Numancia: pasado vivido, pasado sentido

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Datos principales

Inicio 
133AC
Fin 
133DC
Rango 
133AC to 133DC
Periodo 
Celtiberia
Lugar 

Desarrollo

Por Alfredo Jimeno Martinez Dpto. de Prehistoria. Facultad de Geografía e Historia. Universidad Complutense. 28040 Madrid. INTRODUCCIÓN: OCIO, TURISMO Y ARQUEOLOGÍA El interés por el patrimonio arqueológico es creciente. La demanda y consumo del pasado es cada vez mayor. Lo que hace sólo unos años era objeto de aprecio para unos pocos, hoy lo es de un amplio sector de la sociedad. Así lo indica el incremento de las visitas a los museos y yacimientos arqueológicos. Esta tendencia en la sociedad actual hacia la consideración del patrimonio cultural y arqueológico como bien común, es la mejor base para su propia comprensión y defensa por la sociedad (Criado y González, 1993). Esta demanda está siendo encauzada a través del turismo cultural, que trata de satisfacer una de las aspiraciones de la sociedad de bienestar, como es el tiempo de ocio. Uno de esos elementos atractivos para llenar este tiempo es el encuentro con el yacimiento arqueológico y con el pasado, que se convierte así en uno de los recursos turísticos. En este sentido, el bien arqueológico tiene que competir con otros múltiples atractivos de la oferta turística (Greffe, 1990; Criado y González, 1993; González, 1996). Esto es bueno si, partiendo del estudio e interpretación científica y de la protección y conservación de los restos arqueológicos, los yacimientos sirven para proporcionar una mayor comprensión del pasado, mostrar al público otros tiempos y espacios y despertar la actitud crítica, en relación con nuestro tiempo y cultura (Criado y González, 1993). Es decir, se trata de utilizar los bienes patrimoniales como recurso cultural por su valor de uso, estético e informativo, permitiendo a través de su disfrute satisfacer necesidades y proporcionar bienestar (Ballart, 1997: 62). En este contexto social los arqueólogos tienen el deber, tanto hacia sus colegas, como hacia el público en general, de explicar qué hacen y por qué. Para cumplir este objetivo, los arqueólogos deben involucrarse en la divulgación, asegurando su apoyo en la documentación aportada por el registro arqueológico. Además la Arqueología es una disciplina que se desarrolla rápidamente y cambia constantemente; por ello es necesaria la información directa del investigador (Reynaud, 1990). En los últimos años, los arqueólogos y administraciones del Estado Español están mostrando sensibilidad hacia la necesidad de proyectar su labor y hacer el pasado comprensible, en sintonía con la demanda social, renovando totalmente el mensaje, transmitiendo ideas, conceptos, procesos y emociones (Schouten, 1987:243). Con cierto retraso respecto a otros países europeos, ya que en Inglaterra, desde 1984, English Heritage y su correspondiente en el País de Gales, como administraciones comerciales y autónomas, crearon agencias para la presentación de la Arqueología al público (Cracknell y Corbishely, 1986; Emery, 1987). También, en Francia, al quedar la Arqueología fuera de los programas escolares, se desarrolló un ambicioso programa para crear en yacimientos y Museos medios de incentivación pedagógica y de animación, en colaboración con los arqueólogos responsables de los yacimientos (Reynaud, 1990;VV.AA., 1996). EL PASADO PENSADO: NUMANCIA COMO SÍMBOLO La resistencia numantina es un referente universal de la lucha de un pueblo por su libertad o de la victoria del débil contra el fuerte; por eso ha sido utilizada como símbolo por todas las ideologías a lo largo de la Historia (Torre, 1998: 193). Tras la pérdida de la ubicación de Numancia, a partir del siglo VII, ya los Reyes de León indican que sitúan Zamora, la capital de su reino, sobre la antigua Numancia, buscando bases de identidad para su reino y la nueva ciudad en el pasado indígena. La primera reconstrucción de Numancia, de mediados del siglo XVI, es la imaginada por Lipsio (Ortego, 1967:6). A partir de la información de las fuentes literarias recrea Numancia a modo de ciudad medieval amurallada circularmente, con sus calles en retícula y un edificio central, que se asemeja a una iglesia con su torre. El cerco de Escipión, completamente circular, está constituido por una doble muralla concéntrica, que deja espacios, en medio, para los campamentos y asentamiento de los legionarios. El cerco romano queda separado de la ciudad en una de sus partes por un foso y en la otra por el río Duero, controlado por fortines de los que penden rastrillos para controlar sus aguas. La siguiente referencia gráfica, que se conoce de Numancia, es el croquis de Loperraez (1788), en el que situó los restos visibles del yacimiento, pero representando el cerro de forma circular con tres círculos concéntricos, aparentemente resaltados, que recuerdan la muralla de Numancia y las dos líneas del cerco representadas por Lipsio. La emergencia de los sentimientos y aspiraciones nacionalistas conllevó el impulso de los estudios de Arqueología e Historia, enfocados a la búsqueda de identidades nacionales en el pasado. En España estos ideales se vincularán al pasado prerromano -iberos, celtas y celtíberos-, escogiéndose aquellos episodios y ciudades destacadas por su resistencia frente al invasor, como Numancia y lo numantino, como propaganda del emergente nacionalismo liberal decimonónico, junto a Sagunto y Viriato (Ayarzagüena, 1993; Díaz Andreu, 1993; Torre, 1998:198). Estos planteamientos desencadenaron las primeras excavaciones en Numancia, iniciadas en agosto de 1803, mediante una moción que hizo el vascófilo D. Juan Bautista Erro, con un enfoque filológico, ya que se trataba de hallar restos con inscripciones que permitieran relacionar la lengua de los antiguos numantinos con la vasca. La interpretación de una de las cerámicas halladas con caracteres ibéricos, le llevó a la conclusión de que Numancia "pertenecía a una de las glorias de la nación bascongada", pues "la lengua bascongada era la general de aquellos héroes" (Erro, 1806:171 -173; Torre, 1998:196). Las ideas románticas de unidad nacional y resistencia patria se verán reforzadas a partir de 1808, como respuesta y rechazo hacia la amenaza extranjera, plasmada en la invasión francesa de Napoleón, que hará aflorar la necesidad de rescatar, nuevamente, las viejas imágenes heroicas de la Historia de España. Así, pintores, como Madrazo, desarrollaron