Tumaco-Tolita

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Datos principales

Inicio 
1AC
Fin 
1AC
Rango 
1AC to 1AC
Periodo 
área intermedia

Desarrollo

La zona costera ecuatoriana aparentemente más inhóspita, en el extremo norte de Esmeraldas (la isla de La Tolita) y en la costa sur de Colombia (Tumaco), es también la que ha producido el arte más refinado y sofisticado de esta región del área Intermedia. La Tolita está situada en la desembocadura del río Santiago, y sus innumerables montículos arqueológicos han servido como cantera para los habitantes actuales, que prácticamente viven del saqueo. De allí proceden innumerables ejemplares de cerámica, de riquísima orfebrería de oro y platino y de concha trabajada, pero es muy poco lo que sabemos de sus realizadores, siendo las características figurillas de cerámica que realizaban el mejor vehículo, por ahora, para acceder a su conocimiento. Las figurillas Tumaco-Tolita constituyen un fenómeno único dentro del arte indígena americano, no sólo por su asombrosa cantidad sino sobre todo por la gran variedad de tipos, escenas, vestidos, adornos, en forma de una increíble colección de personajes y situaciones. Pero todas poseen una serie de características comunes que hace puedan incluirse dentro de un estilo común. Son fácilmente reconocibles por el empleo de una arcilla fina, de color gris claro, perceptible por encontrarse la mayoría de los ejemplares prácticamente lavados por la humedad del ambiente. Es general el uso del molde para la elaboración, aunque puede restringirse para alguna parte concreta de la figurilla y se encuentran ejemplares grandes modelados completamente a mano. La elaboración es generalmente cuidadosa, pero en algunos tipos el empleo intensivo del molde llega a alcanzar el grado de una verdadera producción en serie. Debieron estar pintadas de varios colores, pero en general ha desaparecido por completo. El interés se reparte por igual a lo largo de todo el cuerpo de la figura. Se trabaja con el mismo detalle la cabeza, una oreja, una mano, un pie. Es un estilo muy vivo y humano, caso único dentro del arte de Ecuador. Nos encontramos ante pequeños seres humanos llenos de movimiento y expresión que se manifiestan a través de una gran variedad de actitudes y escenas. Hay una fuerte tendencia a la representación realista que se puede atemperar en las estilizadas producciones en molde, pero que también puede desembocar en un naturalismo desenfrenado cuando se representan con toda claridad personajes ancianos y decrépitos, enfermos, amenazadores guerreros, madres llenas de ternura o escenas eróticas de todo corte. Este mundo humano y vivo cambia en las aparentes representaciones de carácter mítico o religioso. Grandes personajes, serios, sentados y cubiertos de adornos, parecen mirar a lo lejos. Monstruos, algunos de carácter felino o draconiano, deben referirse a mitos y divinidades desconocidas para nosotros. En cualquier caso está siempre presente un realismo en los detalles, un cuidado en la manufactura que revela un arte realizado por verdaderos artistas especializados. Hay figurillas aisladas de hombres, mujeres, generalmente de pie, ataviados con sencillez, destacando la representación de una mujer, con una simple y corta falda, una gran deformación craneana fronto-occipital, y el pabellón de las orejas perforado donde se insertara una espiral de metal. Hay otras figuras grandes, generalmente masculinas, huecas y sedentes que por su ornamentación y atributos parecen representar personajes de importancia. Las escenas de la vida cotidiana, en todos sus aspectos, se plasman generalmente en figurillas pequeñas llenas de vivacidad. Sobre placas se moldean figuras más estereotipadas, representaciones en serie con escenas de parejas, maternidades, escenas eróticas y probables ritos de iniciación. Y otro grupo de figurillas podrían considerarse como representaciones de carácter ceremonial, como probables danzantes ricamente ataviados, caracterizaciones felínicas, individuos con cabezas-trofeos, personajes enmascarados... Existe también toda una serie de representaciones de animales, algunas absolutamente realistas pero otras complejas entre las que se mezclan atributos animales y humanos, dando lugar a seres de aspecto draconiano o monstruoso. El felino, en múltiples variantes y actitudes, es la figura dominante. La isla de La Tolita debió constituir un foco cultural de importancia cuyas influencias llegaron hasta otras culturas contemporáneas. Su trascendencia continuó durante el período de integración y se ha supuesto que pudo ser una especie de lugar de peregrinación e incluso un puerto de intercambio comercial. Ya se ha mencionado la importancia de la concha Spondylus o mullo con el que se comerciaba desde los tiempos formativos. Se ha considerado que las figurillas pudieron constituir ofrendas de algún tipo, aunque se carece de información respecto de las circunstancias de su hallazgo. Tal vez se relacionen con enterramientos, con un culto a los antepasados, y las diferencias de calidad podrían hacer pensar que las figuras moldeadas en serie se destinaban a un público general mientras que las elaboradas cuidadosamente a mano se reservaban para las familias importantes. Pero de La Tolita procede también una enorme cantidad de objetos de cobre, oro e incluso platino y representa probablemente el primer lugar del mundo donde se trabajó este metal. Utilizaron técnicas diversas, como el laminado, el martillado, la filigrana, la soldadura, la fundición a la cera perdida y usaron con profusión la incrustación de piedras preciosas o semipreciosas, esmeraldas, ágatas, obsidianas o turquesas. Se ha encontrado una gran variedad de adornos, narigueras, orejeras, brazaletes, collares y pectorales, pero destacan unas pequeñas mascaritas, de pocos centímetros, con un rostro tanto humano como animal. Lo llamativo en ellas es la minuciosidad de su elaboración, a pesar de su tamaño, en las que se mezclan varias técnicas de trabajo, y en que muchas veces están formadas por partes separables, generalmente los adornos que acompañan a dichas cabecitas. Parece que algunos objetos estuvieron destinados al intercambio comercial y tal vez la Tolita fue también un centro de producción artística, siendo precisamente las obras de arte las destinadas al comercio antes mencionado.


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