Numantia (Soria)

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Datos principales

Inicio 
133AC
Fin 
476DC
Rango 
133AC to 476DC
Periodo 
Hispania romana
Lugar 
Derechos 

Desarrollo

La ciudad de Numancia ocupa la meseta de un elevado cerro de forma almendrada. Su urbanismo se estructuró en torno a dos largas calles paralelas en dirección NO-SO cruzadas por otras once, también paralelas entre sí. Por la parte occidental discurría otra calle en paralelo con la muralla. El espacio comprendido dentro del perímetro eran unas 24 Ha. No se han documentado espacios libres para plaza o foro. La trama de la ciudad es de época romana sobre un trazado originario celtibérico. En conjunto se han descubierto diecinueve calles y veinte manzanas en el total de las 11 Ha. excavadas. Numantia, la capital de los arévacos, destacó desde los mismos comienzos de la sublevación celtibérica contra Roma y su final, tras la resistencia numantina que opuso, ha trascendido a su tiempo y al contexto de la guerra contra el invasor para adquirir los rasgos de una gesta heroica con un alto contenido nacionalista. Ante la ruptura de las relaciones entre Roma y algunos pueblos indígenas -belos y titos- en el 153, tras las reclamaciones que éstos hicieran por el incumplimiento de los pactos con Tiberio Sempronio Graco, muchos de ellos se refugiaron entre los muros de Numancia. Esta ciudad se puso, así, al frente de las guerras celtibéricas y su caída, en el 133 a.C. supuso el final de las mismas. La lucha contra los arévacos y sus aliados y el asedio de Numancia duró veinte años. Publio Cornelio Escipión Emiliano el Africano menor -sobrenombre ganado tras la derrota y destrucción de Cartago-, después de haber depurado y entrenado el ejército que se encontró a su llegada a Hispania en 134, puso sitio a Numancia aislándola totalmente con varios campamentos y un cerco -una valla y un foso- de 9 kilómetros de longitud. Ante la imposibilidad de recibir refuerzos y tras quince meses de asedio, en una resistencia hasta el límite de la inanición, los numantinos se rindieron a Escipión. Los pocos supervivientes que quedaban fueron encadenados y conducidos a Roma para formar parte, junto con el botín conseguido, del desfile triunfal de las tropas y su general a lo largo del Foro de la ciudad.


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