temas sobre el pasado heroico: "El jefe numantino Megara obligando a los romanos a capitular" o "La destrucción de Numancia", que sólo llegaron a esbozarse (Arras, 1986; Reyero, 1987; Diez, 1993; Torre, 1998). Se vuelve a representar La Numancia de Cervantes en el sitio de Zaragoza, buscando la identificación con los numantinos en la heroica defensa de la patria y se crea en Soria el Batallón de Voluntarios Numantinos, a los que se les consideraba hijos de los numantinos y herederos de la misma causa en su lucha por la libertad contra un poder extranjero (Rabal, 1889; Pérez Rioja,1959; Torre, 1998:197).También será utilizada Numancia para desarrollar un sentimiento provincial soriano, que afianzara el nuevo diseño de la provincia de Soria, surgido de la reestructuración de Javier de Burgos, en 1833, que conllevó una "democratización" del vocablo Numancia, siendo empleado por todos los sorianos como un elemento histórico de identificación colectiva (Pérez Romero, 1994). En la difusión del conocimiento y la idea de Numancia tuvo gran incidencia la publicación de diferentes síntesis históricas donde se divulgaban las noticias conocidas acerca de la gesta numantina, como las de Ceán Bermudez (1832), Sumario de las Antigüedades Romanas que hay en España y el Diccionario Geográfico-Histórico de la España Antigua de Cortés y López (1836). A esto hay que añadir la influencia que ejercerán los manuales de Historia de España, como el del Padre Mariana, reeditado en 1828, que servirá de base literaria a la pintura y representaciones históricas del siglo XIX (Quesada, 1994: 37; Torre, 1998:198-200). Era práctica habitual para el Estado y la Corona durante el siglo XIX la adquisición de obras de arte que ilustrasen ideológicamente al público (Reyero, 1989:48-49). En 1856 el Gobierno de Isabel II creaba las Exposiciones Nacionales de BellasArtes, que fomentarán la pintura histórica al servicio de la Monarquía. Como tema fijo de la Academia figurará en ésta y en otras exposiciones posteriores "El Último Día de Numancia" (Torre, 1998:198-199). El paréntesis impuesto por la inestabilidad política, con la sucesión de Amadeo I de Saboya (1869-1873) y la tercera Guerra Carlista (1872-1876), hizo que el tema numantino se mantuviera ignorado hasta la Restauración de Alfonso XII (1874-1885), donde volverá a estar presente en las Exposiciones de 1876 y 1881, pintado respectivamente por Rafael Enríquez y Alejo Vera (Lam. I). Generalmente estos cuadros eran adquiridos por el Gobierno y la Corona, no por su belleza, sino por el tema escogido (Reyero, 1987; Diez, 1993). Será ahora cuando Numancia sea declarada Monumento Nacional (1882). EL PASADO ENSEÑADO: NUMANCIA COMO REFERENTE Desde comienzos de la investigación prehistórica a principios del siglo XIX, la representación gráfica del más remoto pasado jugó un papel importante al lado del "pasado narrado". Los libros co-menzaron a incluir dibujos y grabados, para ilustrar de forma imaginativa los acontecimientos escritos, creando modelos que serían repetidos durante décadas, proyectándose oficialmente la idealización del pasado (Ruiz Zapatero y Álvarez Sanchis, 1995: 217,1997:265; ÁlvarezSanchís et//alii, 1995:31). Ni el conocimiento proporcionado por los primeros trabajos arqueológicos sobre determinados yacimientos, ni los debates de la investigación sobre los pueblos de España sirvieron para cambiar de perspectiva. Un ejemplo, en este sentido, lo proporciona Numancia; así el conocimiento aportado por las excavaciones del XIX, sobre las características reales de la ciudad (Saavedra, 1877), quedó solamente en el ámbito de los intelectuales, pues a nivel general continuó manejándose una imagen idealizada. Así, Alejo Vera, aunque pinta su cuadro "El último Día de Numancia" catorce años después de las excavaciones de la Real Academia de la Historia, dota a Numancia de una muralla de grandes sillares, siendo, incluso, criticado por su falta de verismo histórico (Apraiz 1963; Torre, 1998: 199). Pero será este cuadro el que transmita la imagen de Numancia, al servir como referencia para ilustrar la mayor parte de los libros de texto y de los Manuales de Historia de España utilizados en las escuelas, a finales del siglo XIX y gran parte del XX (Torre, 1998:199). Por otro lado, la enseñanza del Patrimonio y de la Historia ha tenido en el aula una concepción elitista, ya que las obras emblemáticas del patrimonio han sido y siguen siendo las más utilizadas, con lo que más se trabaja en el aula. Casi todos hemos recibido esa concepción elitista, creando, a menudo, imágenes del pasado que sólo han existido en la mente de los ilustradores, vinculadas a una historia de grandes hazañas y grandes hombres (Ruiz Zapatero y Álvarez, 1997: 270). Mientras, las creaciones de las clases populares, los utensilios herramientas, los pequeños objetos o las soluciones técnicas para el trabajo o la vida diaria han seguido siendo olvidadas, en gran medida. No se trata de rechazar ese patrimonio emblemático, sino de avanzar hacia criterios más abarcadores de la realidad histórica: vida cotidiana, condiciones de trabajo, desarrollo tecnológico, papel de la mujer, etc. (IBER, 1994). LA RECONSTRUCCIÓN MENTAL DEL PASADO Y SU DIFICULTAD La reconstrucción del pasado se realiza a partir de los modelos que implícitamente se tienen en la mente, principalmente transmitidos en la escuela o en las recreaciones de la cinematografía y de los có-mics (Santacana, 1996; Ruiz Zapatero, 1997:285). Difícilmente se podrá trasmitir una visión diferente del pasado con la mayoría de los restos arqueológicos visitables, ya que, generalmente, se presentan materiales, estructuras arquitectónicas y sucesión de muros incomprensibles, incluso, para los propios arqueólogos. Al mismo tiempo, es frecuente presentar en los museos o exposiciones didácticas, que complementan la información de los yacimientos arqueológicos, los materiales recuperados tal y como han aparecido, aunque nada más tengamos una parte de ellos, sin proporcionar algunas referencias necesarias para su comprensión. Sirvan como ejemplo las vitrinas con pesas de telar y fusayolas, acompañadas del escueto letrero con su nombre y sin proporcionar las referencias de su posición en el telar o en el huso; al igual que las armas y útiles metálicos, generalmente desprovistos de su parte orgánica, son mostrados exclusivamente por sus hojas metálicas y por tanto desprovistas de su empuñaduras y astiles. Se hace necesario aportar