la legalidad dinástica estaba de su parte, tuvo que vencer ciertas resistencias antes de poder ser proclamado como nuevo monarca, contando para ello con la fuerza que le proporcionaba el disponer de un victorioso ejército y el ofrecimiento de la Corona que había recibido de las Cortes portuguesas de Almeirin. El vecino Reino se integraba así en los dominios españoles tras pasar por diversas fases en su evolución política. Lejos quedaba ya el provechoso reinado de Manuel I (1495-1521), correspondiente a una etapa de engrandecimiento del Estado portugués y de prosperidad para el país, sobre todo para sus clases privilegiadas y sectores mercantiles. Con Juan III (1521-1557) la situación empezó a variar, cambiándose para peor debido a una serie de problemas internos (debilidad demográfica, tensión social, problemática religiosa que afectaba al poderoso grupo de los conversos) y a las exigencias, cada vez mayores, de la ambiciosa proyección exterior derivada de la explotación y defensa de su imperio marítimo. Un momento crítico de la historia portuguesa se produjo en el siguiente reinado, el del impetuoso y quimérico don Sebastián, al intentar éste conquistar el territorio africano de Marruecos, embarcando al Estado y a sus súbditos en una empresa que resultó descabellada, sufriendo la espectacular derrota de Alcazarquivir (1578), donde el propio monarca encontraría la muerte al igual que muchos de sus seguidores, dejando por lo demás al país inmerso en un gran desconcierto, con apuros económicos y con un vacío político que su sucesor, el cardenal don Enrique, intentó llenar sin conseguirlo dando paso así a la crisis dinástica que finalmente terminó con la llegada al trono portugués de Felipe II, soberano de las Españas. Se abría de este modo un nuevo período en el devenir histórico del Reino portugués, asociado al conjunto imperial hispano aunque manteniendo sus peculiaridades políticas e institucionales, ya que el vínculo que se estableció a partir de 1580 entre España y Portugal fue una simple unión basada en la figura del monarca, en el hecho de tener un mismo soberano, sin que se produjera una verdadera unificación territorial, ni administrativa, ni judicial, manteniendo por lo tanto cada una de las partes una completa autonomía.

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