Rusia: la búsqueda de la diferencia

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Datos principales

Inicio 
1300DC
Fin 
1450DC
Rango 
1300DC to 1450DC
Periodo 
Bizancio

Desarrollo

Precisamente es en el siglo XV cuando la pintura de iconos alcanza su madurez y brillantez artística en Rusia. Los maestros rusos habían imitado los modelos bizantinos pero, poco a poco, los modificaron; suprimieron los caracteres de austeridad y ascetismo -Teófanes- buscando formas más armoniosas. Ahora aparecen grandes maestros y se forman escuelas locales, Moscú, Novgorod, etc. El arte conserva su carácter religioso, pero vemos en él, de manera indirecta, el reflejo de los tormentos humanos de esta época. Este arte se acerca al hombre, expresa sus sentimientos, sus emociones, se aleja de la rutina, busca nuevas vías.En esta dirección hay que entender la creación del iconostasio -tabique revestido de iconos que aísla el santuario de la nave de la iglesia- que aparece por primera vez en 1405 en la catedral de la Anunciación del Kremlin de Moscú. El iconostasio está compuesto por varias hileras superpuestas de iconos donde figuran la Deesis, las Fiestas y los Profetas y responde a la necesidad de los fieles de ver a sus mediadores y santos, presentarse ante el trono del Todopoderoso, implorando misericordia para los mortales. El iconostasio, además de aumentar la demanda de la pintura de iconos, ayudaría a su desarrollo al considerar a cada icono como el eslabón de un conjunto complejo, contribuyendo, de este modo al perfeccionamiento de la composición. Destinados a ser vistos de lejos, los iconos tenían que destacar por la generalización de las formas. El grafismo de las siluetas sería uno de los rasgos distintivos de la pintura rusa: las figuras de la Deesis son siempre reconocibles por sus caracteres particulares, los Padres de la Iglesia se distinguen por sus casullas...Aunque los esfuerzos para unificar el país en torno a Moscú no dieron sus frutos hasta fines del siglo XV, su escuela había empezado a brillar un siglo antes -Virgen del Don- alcanzando la hegemonía con Andrei Rublev cuyo arte, marcado por un irresistible encanto, transmite a los fieles el sentimiento vivo de la presencia de la beatitud celeste -Alpatov-; Rublev alegra su imaginación, acaricia su mirada y despierta sentimientos humanos.En el icono de la Transfiguración, pintado en 1405 para la catedral de la Anunciación, en lugar de la violenta angustia y del extravío de los Apóstoles que se observa en una obra de Teófanes con el mismo tema, Rublev expresa alegría y fiesta, alcanzando los pensamientos y sentimientos de los hombres. Cristo, vestido de blanco, principal fuente de luz, se fija en un círculo, las siluetas inclinadas de los profetas se confunden con la parte superior del círculo y las tres figuras forman un rosetón.Los Apóstoles están separados de los profetas por unas colinas transparentes con espaciados arbustos. Rublev evita los contrastes brutales del claroscuro de Teófano; su icono, inundado por la luz, brilla con el más vivo esplendor. Las nítidas siluetas acentúan aún más su luminosidad. Estas particularidades, apreciables en el icono de la Transfiguración, se transformarán más tarde en las características fundamentales de la escuela de Moscú, que tiene en el maestro Dionisio a otro artista de genio; eso sí, a fines del siglo XV, cuando el Kremlin empieza a adquirir el perfil con el que lo conocemos hoy.Dionisio diseñó un arte majestuoso en consonancia con la opulencia y esplendor de la corte moscovita, hierático, sereno, sin olvidar el sentido de la nobleza y la pureza moral introducida por Rublev. Las figuras, arquitecturas y paisajes son armoniosos y a la vez elegantes, frágiles, casi inmateriales, los contornos son ligeros, apenas señalados, las tintas delicadas, transparentes, las luces doradas; todo ello ayuda a que el espectador alcance una más profunda contemplación, tal como ocurre en la Crucifixión del año 1500, pintada para el iconostasio de la catedral de la Trinidad del monasterio de San Pablo sobre el Obnora y hoy en la Galería Tretiakov de Moscú.Rublev, Dionisio y sus discípulos, entre los que se encontraban sus hijos Vladimir y Teodosio, gozaron de un reconocimiento general; después de ellos, los grandes éxitos de la pintura de iconos fueron olvidados, todo cambió.


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