los medios necesarios que evidencien la manufactura y características del objeto arqueológico, superando las transformaciones sufridas por el paso del tiempo, para hacerlos comprensibles y reconstruibles para la imaginación del visitante (Minissi y Ranellucci, 1992:35; Hernández, 1994: 74-76). Los arqueólogos mostramos los hallazgos y trabajos en clave exclusivamente arqueológica, como estamos acostumbrados a leerlos o interpretarlos. Este panorama termina haciendo la visita a los museos y yacimientos, frecuentemente, incomprensible y, por lo tanto, aburrida. Esto explica que sean los conjuntos monumentales que han llegado hasta nosotros en un estado excepcional de conservación, los que pueden ser comprendidos, como ocurre con Pompeya; pero en este caso no hay que olvidar que su presentación actual es el resultado, en gran medida, de reconstrucciones más o menos afortunadas llevadas a cabo en el siglo pasado (Santacaña, 1996: 8). Otro aspecto a valorar, para la presentación de la comprensión de la Arqueología, estriba en que el mundo que muestra y reconstruye, casi siempre, es un mundo rural, es decir el que corresponde a las sociedades cazadoras-recolectoras o agropecuarias. Esto choca con la transformación que ha sufrido la sociedad en los últimos años, pasando de una sociedad eminentemente rural a otra mayoritariamente urbana. Pero además, en el medio rural actual la influencia urbana es muy fuerte, porque sus gentes desarrollan una mentalidad urbana, ya que permanecen más tiempo en contacto con elementos urbanos, a través de la televisión, vídeo, internet, etc., que con los esencialmente rurales. Como consecuencia de esto, una gran parte de la población, sobre todo los más jóvenes, carecen de referencias e imágenes sobre el funcionamiento de las sociedades rurales: los modos de vida, las actividades artesanales, el utillaje y sus transformaciones, los sistemas de cultivo, el concepto de tiempo y espacio (Santacana, 1996:10). EL PASADO COMO EXPERIENCIA VIVIDA Elección de un yacimiento para su puesta en valor La elección de un yacimiento arqueológico para su acondicionamiento y puesta en valor no se debe contemplar únicamente desde la perspectiva de los monumentos, fáciles exponentes por sus características y valor artístico de atracción turística -la exigencia de monumentalidad de los sitios a visitar es consecuencia de la Arqueología Clásica del XIX y principios del XX-. Los yacimientos arqueológicos, por el contrario, sin desechar la monumentalidad y facilidad de comprensión, deben de ofrecer aspectos de la vida cotidiana y rural, ya que de otra manera estaríamos condicionando el conocimiento de amplias partes del patrimonio arqueológico al gran público (Reynaud, 1990: 37). En esta elección debe de atenderse también el impacto sobre el público y su rentabilidad (tanto cultural, como económica). Las bases de elección a su vez pueden ser cambiantes y políticas: a la monumentalidad se opone la muestra de una arqueología más cotidiana y rural (así no quedarían marginadas amplias partes del Patrimonio Arqueológico al gran público); a la facilidad de comprensión, la complejidad y la riqueza diacrónica de un sitio, lo que conlleva un mayor esfuerzo en el acondicionamiento para ayudar al visitante a cubrir su curiosidad y responder a sus preguntas. Cada vez se valoran más aspectos integradores, como facilidades de acceso y visita, o la relación del sitio elegido con la potenciación integral de una zona o región, en el desarrollo de una política de turismo cultural (Reynaud, 1990; Pearce, 1990; Brandt, 1992). Museos al aire libre y espacio vivido La dualidad esencial, que ahora se debate, por una parte pretender dar vida a la historia de manera amena y ajustarse por otra a la autenticidad y a los datos científicos, está presente ya desde los primeros museos al aire libre (Cleere, 1984; Pearce, 1990; Reynaud, 1990, Brandt, 1992; Darvill, 1995; Ruiz Zapatero, 1998). Estos museos son los antecedentes de los parques arqueológicos actuales. Estuvieron inicialmente influenciados por las Exposiciones Universales del siglo pasado, realizadas en París, en 1867 y 1878, donde varios países utilizaron la reconstrucción de casas tradicionales como continente o marco para difundir sus productos típicos. Destacaron los edificios de las colonias francesas y las colecciones etnológicas suecas, que fueron presentadas porArtur Hazelius creando interiores colmados de figuras con atuendos tradicionales, formando cuadros vivos de la vida popular, que le serviría de base para el montaje del primer museo al aire libre, el Skansen, presentado en 1890. También Holanda reprodujo la sala de una casa de la ciudad frisona de Hindeloopen, que fue contemplada con admiración por Bernhard Olsen, fundador después del museo danés de Lyngby, manifestando que a diferencia de lo que ocurría con la exposición sueca la experiencia aquí es vivida, "así que hube penetrado en la sala comprendí que era la forma de organizar un Museo Popular", ya que "la impresión de hallarse dentro de la sala era más importante que el problema de la autenticidad de la arquitectura" (Jong y Skougaard, 1992:153). Los primeros museos al aire libre pretendían preservar una identidad que se veía amenazada por una serie de profundos cambios, como consecuencia de la industrialización y urbanización, que provocó la emigración hacia las ciudades, la pérdida de las viejas tradiciones en el crisol de las grandes ciudades, la agresión contra la belleza del paisaje y posteriormente contra la arquitectura rural. Esta reacción conllevaba la idea de que las raíces de un pueblo están en la comunidad rural lo que condujo a relacionar las tradiciones rurales con la identidad nacional. Esta situación hizo brotar una serie de museos al aire libre en los países nórdicos, como el Skansen de Suecia (1891), el del Pueblo Noruego (1899, 1897), el danés de Lyngby (1901), el Arnhem de los Países Bajos (1912), el Beamish en Gran Bretaña; así como, en Finlandia y Norte de Alemania (Atkinson, 1987; Jong y Skougaard, 1992:154; Shafernich, 1994; Santacana, 1995:100). Este fenómeno no se produjo en el Mediterráneo o Sur de Europa. Probablemente en ello tuvo mucho que ver el peso, en esta zona, de la tradición histórica del mundo clásico greco-romano, con la que se vinculaba un pasado esplendoroso y monumental, muy diferente del medio rural preindustrial. Además, los materiales empleados en la construcción, piedra y barro, hacían los edificios menos