Un anciano decrépito

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Datos principales

Inicio 
1945DC
Fin 
1945DC
Rango 
1945DC to 1945DC
Periodo 
Batalla por Berlín

Desarrollo

Precisamente aquel 20 de abril cumplió Hitler los 56 años. ¿Cómo era el líder que había dominado Europa entera y que aún ordenaba a millares de hombres que marchasen hacia la muerte por su sola voluntad? Uno de los médicos que atendió a Hitler, el Dr. Giesing, dejó esta descripción del Führer. Era el 13 de febrero anterior al 56 cumpleaños: "....Estaba más viejo y más encorvado que nunca. Tenía la piel tan pálida como de costumbre y pronunciadas bolsas debajo de los ojos. Hablaba con claridad, pero en voz muy baja..." Su biógrafo, David Irving, completa las apreciaciones de esa visita: "Dos veces el Führer preguntó al médico dónde tenia a su familia y las dos veces el médico contestó: "la tengo en Krefeld, mein Führer". Hitler parecía lejano y agotado. Tenía las manos blancas y uñas exangües. Dos veces preguntó a Giesing en qué hospital trabajaba y el médico le respondió dos veces a esa pregunta..." De la misma época es esta descripción de Guderian: "Ya no era sólo su mano izquierda, sino todo el lado izquierdo del cuerpo lo que le temblaba. Caminaba con torpeza y estaba cada vez más cargado de espaldas. Sus ademanes eran lentos y como a tirones. Cuando quería sentarse, había que arrimarle una silla y empujar por detrás". Refiriéndose a esos temblores en el brazo, el propio Hitler bromeaba en una reunión con sus gobernadores y altos jerarcas nazis, a finales de febrero de 1945: "...Antes tenía este temblor en la pierna, ahora lo tengo en el brazo. Sólo me cabe esperar que no se me suba a la cabeza. Pero si así ocurriera, puedo asegurar que mi corazón nunca temblará..." Un poco posterior, justo de los días de su 56 años, es esta descripción que sobre Hitler dejó Speer: "Ahora tenía ante mi a un decrépito anciano. Le temblaban las manos y andaba encorvado y arrastrando los pies; hasta su voz era insegura y había perdido su antiguo vigor. Su forma de hablar era titubeante y monótona. Cuando se excitaba, lo cual le ocurría con frecuencia, como a la mayoría de los ancianos, los sonidos casi se ahogaban en su garganta. Seguía mostrando accesos de testarudez, que no me recordaban ya a los de un niño, sino a los de un viejo. Tenía la tez descolorida y la cara hinchada. Su uniforme, antes impecable, en aquellos últimos tiempos estaba con frecuencia desaliñado y con manchas de la comida que se llevaba a la boca con mano temblorosa..." La fiesta de 56 cumpleaños no existió. Otras veces se agolparon ante la Cancillería las brillantes comitivas de jerifaltes del partido, gobernadores, ministros, militares, representantes extranjeros. En otros cumpleaños hubo fastos populares, recepciones, banquetes y discursos. Esta vez, con Berlín en ruinas, con la artillería pesada soviética disparando sobre la capital del Reich, Hitler permaneció sólo un rato en el destartalado jardín de la Cancillería, lleno de cráteres, de restos destrozados, de vainas de proyectiles antiaéreos. Allí le esperaban una representación de las Juventudes Hitlerianas. Un centenar de muchachos de poco más de 14 años que se habían distinguido en los combates del Oder, que con sus panzerfaust habían hecho estragos en las fuerzas blindadas soviéticas. Hitler, que no podía andar treinta pasos seguidos, hizo un simulacro de pase de revista. Luego, con la voz muy apagada, dijo algunas palabras de felicitación y estrechó algunas manos, o, tal era la juventud de algunos de aquellos voluntarios, repartió algunas caricias. Pronto regresó al bunker. Allí tuvo la última gran reunión para estudiar la situación. Junto a él estaban Keitel, Jodl, Krebs, Göring, Himmler, Goebbels, Speer, Bormann, Saur, Ley, Ribbentrop, Dönitz, Burgdorf (su principal ayudante para temas militares), Koller... Keitel manifestó que, dado el cariz que tomaba la situación, probablemente estaría cortada en pocas horas la última gran carretera que marchaba hacia el sur. Era el momento de que Hitler abandonara Berlín y se dirigiera hacia su refugio alpino, en torno al cual se concentrarían los ejércitos de Schoerner, Wenck, Kesselring... Hitler no dejó argumentar mucho más a Keitel: "Sé lo que quiero. Lucharé delante de Berlín, lucharé en Berlín, lucharé detrás de Berlín..." (7)


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