transportables (Jong y Skougaard, 1992:155). Los cambios radicales ocurridos en España y Europa: la configuración de una España descentralizada, la Unión Europea, la Europa de las regiones, la inmigración de trabajadores extranjeros, son aspectos que han llevado a plantear de nuevo los problemas de identidad. Todo ello contemplado bajo una nueva valoración del Patrimonio Histórico, como bien de disfrute común y en la necesidad de entender el pasado en la dinámica de la interrelación grupo humano-medio. En este marco la puesta en valor de yacimientos arqueológicos tiene la finalidad general de defender, proteger y difundir el Patrimonio Arqueológico, poniéndolo a disposición de la sociedad para que lo disfrute (Pierdominici y Tibali, 1988; Querol, 1993; García y Caballero, 1993; Morales, 1999). Pero cada yacimiento debe valorar, inicialmente, sus características esenciales y a partir de este potencial desarrollar unos fines y objetivos específicos, que son los que le darán su peculiaridad y personalidad. Se pueden plantear diferentes objetivos: exhibir, impresionar y entusiasmar, intrigar, enseñar técnicas básicas, promover la acción, ilustrar un proceso, informar y estimular la toma de conciencia (Ruiz Zapatero, 1998). Generalmente, cada yacimiento o parque arqueológico contempla todas, in-terrelacionadas en mayor o menor medida de acuerdo con sus fines. No obstante, hay yacimientos o parques arqueológicos que están más concebidos para la contemplación, la información o la didáctica (¿cómo se hace?, ¿cómo funciona? o ¿qué significa?), aunque todas ellas puedan darse juntas (García y Caballero, 1993). Se debe contemplar qué se va a enseñar o transmitir y, también, "para quién" o "a quién", pudiendo coexistir distintos programas de comunicación. Así, la información para los visitantes, en general, es compatible con la práctica didáctica para grupos escolares y actividades experimentales, que intenta reproducir condiciones de vida y de trabajo, para grupos determinados (García y Caballero, 1993). NUMANCIA: HACIA UNA ACTUACIÓN INTEGRAL Este yacimiento, que mantuvo siempre un aspecto indígena rural frente a la monumentalidad más difundida, ofrece unas características idóneas para llevar a cabo un proyecto de puesta en valor (Jimeno et alii, 1990), ya que a la amplia difusión y conocimiento de su gesta histórica se une su situación cercana, solamente a 7 Km, a una capital de provincia como Soria y el paso de una carretera nacional como es la de Madrid a Logroño, con un acceso fácil, ya que la carretera asfaltada llega hasta el mismo yacimiento. Las excavaciones a lo largo del siglo XIX y, sobre todo, las de la Comisión de Excavaciones, desde 1906 a 1923, pusieron al descubierto el trazado de dos ciudades, una más antigua celtibérica y sobre ella otra posterior, de época romana, acomodada a la estructura de la anterior (VV.AA, 1912; Mélida y Taracena, 1924; Jimeno el alii, 1990). La amplia superficie excavada, unas seis hectáreas (algo más de la mitad de la ciudad) permite conocer el trazado urbanístico de ambas. La conservación de esta superficie tan extensa supuso a lo largo de los años un problema insuperable, ya acusado, desde un primer momento, por la Comisión de Excavaciones que, como comenta Mélida (1922:188), se vio obligada a cubrir con tierra los hondos huecos abiertos entre los muros romanos (se había levantado "el postizo romano" para descubrir la ciudad celtibérica), dejando sólo visible su parte superior "para evitar la destrucción completa de lo descubierto y conservarlo". Este problema de conservación conllevó a lo largo de los años el abandono progresivo de Numancia, provocando el desánimo y desolación de los numerosos visitantes que se acercaban a este simbólico yacimiento. Esta situación sensibilizó a los arqueólogos y a la Junta de Castilla y León, para poner en marcha, a partir de 1994, un Plan Director, que apoyado en la investigación arqueológica y la revisión de las excavaciones antiguas, ofreciera a los visitantes la contemplación de aquellas estructuras urbanas recuperables (Fernández y Val, 2000), que a través de un itinerario de visita, proporcionaran una comprensión de la ciudad. Este plan tienen como misión coordinar el conjunto de actuaciones (conservación, restauración, junto a las de investigación, didáctica, difusión e infraestructura general) a acometer en este yacimiento para dotarlo de la imagen, adecentamiento, conocimiento y proyección social. Es evidente que la revalorización de un yacimiento arqueológico pasa por sus posibilidades de presentación al público y de la infraestructura con que se le dote. Pero además, es conveniente contemplarlo en el marco de una política de potenciación general de su territorio, con las implicaciones económicas correspondientes en las poblaciones próximas (Garray y Soria) y la generación de infraestructura necesaria; pero también en un entorno más amplio al estar en la puerta de acceso a la zona del Valle, a los puertos de Piqueras y Oncala, y a la comarca de Tierras Altas, zonas de gran valor paisajístico, ecológico y paleontológico (ruta de las icnitas de dinosaurio, entre Soria y La Rioja). Atendiendo a estas consideraciones, se desarrolla la política de intervención que se está siguiendo en Numancia, tanto en los campos de la investigación y conservación como en el de la difusión. La investigación es la base de conocimiento esencial del yacimiento arqueológico, a la que se supeditan las demás actuaciones. La excavación arqueológica está enfocada, por un lado, a la solución de los problemas que tiene planteados Numancia, en el contexto del mundo celtíbero-romano y, por otro, al conocimiento e interpretación adecuada de las estructuras urbanas, contemplando la posibilidad de su conservación y reconstrucción para la presentación al público. La investigación se inició con la excavación de la necrópolis celtibérica de Numancia y de los sistemas de defensa; así como la revisión de las excavaciones antiguas. Esta actividad, a través de la Arqueología de Campo, con actuación directa sobre el yacimiento, a lo largo de los meses de julio y agosto, ofrece una ampliación del marco didáctico de la ciudad, posibilitando una perspectiva completa de la actividad arqueológica y de su proceso. Pero además la excavación de la necrópolis celtibérica ha aportado una información básica para la comprensión de la organización socio-económica de los númantinos, y la documentación de los diferentes recintos habitacionales nos permitirá conocer aspectos importantes de su evolución urbanística, lo que redundará en una mejor comprensión de Numancia y en unas mayores posibilidades para la didáctica y presentación al público. En el campo de la conservación y difusión se intervino inicialmente para el acondicionamiento de las zonas más significativas del yacimiento, en renovación permanente; en segundo lugar se puso en marcha un plan didáctico de visita de carácter informativo. En un primer momento, aprovechando la rehabilitación de las casas, construidas a principio de siglo para la familia del Guarda y para apoyo de los trabajos de la Comisión de Excavaciones Arqueológicas, que se encontraban en estado ruinoso, se acometieron una serie de actuaciones encaminadas a proporcionar una información básica a los visitantes. Estos llegaban atraídos por la historia del yacimiento y sacaban la nefasta impresión de que solamente se veían hierbas y algunos muros. Así la casa del Guarda (Lám. II) se destinó a recepción y a instalar una exposición permanente, que proporcionara una visión sobre la historia y evolución de la ciudad, desde las primeras ocupaciones prehistóricas hasta la época medieval. Está organizada en banda corrida con doce textos acompañados por dibujos, fotos, planos, esquemas y reconstrucciones. Como elemento esencial para la comprensión de los restos arqueológicos, se articula un itinerario de visita, ordenando y seleccionando doce puntos en la estructura urbana de la ciudad. La reducción de la visita a estos puntos vino condicionada por la imposibilidad económica y técnica que presenta el tratamiento, recuperación y mantenimiento de toda la superficie descubierta. Éstos doce puntos fueron reexcavados y limpiados y, posteriormente, cubiertos con una malla geotextil que aísla el suelo e impide que la vegetación altere las estructuras arqueológicas, todo ello oculto bajo una capa de grava, que facilita el drenaje y posibilita una mejor delimitación y visualización de las estructuras constructivas. En cada uno de estos puntos se instalaron paneles-atriles con un breve texto explicativo, dibujos de plantas, reconstrucción de las estructuras y casas, que ofrecen una información sobre los diferentes aspectos urbanísticos y constructivos. Para seguir este itinerario el visitante recibe en recepción un tríptico-guía con el plano de la ciudad, donde se relacionan los doce puntos a visitar, acompañados de dibujos y reconstrucciones, con una breve explicación de cada uno de ellos. Uno de estos puntos está dedicado a uno de los aspectos de mayor interés para los visitantes, como es la explicación y visualización espacial del cerco romano de Escipión, para lo que se cuenta con una mesa de cemento, instalada en 1976, con la posición y orientación topográfica de los campamentos, que están señalizados con hitos blancos para su visualización desde Numancia (Lám. III). El cerco escipiónico, así como los campamentos de La Atalaya de Renieblas (utilizados por los generales romanos anteriores a Escipión) es el vehículo importante para ofrecer una visión de Numancia integrada en su entorno paisajístico, por lo que se está acondicionando un itinerario o recorrido en torno a Numancia, que ofrezca al interesado la posibilidad de visitar y ampliar los conocimientos ambientales, naturales (mostrando los cambios del paisaje por la acción antrópica) y arqueológicos de la zona, sobre todo el recorrido y reconocimiento de la topografía de los siete campamentos del cerco escipiónico y el de La Atalaya. Con esta actuación se pretende también imbricar el Patrimonio Arqueológico con el Natural, lo que conlleva superar la mera contemplación de un sitio arqueológico como testigo mudo del pasado, para observarlo dentro de un marco espacial, lo que permite superar la mera visión estática por una perspectiva dinámica. Recientemente, la presentación inicial del yacimiento al público se realiza a través de un vídeo y CD ROM, con reconstrucciones en 3D y montaje cinematográfico con efectos especiales, que proporciona al visitante las claves necesarias sobre la historia de la ciudad y las características constructivas y una referencia básica para una mejor comprensión del itinerario de visita y del conjunto de la ciudad. El visitante puede seguir el itinerario a través de la información de los paneles, pero también tiene la opción de realizar una visita guiada acompañado por Guías-Arqueólogos, becados por la Fundación Duques de Soria, que muestran a los visitantes la ciudad y los introducen en la práctica de actividades de la vida cotidiana celtíbero-romana, a través de un proceso progresivo de información, documentación y participación activa del público en actividades de molienda o textiles. Para ello se han reproducido molinos y telares verticales, sobre los que se explica su funcionamiento y manejo, así como los productos que molían y con los que tejían. También el yacimiento dispone de un libro-guía, editado en colaboración con la Asociación de Amigos del Museo Numantino, que ofrece al visitante el marco necesario para poder entender no sólo los aspectos de la cultura material, sino el proceso histórico de la ciudad en el contexto del mundo celtibérico y romano. Otro plano de la difusión se realiza a través de la [Escuela Arqueológica#CONTEXTOS#12615] (en colaboración con la Universidad Alfonso VIII de la Diputación de Soria), dirigida a chicos de 9 a 13 años, a los que se ofrece, a lo largo de cuatro semanas, la posibilidad de seguir y participar en el proceso arqueológico. De forma práctica se les pone en contacto con la investigación arqueológica y con la realización de prácticas artesanales antiguas, como molienda, fabricación y cocido de pan, forja del hierro, actividad textil y elaboración de cerámica, como vehículo de aproximación a la forma de vida celtibérica. Este trabajo con los niños ha sido un medio importante para cambiar la idea, que la sociedad próxima al yacimiento tenía, justificadamente, de Numancia, como algo abandonado y en la que solamente se veían piedras y hierbas, ya que los niños han sido los mejores transmisores hacia los mayores de las posibilidades que ofrecía este yacimiento arqueo-lógico (Lám. IV). Reconstruir para comprender El itinerario establecido inicialmente está en constante renovación y mejora, procurando aportar con las sucesivas actuaciones una mejor comprensión de los diferentes puntos de visita, a lo que contribuyen las reconstrucciones realizadas en los dos últimos años. En este sentido, hay que tener en cuenta que los restos arqueológicos, descubiertos en las excavaciones de principios de siglo, correspondientes a viviendas y edificios, conservan únicamente algunas hiladas del arranque de sus paredes. Transmiten sólo una visión plana u horizontal, que dificulta su comprensión, al carecer de las referencias de altura y volumen y, por tanto, de espacio, que es el que aporta la verdadera dimensión para que la experiencia pueda ser vivida. Para comprender estos restos de casas era necesaria la reconstrucción de algunas, que sirviera de referencia para las demás. Por otro lado, la existencia de dos ciudades superpuestas ha permitido el levantamiento de dos casas, de distinta época, que facilitan la comprensión de dos espacios domésticos y el establecimiento entre ellos de semejanzas y diferencias. Estas reconstrucciones se han realizado a partir de la información arqueológica disponible, contrastada con otros yacimientos celtibéricos. A su vez, se han realizado análisis para conocer la composición y procedencia de los materiales empleados en la construcción (piedra, adobes, madera), complementados con la información recogida para la reconstrucción ambiental. Los problemas fundamentales en este tipo de reconstrucciones arqueológicas vienen dados por el desconocimiento de la solución de alturas, cubiertas y ventanas. Para solventarlos ha sido necesario, a partir de la información arqueológica, utilizar los recursos etnográficos y el asesoramiento de artesanos o gentes que han mantenido las técnicas tradicionales de construcción y que han trabajado en coordinación con los arqueólogos, experimentados en este tipo de reconstrucciones (Jimeno et alii, 2000). La casa de época celtibérica Las excavaciones de Schulten, realizadas en 1905, proporcionan la documentación más completa de una serie de casas celtibéricas de la ciudad antigua. Se han reconstruido dos de estas casas, que comparten medianería, aunque solamente una se ha acondicionado para la visita. Según la información y los dibujos de Schulten las casas son de planta rectangular, de 12 m de largo, divididas en tres estancias y pegada su pared posterior a una muralla, de 6 m de grosor. Pero los trabajos de limpieza e investigación, previos a la reconstrucción, permitieron conocer que las casas y la muralla quedaban separadas, ya que lo que el investigador alemán había interpretado como una potente muralla de 6 m correspondía en realidad a una pequeña acera, una estrecha calle de ronda y una muralla de 2 m de grosor. La base de las casas era de piedra, realizada con grandes cantos rodados, que forman parte del con-glomerado terciario que constituye la base del cerro, sentados por su cara plana, o bien, si están cortados y ligeramente labrados, dispuestos en dos filas por hilada y recibidos con barro, con espesores en torno a los 0,45 m. El recrecido de las paredes era de postes de madera y gruesos adobes de forma paralelepipédica. bien documentados en Numancia. Algunos adobes conservaban por la cara que estuvo dispuesta al interior una capa de enlucido de tierra y cal, como el que se ha utilizado para el recubrimiento de las paredes. La madera -vigas quemadas- más frecuente aparecida en las excavaciones es de pino y roble. En la reconstrucción se han empleado este tipo de maderas, trabajadas a mano y con azuela; así como enebro y chopo, cuya existencia conocemos por los análisis polínicos. Las cubiertas sabemos que eran vegetales, ya que no se ha encontrado un solo resto de teja. A esto hay que añadir la referencia de Estrabón, de que los iberos cubrían con ramaje sus casas. Atendiendo a esta información, la cubierta se ha reconstruido con gavillas de paja de centeno, sistema que todavía se utiliza, en algunos pueblos de la zona, para techar las majadas o encerraderos de ganado. Para esa tarea se ha contado con una persona que continúa realizando este tipo de cubiertas a la manera tradicional (Lám. VA). Las casas tenían un corral con un pequeño cobertizo para los animales y tres estancias, como vivienda. A la primera se accedía desde la calle y en ella se hallaban los molinos circulares de mano, para la molienda de bellotas y cereal, y el telar, para fabricar las prendas de vestir. A través de una trampilla abierta en el suelo se bajaba a la bodega o cueva. La habitación central con el hogar en el suelo era el centro de reunión familiar, donde se comía y dormía, reclinados en los bancos corridos, construidos contra la pared, o sobre una estera en el suelo. La despensa, situada al fondo, servía para guardar alimentos y los útiles agrícolas (Lám. V B). La cueva o bodega es uno de los departamentos típicos de la casa celtibérica, Cada casa tenía una, al menos. Están excavadas en el manto natural, ahondando en él 1,5 m ó 2. Son rectangulares o cuadradas y se utilizaron para guardar provisiones, pues al fondo y en los ángulos, o alineadas junto a las paredes, es donde se hallaron tinajas y vasijas de todo género. No obstante, algunas cuevas debieron tener otros usos no domésticos. El tramo de muralla celtibérica También se ha levantado un tramo de la muralla, de unos 30 m de largo, separada de las casas celtibéricas reconstruidas por una estrecha calle. Su anchura es de 2 m. Consta de una base de piedra con relleno central hasta 3,5 m de altura, para rematar en un parapeto de adobe de 40 cm de ancho, por 1,5 m de altura, reforzado con postes de madera, que deja un pasillo de ronda (Lám. VI). Esta reconstrucción del cierre defensivo, como elemento delimitador de la ciudad, ofrece a los visitantes una referencia básica para comprender los límites del espacio urbano. La vista desde la altura de la muralla proporciona una perspectiva nueva, pudiendo contemplar sus características defensivas y su control del espacio, así como la perspectiva del yacimiento y su trazado urbano. La casa de época romana La Comisión de Excavaciones encontró enormes dificultades para diferenciar, dentro de las manzanas, dónde acababa una vivienda y empezaba otra, pues los espesores de los muros no eran siempre determinantes, ni tampoco la disposición de las diferentes partes de la vivienda. No obstante, consiguió interpretar adecuadamente algunas, de las cuales se ha seleccionado una de la manzana cinco. Se trata de una de las casas más frecuentes, que mantiene muchas de las características constructivas anteriores, como las paredes de piedra, apenas sin trabajar. Estaban realizadas con sillarejos desigualmente labrados, recibidos con barro y dispuestos en dos hiladas o caras en los muros más gruesos, de unos 60 a 70 cm de espesor; siendo sencilla en los más débiles, que miden 30 ó 40 cm. Las excavaciones solamente han documentado tejas romanas, en zonas parciales, como en el barrio sur y algún edificio de corte romano. Por lo general, las casas, realizadas en piedra, estaban cubiertas, como en la ciudad celtibérica, con techumbres vegetales, pero se conoce el empleo de lajas de piedra para pequeñas construcciones adjuntas, como el horno de pan (Lám. VII A). También se han documentado algunos espacios empedrados utilizados para cuadras o patios, pero los pavimentos más generalizados son de tierra apisonada. Los enlucidos más frecuentes son de tierra y cal, aunque se conocen trozos pintados de color rojo, característico de la decoración clásica, y aún de otros colores y con adornos. La casa reconstruida conserva el umbral de la entrada desde la calle, con los huecos de los quicios para el ajuste de una puerta de doble hoja, que daba acceso a un patio abierto, en el que se aprecian los restos de un supuesto depósito de agua y la estructura semicircular del horno de pan. Desde aquí, a través de un pequeño vestíbulo, destinado a tareas de molienda y tejido, se pasa a la cocina con mesa, bancos corridos, hogar elevado y boca del horno de pan. A ella se abre una pequeña habitación ciega o alcoba, con su cama para dormir. A su vez, el vestíbulo permite el acceso a otra habitación dormitorio y desde ésta se pasa a la cuadra-granero, donde se guardaban los aperos agrícolas, que comunica con pequeño corral exterior para los animales (Lám. VII B). Implicación de la sociedad: actuaciones en Garray (Soria) Uno de los problemas que desde el Plan Director se acusó, en los primeros momentos de su puesta en funcionamiento, era la nula implicación que Numancia tenía en su entorno social inmediato. Esta implicación se ha plasmado ya en la realización de un Aula Arqueológica en el pueblo de Garray, dedicada al tema monográfico del Cerco de Numancia, promovida por el Ayuntamiento, con la ayuda de Proynerso y la colaboración de la Junta de Castilla y León y Patronato de Turismo de Soria. El Aula Arqueológica Dos Culturas enfrentadas El Aula Arqueológica está instalada en las antiguas escuelas de Garray, que de esta manera mantienen su capacidad de enseñar una parte singular del legado histórico (Lám. VIII superior). El Aula consta de dos salas en las que se han recreado las dos culturas o mundos enfrentados: el numantino o celtibérico, que ocupa la primera, y el romano, instalado en la segunda. Ambos aparecen separados simbólicamente por la recreación de la muralla (vallum) del Cerco Romano, que es necesario atravesar para pasar de un espacio a otro. Sala Celtibérica Esta Sala, que recrea el mundo militar y funerario, está presidida por el ejército numantino, que dejando atrás la muralla de la ciudad se dirige al asalto del Cerco. La maqueta, que ocupa el centro de la sala, y los diferentes paneles permiten conocer las características topográficas de Numancia y del Cerco Romano, así como la manera de hacer la guerra y su importancia en el mundo celtibérico. Finalmente, a través de la muralla se puede penetrar en el ritual funerario del guerrero celtibérico. Antes de atravesar la muralla de estacada de madera, que simboliza el Cerco Romano, un guerrero numantino ofrece sus armas como ayuda para pasar al otro lado (Lám. VIII inferior). Sala Romana Esta Sala, que recrea el mundo militar de la época, está presidida por una gran escena que simula al ejercito romano defendiendo el Cerco, que deja atrás un campamento, simbolizado en la reconstrucción de un barracón de legionario, al que se puede entrar y saludar a su ocupante, para ver su vestido y armamento. Los paneles explicativos amplían esta información sobre la milicia romana. La maqueta del centro de la Sala reproduce en detalle los aspectos más destacados de uno de los campamentos romanos del Cerco y un video aporta la información necesaria para conocer las características de las legiones romanas y sus movimientos tácticos. Un panel final explica la leyenda y realidad de la cuida de Numancia después de veinte años de en-frentamiento y once meses de asedio, que la convirtieron en mito y símbolo de la lucha de un pueblo por su libertad Escenificación popular La inauguración del Aula Arqueológica, en julio de 1999, y la participación del grupo de legionarios romanos L"g/0 IV Macedónica supuso un acicate para que los habitantes de Garray decidieran vestirse de celtíberos y tuviera lugar, en el yacimiento de Numancia, la primera representación, un tanto espontánea, de un episodio de las Guerras Numantinas, que tuvo gran éxito al convocar a más de 1500 personas. Esta participación del pueblo, unos 200 actores, se ha repetido por segundo año, contando con una mejor infraestructura, tanto en el ámbito de dirección escénica (a cargo de la Productora El Mirón), como de espacio y graderío para la disposición del público, superándose todas las previsiones, ya que han asistido más de 2 000 personas con gran acogida en los medios de comunicación. Esta repre-sentación que se consolidará en los años sucesivos, además de constituir un marco de integración del pueblo con su historia vivida, es previsible que se convierta en un elemento importante de la proyección de la historia de Numancia y del mundo celtibérico. VALORACIÓN Y CONSIDERACIONES FINALES Este Plan Arqueológico iniciado en Numancia a partir de 1994 cuenta ya con estudios de impacto de público (Zurinaga, 1999) y encuestas oficiales realizadas por la Junta de Castilla y León (están pendientes de la entrega definitiva) que nos permiten adelantar una valoración e incidencia de las actuaciones realizadas en el yacimiento, que en el año 1999 ha recibido a 50 871 visitantes (Fig. 3 A). El estudio de público se planteó para conocer el perfil del visitante de Numancia, la valoración que éste hacía del yacimiento, la motivación de la visita, la capacidad de conocimiento y la aprehensión de lo visitado, así como su rentabilidad social y económica (Zurinaga, 1999:209). Este trabajo se realizó en los dos primeros años de funcionamiento del Plan Director, 1994 y 1995. Se acusa, a partir de 1993, un incremento lento pero progresivo de visitantes, coincidiendo con el impacto que tuvo en los medios de difusión el descubrimiento de la necrópolis celtibérica, el inicio de las primeras actuaciones en el yacimiento y la disponibilidad de Guías-Arqueólogos; todo ello unido al incremento que se empezaba a acusar en ese momento del turismo interior y del turismo cultural (Zurinaga, 1999:211) . La incidencia de visitantes muestra de forma genérica a lo largo de visita de las reconstrucciones de las casas (las encuestas valoran muy positivamente este tipo de actuación) y el inicio de las representaciones escénicas de las Guerras Numantinas. El visitante de Numancia -ubicada en un foco secundario de turismo como es la provincia de So-ria- es tanto turista de tipo residencial y sedentario, que acude cíclicamente a Soria en periodo vaca-cional por lazos familiares u opciones personales, como de tipo itinerante o de hotel que conlleva desplazamientos continuados, siendo una de las escalas Soria junto con Numancia. Los focos de origen más frecuentes son además de Soria, Madrid, Cataluña y País Vasco, es decir flujos centro y norte-noreste, respondiendo a su ubicación geográfica y a las zonas mejor comunicadas con Soria y Numancia, beneficiándose de la proximidad a Soria y del paso por Garray de la N-111, que pone en comunicación el centro con el norte peninsular (La Rioja, Navarra y País Vasco) (Zurinaga, 1999: 215). Hay que tener en cuenta que el turismo satisface en la sociedad actual algunas de las mayores as-piraciones del estado de bienestar, como es el tiempo de ocio (vacaciones, jubilación, fin de semana, etc.). Este interés creciente por el Patrimonio Histórico y Arqueológico puede y debe de ser encauzado hacia la rentabilidad económica y/o social (Criado y González, 1993; Pardo, 1993; González, 1996). Pero si queremos que nuestro rico Patrimonio Cultural pueda ser valorado adecuadamente y ofrezca una rentabilidad social y/o económica, es necesario elaborar el producto; es decir, invertir en su acondicionamiento para que pueda ser luego demandado. Pero para que este producto atractivo sea además rentable, son necesarios otros dos factores: que éste sea bueno y que tenga una adecuada gestión (Pardo, 1993). De acuerdo con estas orientaciones se están enfocando las actuaciones en Numancia, ofreciendo en los últimos años una oferta mejor presentada (más entendible) y más diversificada, que llegue a un número más amplio y variado de personas, ya que la atracción que representa la visita al propio yacimiento (con las estructuras reconstruidas y el vídeo en 3D), se ha visto enriquecida por el acceso al Aula Arqueológica de Garray, dedicada monográficamente al Cerco de Numancia. A su vez, a los niños de 9 a 14 años se les ofrece la participación en la Escuela Arqueológica de Numancia, a la que asisten 400 alumnos (meses de julio y agosto). A esta oferta hay que añadir la posibilidad de recrear y vivir la propia historia a través de la participación con el pueblo de Garray en las representaciones de las Guerras Numantinas, con la actuación de 200 personas y la asistencia de más de 2 000 espectadores, en el último año. A los especialistas e interesados en el mundo celta y celtíbero están destinados los Cursos de la Fundación Duques de Soria sobre Numancia, a los que han asistido más de 100 alumnos, con la participación de más de 30 profesores españoles y extranjeros. Numancia además es un gran centro de actividad arqueológica y de formación de alumnos en la práctica arqueológica, a través de la incorporación de unos 60 alumnos a los trabajos de excavación, que se realizan anualmente. Este conjunto de actuaciones conlleva la implicación laboral para unas 25 personas de forma fija o temporal, realizando trabajos de vigilantes (3 permanentes y 2 de apoyo en Numancia y 1 permanente en el Aula), de guías (1 permanente y 3 temporales), de artesanos y profesores de la Escuela Arqueológica (3 profesores y 4 artesanos temporales). A estos empleos hay que añadir los implicados en las empresas que trabajan en Numancia para su mantenimiento, a cargo de Arquetipo, y Areco que ha reconstruido las casas y acondicionado el itinerario, que suponen empleo temporal para otras 7 personas. Debe contarse también con el aporte que los visitantes de Numancia representan para los tres restaurantes y hostales que funcionan en Garray. Numancia empieza a ser un pequeño embrión de desarrollo en su entorno inmediato, lo que tiene una mayor importancia en una zona marginal como es la provincia de Soria, cuyas posibilidades de desarrollo, dadas sus características, están vinculadas a la oferta de su territorio como lugar de esparcimiento. Todo ello en la dinámica del ocio cultural, en la que deben de jugar un papel predominante de forma integrada su riqueza histórica (en la que interviene de modo importante el patrimonio arqueológico) y natural-paisajística unida a los demás recursos. Por tanto, la puesta en valor de los yacimientos arqueológicos requiere una buena elaboración. Para ello no basta sólo el esfuerzo que la Administración Autonómica (es la que realiza la mayor aportación),la Diputación Provincial, a través del Patronato de Turismo, y el Ayuntamiento de Garray están realizando en los últimos años, muchas veces con ayuda de fondos europeos (en el caso de Numancia, a través de Proynerso) o la Fundación Duques de Soria. Cada vez es más necesaria la implicación decidida de la iniciativa privada que, en el caso de Numancia, se ha iniciado tímidamente con la participación de empresas como Renault o la inmobiliaria soriana Hercesa y en ocasiones de Caja Duero y Caja Rural. Pero esto es sólo un punto de arranque para desarrollar iniciativas de cara al futuro, buscando una gestión ágil y dinámica que sepa aprovechar adecuadamente las posibilidades que ofrece este yacimiento para generar los fondos ne-cesarios que reviertan en su conservación, mejora constante y renovación de conocimientos a través de la investigación, acorde con lo que demanda la sociedad. BIBLIOGRAFÍA ÁLVAREZ SANCHÍS, J.; HERNÁNDEZ, D.; MARTÍN, M.mD. (1995): "Prehistoria e Historia Antigua en la enseñanza secundaria. Tradición e innovación en los textos escolares". IBER. Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia, 6: 31-38. APRAE, R. de (1963): "El cuadro de Alejo Vera". Celtiberia, 26: 240-242. ARRAS, J.E. (1986): Los orígenes del fenómeno de la pintura de historia del siglo XX en España. Academia, 62, Madrid. ATKINSON, E (1987): "El Museo al Aire Libre de Beamish". Museum, 155: 132-138. AYARZAGÜENA, M. 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